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Entrevista a Ricardo Balbín (1975)

TIEMPO NUEVO - CANAL 11 - MARZO 1975


La presencia del máximo dirigente del partido radical en Tiempo Nuevo, generaba una gran expectativa en el público: el rating del programa, de por sí alto, enfatizaba su curva ascendente. Es que Ricardo Balbín desempeñó un papel original: fue opositor y "apoyador" simultáneamente. La visita de Balbín al canal 11 para dialogar con el país a través de Tiempo Nuevo se repitió en varias oportunidades. En cada una de ellas habló de todo: de Isabel Perón, del golpismo, de la violencia, del diálogo, de las instituciones, y de su obsesión: la democracia. Aquí se reproduce una de las noches, la del 31 de marzo de 1975.


Bernardo Neustadt: Después de anunciar su presencia en Tiempo Nuevo me encontré con varias opiniones. Desde el hombre que en la calle me dice "trátelo con respeto" hasta el otro que me dice "a ver si le da con todo" o "a ver si llega a que le dé con todo al gobierno". Yo pretendo que sea una noche que concierte atención, que concierte fervor. Hace mucho tiempo que usted no ve a la Jefe del Estado, que el tema de la incomunicación anda por el ambiente... ¿ya tiene fecha fijada la entrevista?


Ricardo Balbín: No conozco nada más que la información periodística. Se dice que puede ser para el quince, pero nosotros no tenemos ninguna comunicación.


Neustadt: A veces me he preguntado, ¿Balbín, en lugar de esperar ser llamado, irá a decir que quiere hablar?


Balbín: Si fuera necesario, sí. No habría inconveniente.


Neustadt: ¿No habría necesidad hasta aquí?


Balbín: Podría haber habido necesidad, pero yo también sé respetar los silencios de los otros. Y todo tiene su límite, naturalmente. Alguna vez puede llegar una necesidad, y yo no tendré ningún inconveniente en solicitar la audiencia. Y si soy llamado he de cumplir. Además, creo que las cosas tienen importancia en la escena y he sostenido que las conversaciones con Perón tenían una gran utilidad. Y yo le aseguro que si saliéramos juntos en las giras que yo realizo en todo el país se comprobaría que se ha hecho verdad aquello de que el pueblo ha entendido mejor la convivencia y el diálogo. Está más satisfecho, más alegre, un poco más feliz. No tienen enemigos en la vereda de enfrente, como en la vieja manera; no está distorsionada la familia por enemistad política. Es decir, esto creo que es una buena cosa para la Argentina. De ahí que si bien es cierto que no tenemos que dramatizar ni ser optimistas exagerados, yo sostengo que en el recinto del pueblo hay un capital positivo para una gran tarea nacional.


Neustadt: Sin embargo, en los últimos veinte días la vida argentina se ha sentido estremecida. Puedo darle algunos elementos. La resurrección de la palabra "golpe". Cincuenta muertos, cincuenta asesinados en 23 días, versiones, autocriticas, censuras, la voz es más alta que antes... La pregunta es así: ¿Cómo estamos? ¿Bien? ¿Mal? ¿Regular?


Balbín: Yo creo que estamos mal. Pero soy de los que cree que podemos recuperamos. No soy fatalista. No creo que andemos bien porque no se hacen bien las cosas. O porque seguramente no se ha entendido bien el planteo previo de la campaña electoral. Las tareas previas de la campaña electoral. Sin que esto parezca un agravio, parece que se ha malogrado aquella es-cena que parecía que se venía como una realidad nacional. Lo digo en todos los lugares que el pano-rama argentino en las postrimerías del gobierno militar cuando se dio al país la sensación cierta de que en forma definitiva podríamos comprendernos en as-pectos fundamentales. Es decir, primero que com-prendamos que la democracia es el mejor sistema que podemos tener; darle el concepto de la democracia social perfecta, perfectible, evolucionada, asegurar el concepto de una convivencia razonada. Hubo caminos ciertos, senderos abiertos y se puede decir que se evitaron algunas cosas, naturalmente, que el interlocutor ha muerto, pero, yo puedo asegurar que en las conversaciones nuestras evitamos algunas cosas que no es el caso enumerarlas ahora porque no es válido mi testimonio. Pero, las que se objetivaban después a través de las expresiones del presidente, demostraban que se abría un camino, si no perfecto, perfectible, y hubo episodios importantes y discursos importantes. Creo que el discurso del presidente Perón del 12 de junio dejó un mensaje que coincide con una conversación anterior. El pueblo vivía un poco más feliz y más tranquilo. Creo que había inconvenientes, y nosotros los apuntamos y se los apuntamos a él. No estábamos de acuerdo, naturalmente, con la conducción económica en algunos aspectos, se señaló en el Congreso. Pero había un clima propicio de ir recuperando una escena que durante mucho tiempo en el país estaba perdida. Yo creo que desde 1930. Posteriormente las cosas han cambiado. Algunas se han desbordado. Nuestras palabras no van dirigidas con reproches ni agravios, pero el movimiento triunfante no ha entendido. Y gran parte de él no ha entendido esta consigna superior. Puede ser por falta de imaginación, no lo digo por intención. Vuelven a lo que ya estaba perimido.


Neustadt: Doctor, cuando uno pierde se transforma en oposición-. La oposición sistemática puede ser una invitación a cualquier cosa; la oposición de este modo puede ser una petición para que el gobierno, de algún modo, se rescate a sí mismo. ¿Pero la oposición puede decir también qué anda mal y qué anda bien, en qué áreas?


Balbín: Bueno, este balance no seria conveniente hacerlo ahora porque francamente seria más corto el camino si buscáramos los desaciertos, porque los errores son muy graves. Cuando se tiene sentido de la responsabilidad y no se está en una aventura electoral, sino en una pasión política y representando una fuerza histórica, usted siente adentro un cúmulo de responsabilidades. Entonces expresa su pensamiento. Y yo al expresar el mío como candidato glosaba naturalmente la plataforma de mi partido, que era buena, admite la confrontación con todas, pero sostenía que en caso de ser triunfador buscaría los climas de seguridad. Condenaba en ese momento la violencia y el terrorismo porque no son aliados de la democracia. Había llegado el turno definitivo en el país de que el derrotado y el triunfador no sean adversarios definitivos sino consecuencia del pronun-ciamiento del pueblo, y como consecuencia el que triunfaba iba, el que perdía ayudaba. Entonces el candidato no puede tener dos fisonomías: gana o pierde. Y como yo perdí, sigo haciendo lo que ofrecí como candidato. Esta, es una enseñanza para la democracia, aun cuando estén pagando precio político o incomprensiones.


Neustadt: ¿Hay gente golpista?


Balbín: Pienso que siempre hay. En la actualidad, sin éxito. Esta es la coraza del gobierno, que no lo merece. Entonces acá se da una circunstancia muy especial: la responsabilidad de los que no estamos está conteniendo la irresponsabilidad de otros que están. Y cuando hablo de irresponsabilidad lo hago en el mejor sentido de la palabra. La no comprensión del problema. El no entender el panorama general del país. El sectorizarse. ¿Se da cuenta? Entonces éste es el problema.


Neustadt: Me sonó fuerte. "Este gobierno que no se merece esta coraza impermeable al golpe". Es fuerte.


Balbín: Es fuerte, claro. Es la verdad. Pero, ¿por qué ocu-rrió todo esto? Yo no soy un hombre que todo lo sabe. Se debe a un estado de responsabilidad del país, en el cual incluyo fuerzas armadas, en el cual incluyo fuerzas obreras, en el cual incluyo fuerzas políticas. Es decir, todos los sectores del país que viven ilusionados en una estabilidad institucional. La prueba está en que usted puede llamar a todas las expresiones nacionales, y todas le van a decir: ´´no hay fracaso de las instituciones". Es decir, que hay una enorme coraza de responsabilidad en el país que está sosteniendo esta estabilidad.


Neustadt: Doctor Balbín: los coroneles que en Portugal han tomado el poder y que son situados a la izquierda, le acaban de pedir, de exigir a su pueblo, austeridad, sacrificio, trabajo. En Estados Unidos las fábricas han resuelto comprar micros para que la gente no use sus automóviles, para evitar el consumo de nafta. No es solución de un dirigente gremial exigir sacrificios sino conseguir cosas para sus afiliados. Tampoco, aparentemente, tendría que ser la misión de un politico exigir sacrificios, austeridad, trabajo. Yo pregunto: ¿si parte del proceso argentino tiene que ver con la indisciplina, con el desabastecimiento, con el ausentismo, etc., su partido, o usted, o quién le puede pedir, o exigir como en el caso de los coroneles de Portugal, como en el caso de Estados Unidos, sacrificio, austeridad?


Balbín: El ejemplo es de arriba para abajo. Tiene que ser austero el gobierno en sí mismo para tener el derecho de exigir austeridad. Pero cuando éste no lo es, entonces se relaja el organismo. ¿Por qué va a ser austero el de abajo si el de arriba no lo es? ¿O es, acaso, que usted puede llamar a la austeridad a los otros si usted no puede hacer su propia austeridad? Se van perdiendo las autoridades morales, que son fundamentales en la autoridad de los gobernantes. Lo primero que tiene que hacer el gobierno es exhibir su austeridad, su sacrificio, su vocación. Entonces esto cunde como un ejemplo de arriba para abajo. ¿Uno le puede exigir austeridad a un hombre de Misiones, al que han estado, no digo maltratando pero no considerando su trabajo y su producción? Entonces esta austeridad de gobierno llega al proceso eleccionario y le hace regalos. ¿Usted cree que éste es un ejemplo para ese hombre? ¿No se da cuenta de que esto que parece simple tiene una trascendencia inusitada en la vida del hombre? Es decir, enseñarle a recibir sin haberle exigido previamente su comportamiento para obtenerlo por su propio medio en una sociedad organizada. Es decir, que esto viene de arriba para abajo. Esto es igual que la violencia. La violencia se multiplica no ya en razón política o en razón gremial, que también la hay. Es decir que cuando hay impunidad en los grandes delitos, éste es un ejemplo para los otros que quieran delinquir en potencia. De modo que el muchacho que quiere ir al hipódromo o jugar a la ruleta o salir con sus amigos, asalta. Si una sociedad organizada hubiera sancionado todos los crímenes y todos los delitos y hubiéramos encontrado responsables, esto no se mueve. De modo que tanto en la austeridad personal como en la conducta, los ejemplos son de arriba para abajo. No hay pueblo que se descomponga por sí mismo.


Neustadt: Doctor: una denuncia suya sobre soborno electoral en Misiones, ¿cómo se puede conciliar con un movimiento como el peronista que, si hay algo que le sobra son votos? ¿Para qué necesita ahora hacer eso?


Balbín: Es porque tienen un concepto equivocado. Creen que perdiendo se desprestigian, sin darse cuenta que perdiendo se prestigian. Parece una contradicción. Es decir que en Misiones se debió dejar al pueblo naturalmente pronunciarse. Se va a pronunciar, seguramente, pero en vísperas electorales se vuelcan... Usted no tiene ni idea de lo que se vuelcan. Ni yo tampoco a la distancia. Lo sé a través de los informes que recibo. Hoy se regala de todo. Incluso dinero en efectivo que alguna vez habrá de saberse de qué bolsillo sale, y si son del Estado habrá que conversar si esto es una malversación o lo que sea. Entonces esto es una desvirtuación total, mientras que yo creo que se prestigiaría este gobierno si ganaran los radicales. Y no sería un mérito exagerado para el radicalismo. Sería una hermosa contribución para la estabilidad constitucional, porque se demostraría que es imparcial el gobierno, que deja expresarse con libertad.


Neustadt: Doctor Balbín: menos mal que dicen que usted no está poniendo el dedo en la llaga en la oposición.


Balbín: Estoy razonando. Esto no sirve como ninguna prédica de cosa negativa sino que puede servir para rectificaciones necesarias si es posible. A mí me gustaría que nos ganaran, pero bien. Y no me gustaría perder, pero mal. Estas son las grandes diferencias.


Mariano Grondona: Me parece, si no me equivoco, que el doctor Balbín está tratando de salvar la misión verdaderamente opositora del radicalismo, que es ofrecer una alternativa dentro de las instituciones.


Balbín: Así es, y le prevengo que a pesar de Misiones vamos a seguir. Porque esto es una cosa superior. No es para este tiempo, es para todos los tiempos. Nosotros no tenemos una política para un momento. Tenemos una política para distancias, que las dividimos. Lo que lamentamos son estos desórdenes circunstanciales.


Neustadt: ¿Qué quiere decir "a pesar de Misiones"? Porque Misiones no es un plebiscito, ¿no?


Balbín: No, no. No quiero que tomen las palabras así. No dije eso. Es cierto, no creo que Misiones sea, un hito definitivo de nada. Es un hecho trascendente. Se va a elegir un gobernador. Se va a elegir una legislatura. Se va a elegir una institución. Los titulares de una institución. Lo que yo quiero decir con respecto a la mentalidad del pueblo, es que las derrotas. Son derrotas y las victorias son victorias, pero cuando son limpias. De modo tal que para estas emergencias cuando se utilizan estos medios no legales el triunfador se desluce y el derrotado no respeta. Porque estos regaladores de bicicletas, regaladores de heladeras, regaladores de dinero, no se dan cuenta de que ésta es una circunstancia de un minuto, y de lo que hablamos en este país es de la seriedad institucional permanente.

 

 

Bernardo Neustadt

 

 

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