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Entrevista a Ricardo Balbín (1973)

REVISTA EXTRA - AÑO XI - Nº 102 - DICIEMBRE 1973

“ESTAMOS SOBRE UNA CORNISA...”


Ricardo Balbín en menos de un minuto nos dijo: los espero esta tarde. Fuimos. Conversamos con él una hora. No eludió nada. Este es el resultado del diálogo.

Extra: Si el diario “La Prensa” me hubiera pagado un millón de pesos por escribir un editorial que de algún modo criticara o impugnara la nueva relación entre Oposición y Gobierno, el “nuevo modo” político que usted tan bien definió, me habría resultado imposible encontrar argumentación y habría rechazado el millón de pesos. No porque no tuviera “virtud profesional”, sino porque no habría encontrado argumentos. ¿Qué opina usted de ese editorial?

Ricardo Balbín: Lo que sintetiza ese editorial lo han dicho varios. Creo que responde a determinados intereses y que, además, no refleja la verdad. Los partidos de oposición obran con un claro sentido de pacificación. De modo que creo a ésa una apreciación equivocada.

Extra: Usted participa con sus actos y sus palabras en la política de conciliación nacional, con evidente grandeza cívica y humana, y al mismo tiempo Perette, en la Cámara de Senadores, mortifica un poco la idea de la “oposición digna” -tanto prejuzgando a Perón como a los políticos- cuando dice, con ironía, que “quiere encerrarlos a todos en una pieza y quedarse con la llave”. ¿Cómo repercute ello en su dificilísima misión de evangelizar la vida política, de institucionalizar los modos?

Balbín: A veces un hombre pronuncia un discurso de una hora y con toda intención se le toma y se repite la frase de un segundo sin el contexto. Yo personalmente creo que hay que tener en cuenta todo lo que ese orador dijo. Más en el caso del doctor Perette, de reconocida e importante trayectoria.

Extra: ¿Qué diferencias o coincidencias fundamentales encuentra entre el primer gobierno de Perón y éste?

Balbín: Considero que entre este gobierno y los anteriores de Perón hay grandes y marcadas diferencias y coincidencias. Considero que el peronismo tuvo y tiene un defecto y es el de tomar el Gobierno con total adueñamiento. Utiliza los medios del Gobierno para cualquier cosa. Si miembros del partido tienen que viajar, no se les cobra pasaje; eso no puede, no debe ser. En cambio nosotros, los radicales, gobernamos de otro modo. De ninguna manera vamos a ejercer desde y en el Gobierno un adueñamiento tal.

Extra: En la política de conciliación nacional que usted apoya, y sus proyecciones de futuro, ¿qué rol les asigna al comunismo y a las fuerzas conservadoras (Manrique, Alsogaray, demócratas de Mendoza, etc.)? ¿Con el presidente Perón se ha conversado sobre este tema, o directamente usted y él actúan y programan el futuro como si no existieran?

Balbín: Habría que analizar primero el criterio de quien los convoca, criterio que no conozco. Lo que los radicales queremos es no destruir el diálogo, que considero indispensable. A las reuniones que se hagan yo concurriré y dialogaré con todos, expondré mis ideas y saldré con las mismas ideas. Dialogar no es cuestión de cambiar la manera de pensar. El diálogo consiste en exponer las ideas de cada uno y tratar de encontrar coincidencias, de modo que el diálogo jamás debe romperse. Este sistema, o modo político, no tiene nada que ver con las formas de lucha de antes; yo hago un balance a través del cual veo que lo de ayer no dio resultado, ¿por qué no intentar lo de ahora? A veces los intentos no los malogra quien los define sino quien los ejecuta.

Extra: ¿Y por qué ocurre eso?

Balbín: Porque no se ha llegado a una buena educación política.

Extra: El justicialismo, desde el ostracismo y ahora desde el Gobierno, denuncia que ha muerto o está en crisis definitiva la Argentina oligárquica, dependiente y liberal. ¿Coincide el radicalismo con este diagnóstico? ¿Cree que estamos en un proceso profundamente transformador, no oligárquico, no dependiente, liberador, no liberal?

Balbín: El sentido conservador y el sentimiento liberal existen y existirán siempre. Lo importante es que existe un denominador común expresado por el 85% del pueblo que reclama la liberación. Nosotros fuimos los primeros para conseguirla. Queremos lograr que el principio de decisión del pueblo sea una realidad. Desde Yrigoyen, desde hace mucho, estábamos en eso. Recuerden aquella definición de soberanía latinoamericana que dio Yrigoyen en 1919 y que no tiene muchas diferencias con las que se formulan ahora. Con Illia íbamos camino de terminar definitivamente con la dependencia, pero se interrumpió. Ahora, lógicamente, volvemos a reclamar lo mismo. A dar lo que se llama la batalla de la emancipación. Coincidimos en todo impulso liberador, pero mantenemos nuestros principios básicos sobre la democracia representativa. Sin ello caeríamos en el totalitarismo.

Extra: ¿La política de diálogo y conciliación nacional de la que usted y su partido participan es compatible con la definición y actividad “peronista” de las agremiaciones obreras y sindicales?

Balbín: Creo que la ley de asociaciones profesionales va a traer serios inconvenientes. Antes de que existiera el peronismo nosotros hablamos de la organización única de los trabajadores, pero dejábamos de lado el partidismo. Esto no quiere decir que los trabajadores no pueden hacer política; la pueden hacer y de la buena pero de ninguna manera deben cerrarse en un partidismo agudo. Si se quiere una organización obrera peronista allí están las 62 Organizaciones, pero la central obrera es de todo el país. Eso del partidismo en los gremios lleva, en sí mismo, el germen de la propia destrucción. Porque los conflictos internos del partido se trasladan al sindicato, lo conmueven, lo deterioran. En los últimos tiempos han muerto o han sido heridos muchos delegados gremiales, y no por temas sindicales, sino por conflictos trasladados desde el peronismo.

Extra: ¿Considera que el problema Formosa representa un paso atrás en la política de conciliación? La pregunta tiene su razón de ser: durante el debate parlamentario la oposición se endureció para mantener clara su posición; por primera vez se llegó hasta a amenazar con romper el quórum.

Balbín: No creo que sea un paso atrás en la política de conciliación. Sí creo que es un paso atrás en la política del Gobierno. No lo considero, de ninguna manera, un hecho feliz. Nosotros marcamos nuestra posición, siempre que es necesario. Tampoco nos opusimos a la ley de asociaciones profesionales, haciendo notar que las coincidencias de los partidos políticos establecían precisamente lo contrario de lo que esa ley prevé.

Extra: En el momento en que hacemos este reportaje hay elecciones universitarias. Nos encontramos con dos datos: 1) el radicalismo aparece junto con la JP y la izquierda ultra como una de las tres fuerzas importantes y 2) vota muy poca gente. ¿Usted cree que no se enfocan los problemas de fondo y todo se reduce a una especie de guerra de slogans o siglas?

Balbín: Algunos no lo hacen y los otros sí. Hoy existe un sector, minoritario, que evoca la reforma, pero en el fondo no la quiere. En este asunto se especula, y se entiende que cuando hablamos de especulación lo hacemos en el mal sentido de la palabra. Consiste en exagerar las cosas, los pedidos, las reivindicaciones, hasta límites extremos para que cuando se den los nuevos lineamientos poder decir que se vuelve a un régimen retardatario o regresivo. Nosotros, en el aspecto universitario, continuamos con los mismos principios. Claro que admitimos adaptaciones a la época, pero sin contrariar la esencia. Pero hay algunos que ¡qué van a ser reformistas! Si llegaran al Gobierno harían exactamente lo contrario de lo que ahora reclaman. Basta ver lo que ocurre en los lugares donde funcionan esos sistemas. Si gobiernan ellos, los que impulsaran al reformismo no estarían en la Universidad, estarían en Siberia.

Extra: Se habla mucho de los jóvenes, la mujer y la responsabilidad política; la necesidad de que ambos sectores actúen en la vida política de los partidos y del país. ¿Usted es partidario de organizaciones especiales con relativa autonomía dentro de los partidos para encauzar y desarrollar la actividad política de jóvenes y mujeres?

Balbín: Cada uno tiene su modo de actuar en este aspecto. El del peronismo no lo compartimos. Ellos tienen una rama femenina, una sindical y otra de juventud, porque el sistema sirve a la estructura verticalista. El nuestro es un partido organizado desde abajo hacia arriba, por eso nos hacen falta las ramas. Alcanza con que el afiliado (sea joven o sea mujer) haga valer sus derechos de tal, que son igualitarios. Tenemos, eso sí, grupos de trabajo que sirven para coyunturas determinadas o necesidades práctico-organizativas. Pero de allí a las ramas, hay una diferencia bastante notable. Existe también la juventud radical, hubo una juventud universitaria radical, en fin, tenemos muchos ejemplos.

Extra: Hace años, un afiliado radical que hubiera traspuesto los umbrales de la Casa Rosada, instalando en ella un Poder Ejecutivo contrario a su signo, habría sido declarado desleal. Eso ya parece una práctica definitivamente desterrada. ¿No habrá que avanzar más y permitir que hombres clave ocupen áreas importantes del Gobierno?

Balbín: Eso existió en la Argentina; los radicales siempre buscamos el diálogo. Yrigoyen, cuando hacía revoluciones, también buscaba el diálogo. La perdía por las armas y después las ganaba con el voto. Claro que hubo épocas en que el diálogo era imposible; eran épocas duras. No se podía hablar con los mismos hombres que, después, cuando íbamos a votar nos rompían la cabeza a palos. Pero ya sabemos qué pasó en el país. Hoy debemos volver a buscar ese diálogo, porque es el único camino que tenemos para encontrar las verdades por el bien del país.

Extra: Insistimos: ¿deben ir a cargos de gobierno, para profundizar ese diálogo y ese bien para el país, los radicales...?

Balbín: Fuera de los lugares de decisión, puede ser. Pero de la otra manera no habría la oposición. Si participáramos en el Gobierno como usted sugiere, ¿quién sería la oposición? El pueblo, con su voto, nos puso en ese lugar, para que cumpliéramos una función determinada. No tenemos otro camino que respetar esa decisión, que para todo hombre realmente democrático es inapelable. Pero eso no quiere decir que no podamos dialogar. Con el diálogo se crea seguridad. El hombre que vive sujeto a tensiones, o presiones -que todavía existen- cuando asiste al diálogo, siente una especie de alivio. Tiene la imagen de la seguridad. Esto en definitiva, beneficia al país.

Extra: Usted, en varias partes del reportaje, habló de diálogo y coincidencias. También marcó que algunas medidas del Gobierno (como la ley de asociaciones profesionales) no respetan esa coincidencia. ¿Cuándo se romperá esa especie de pacto o acuerdo? ¿Cuál sería el punto crítico?

Balbín: Ante todo, no existe ningún pacto, tampoco acuerdo. Cuando uno es presidente, las coincidencias no se necesitan. Donde sí son de suma importancia es en el Congreso. Podríamos hablar de líneas de seguridad en el país -que son las coincidencias-; estas líneas no deben ser rotas porque son las que garantizan la pacificación.

Extra: ¿Y si se rompen esas líneas no hay más acuerdo?

Balbín: Aquí no se rompe nada. Lo peor es que el país se detiene, no se avanza. Estamos en una cornisa, que si se rompe nos lanza en el vacío a todos los argentinos.

Extra: Pero hay algunos que quieren que se rompa...

Balbín: Sí, hay pescadores en río revuelto. Pero en este río nos podemos ahogar todos.

Extra: Por primera vez nuestro país estuvo gobernado durante tres horas por una mujer; ¿cómo ve usted este hecho? ¿Considera que es un avance más de la mujer en el camino hacia su liberación?

Balbín: Yo no lo veo así, creo que responde a la especial situación del partido oficialista, que encontró la manera de resolver su crisis interna. No marca una situación general. Pero no quiere decir que algo parecido no pueda darse. Ya hubo muchas fórmulas integradas por mujeres. Nuestro propio partido llevó en dos provincias candidatas a vicegobernadoras. De todas maneras, creo que este caso es la excepción.
 
 

Bernardo Neustadt

 

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