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Entrevista a Rosendo García

REVISTA EXTRA - AÑO II - Nº 2 - JUNIO 1966

REPORTAJE A UNA TUMBA ABIERTA



Horas antes de que una bala le perforara la espalda y el corazón, Rosendo García pasó media tarde en nuestra redacción. Fue convocado para un reportaje. Era el primer nombre serio que el peronismo (sector Vandor) proponía como candidato a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. El país fue revisado de pe a pa. Rosendo García, que terminó dando la vida por Vandor –mientras muchos peronistas no la dan por Perón pese a que lo proclaman como eslogan- no sabía fingir y sus respuestas rasgaron el firmamento así como la muerte rasgó una vida útil. El reportaje “al candidato”, ya no existe. Murió con él. El “reportaje a la muerte estúpida” está aquí. Dibuja a Rosendo García y nos acribilla de dudas sobre el futuro argentino. Es esto.


“Perdóneme la demora Neustadt; estábamos con un tema bravo en el sindicato. Vivo casi allí en estos días...”, me dijo Rosendo García disculpándose por la tardanza. Lo miré. Tenía “cara de Avellaneda". Andar de barrio. Imagen de “muchacho que se hizo solo”. De los que “no fallan”. Acaso por eso, cuando en la noche de la tragedia, Vandor le musitó: “atrás hay cuatro tipos que no me gustan”, Rosendo se dio vuelta y justo vio que “los cuatro tipos”, sacaban de sus portafolios los revólveres duros. Entonces, urgente, AMIGO, le dio un tremendo empujón a Augusto, y éste cayó debajo de la mesa. Las balas perforaron el vacío de Vandor pero un cuerpo cubrió su puesto: Rosendo García jugaba por él. Moría por él. Lo crucificaban de un plomazo oscuro a él, que tenía una vida clara. Alcanzó a decir, tendido en el piso de su muerte: -Tené cuidado, Augusto. Te la quieren dar con todo. A mí ya me la dieron...

¡Parece mentira!... Era el mismo muchacho que nació 39 años atrás en Humberto I 1835, a una cuadra del cine Monumental, allá donde Avellaneda nos tira el hollín de su vida industrial, donde Wilde se quiere volver independiente, donde Gerli amenaza con ser algún día, pedazo urbano y pituco. Nació el 13 de agosto (1927) y murió cuando el 13 de mayo anunciaba su presencia. De “13” a “13”. ¿Murió? “Lo murieron”. Atrás quedaba todo; la casa paterna, jardín al frente, tres dormitorios, un comedor, un patio con parral, el clásico gallinero, almácigos de verduras... Paredón y después... Allí transcurrió su niñez. El padre Isaac García había sido dirigente gremial del tabaco en la época difícil. La provincia estaba en manos de conservadores y el progenitor del “2º de Vandor” era RADICAL. Entonces había “boycott” para los chicos de la cuadra que se portaban mal y para los dirigentes gremiales que se portaban bien, defendiendo sus escuálidos sindicatos. Entonces, “el papá” del ex secretario general de la Unión Obreros Metalúrgicos de la Seccional Avellaneda quedó sin trabajo y cuatro hermanos varones supieron de lo que era entonces figurar en “la lista negra”. El padre era “canario”, de Las Palmas, y la madre, María Clorinda Lombardo de García, era romana. Se conocieron en Argentina, y el jefe de familia reconstituyó su frente económico colocándose al frente de una empresa de pintura. El tiempo sindical quedaba atrás, para ser heredado. Ahora era empresario. Los muchachos crecieron bien. El mayor Pedro Amado se recibió de abogado; otro Alfredo Isaac García, se quedó con la fábrica de pintura; Esteban Domingo García, el menor, es industrial en Montevideo, y Rosendo García estudió de noche en el Mariano Moreno de Lanús, trabajó junto al padre desde los 10 años, y en el tercer año nacional interrumpió sus estudios para incorporarse a una empresa de un tío solvente, "con auto y chofer”. Llegó a gerente, con un personal de 250 trabajadores. Un día, el tío le pregunta: “Pero, ¿sos gerente o delegado de ellos?” Rosendo García tiene 18 años. Y es el 17 de octubre de 1945. García es apolítico. Va a Plaza de Mayo. Quiere ver. Oir “al coronel”. Lo impresiona. Al otro día, vuelve a su oficina muy tocado. Empieza a tomar contactos; un tío, José García Lazo lo vincula a Raúl Pedrera. Ese al coronel Mercante. Al teniente coronel Castro. Charlan. Pero Rosendo García, durante todo el régimen peronista no desempeña ningún cargo político. Ni gremial a escala trascendente. Apenas si miembro de una comisión interna en Siam (1952). A Perón lo ve físicamente, por primera vez, en la inauguración del policlínico Lanús. A Eva Perón, nunca. Rosendo García -cosas de la vida- se encuentra con “el líder” recién en 1960, en Madrid. ¿Comprenden? Es una generación dirigente, que conoció a Perón después...


Antes, tiene un año clave: 1952. Se casa. Con Teresa Mossia, que vivía “al lado de casa”. Deja un hijo de 9 años, que estudia pintura, guitarra y está en tercer grado. En ese mismo 1952, sus discrepancias con tíos, fuertemente antiperonistas, lo hacen alejarse de la red familiar. Ingresa a una agencia de informes. No le gusta. Pasa a Siam como operario en refrigeración comercial; “chau al auto y al chofer del tío...” Reúne 7.000 pesos mensuales.


Extra: ¿Se podía vivir entonces con 7.000 pesos?


Rosendo García:
No digo con lujo, pero muy bien... Realmente muy bien...


Tiempo después es elegido delegado. En 1954 hay una huelga metalúrgica; dura 45 días. Rosendo García, peronista, termina en la cárcel de Olmos por activista. Una especie de contrapartida de Mario Amadeo, el canciller de Lonardi que durante Perón jamás estuvo preso, y apenas vino la revolución, conoció la prisión. Salvo que Rosendo García estuvo preso en 1954; en 1955, comandos civiles lo raptaron, lo picanearon y lo abandonaron en un camino de Monte Chingolo, y vivió con captura policial desde enero de 1959 hasta 1962. A Augusto Vandor lo conoció en 1955. El gremio estaba intervenido; apasionados militares, querían a toda costa encontrar delitos. Hubo una reunión secreta de dirigentes metalúrgicos activistas para recuperar al gremio. Ahí le presentaron a Vandor. Lo miró. Se miraron. Discutieron. Desde entonces anduvieron juntos por los caminos áridos del gremialismo. Vandor, por la capital; Rosendo, por Avellaneda.


Viajó: México, Chile, Paraguay; a España como observador extranjero en un plenario del sindicalismo español. Fue a Cuba, a la Cuba de Castro; habló cinco horas con Guevara. No le gustó. Nunca se le pudo arrancar una palabra de aquel viaje, salvo algo que musitó una tarde: “¿La Cuba de Castro? Un desastre...”



El último reportaje


Corrían horas previas a la muerte. Rosendo García no sabía nada. Sí sabía que “el grupo Vandor” tenía dura lucha por sobrevivir.


García:
No le tengo miedo a la lucha. Lo que no me gusta son las injusticias. Las falsedades... ¿comprende?

Extra: Comprendo. Pero hay ya 280 centros abiertos que levantan su candidatura a gobernador por el peronismo vandorista...


García:
Sí. Creo que sí. Pero no lo llamaría peronismo-vandorismo. Nosotros creemos en una CGT unida, sólida. Que no juegue a la política. Que se dedique a la vida gremial. No es posible usar la CGT como un trampolín político. ¿Cuántos compañeros no son peronistas? ¿Los vamos a obligar? Por eso el Lobo busca la unidad... ¿Comprende? Pero hay tantos que tienen ganas de dividir, de ensuciar...


Extra: ¿Quiénes?


García:
Mire, a mí no me gusta nada Framini. No me gustó nunca. Siempre discutí con él. Y no me gusta José Alonso... Le reconozco cualidades de dirigente, pero no me gusta como persona...

Extra: ¿A Isabel Perón la conoce?


García: Sí. La vi dos veces. No me parece que actúe con su propio libreto. Hace lo que le dictan... Pero esto no lo ponga. Es una mujer. Y no me gusta enfrentarme en ningún campo con una mujer...


Cuando nombramos a Isabel Perón fue el único momento en que su cara se puso hosca. Como dolido. Como agraviado. Igual que cuando explotó frente a las actitudes de Perón: “¿Quién duda de lo que fue y es Perón para el movimiento obrero, para el país? ¿Quién le hace creer que alguien le disputa el cetro, el mando? Unicamente los que van allá a mentir, a intrigar. Somos jóvenes y queremos que su doctrina siga viva. No que muera con él. Por eso ocupamos el lugar que entendemos. Ni la sumisión ni la rebeldía. El puesto. ¿Comprende?” (Le gustaba cerrar sus juicios con este “¿comprende?”.)


Llevábamos ya dos horas y media de conversación. Su respeto y su pasión por Vandor estaban ahí, expuestos sobre la mesa. “Un gran dirigente; créame. Fíjese, que la única crítica que le pueden hacer es que juega a las carreras. Y como Augusto ahora va a dejar de jugar, ni eso le quedará a los contrarios para argumentar...”


Le pregunté rápidamente sobre Perón.


Extra: Sobre el Perón de hoy, Rosendo...


García: Lo informan mal. Pero es una luz. ¿No se da cuenta que nadie lo puede reemplazar?


Extra: Defínalo, Rosendo...


García: Es un... No. Mire... ¡Es inolvidable!...


Extra: ¿Nada más?


García: Punto.


A esa altura ya le dolía Perón. Lo mortificaba. Pero se cosió la boca. Me di cuenta. No insistí.

Preferí recorrer otros caminos.


Extra: ¿Quién le gusta en el fútbol?


García: Independiente.


Extra: ¿En música?


García: Troilo.


Extra: ¿En pintura?


García: Repetto.


Extra: ¿Cómo escritor?


García: Edgar Allan Poe, aunque les parezca extraño.


Extra: ¿En economía?


García: Gómez Morales y Cafiero.


Extra: ¿Algún militar que le guste?


García: No hay respuesta (“los conozco poco y los trato menos como para emitir un juicio así...”).

Extra: ¿Su máxima virtud?


García: No prometer sino lo que pueda cumplir...


Ahora Rosendo García nos contesta sobre personajes:


Mussolini: (Vacila) Fue útil a la Italia de su tiempo...


De Gaulle: Es utilísimo a la Francia de hoy.


Eva Perón: (Rápido) Alma y nervio de la revolución social del peronismo.


Aramburu: Negativo.


Isaac Rojas: No quiero hablar.


Arturo Frondizi: Violento “rush” sin final... Político inteligente.


Balbín: Nefasto.


Illia: Ni fu... ni fa...


Germán López (Subsecretario de Trabajo): Muy capaz...


Alfredo Concepción (Titular de Industria): Habilísimo...


Horacio Thedy: Me era simpático, hasta que se alió con Aramburu.


Horacio Sueldo: Fracasó.


Fidel Castro: En Cuba le dicen “El Caballo”. Está bien puesto...


Me dio la mano fuerte. “Es el primer reportaje a fondo que me hacen... Yo no sé fingir... Le dije lo que siento. Lo que pienso. Véngase por el sindicato algún día. Verá que no somos ogros. Que no nos comemos los chicos crudos...”


Extra: ¿Su nombre a candidato es serio?...


García: No jugamos, ¿sabe? No queremos estar desguarnecidos. Iré o no iré. Prefiero que se queme mi nombre a dejar el blanco...


Y se fue. Llevándose la muerte encima. Esa noche el blanco era él. Y una bala lo quemaba. Se tiró sobre Vandor y su sangre salpicó “al amigo”. En Dallas y en Avellaneda, las balas desnucan juventudes. ¿Los matan porque sirven?


En la tarde gris de Avellaneda, el hollín de las fábricas hizo huelga de dolor. Vandor se abrazó al cajón, y llorando fuerte, con la voz mojada de lágrimas dijo: “No te olvidaremos, negro. Seguiremos luchando como si estuvieras aquí. Porque estás aquí. ¿Sabés, negro?”


Y las flores que mandaron los gremios se marchitaron de pena. La corona de Isabel Perón, tocó llagas. Rosendo García no tenía reposición. Cuando cerraron el ataúd, abrieron una guerra. La del rencor sin final...


(“El mundo morirá de civilización. El salvajismo hace falta cada 500 años.” GONCOURT, en 1855)

 

 

Bernardo Neustadt

 

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