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Carta a Juan Carlos Onganía, Mayo de 1970

REVISTA EXTRA - AÑO VI - Nº 58 - MAYO 1970

CARTA A JUAN CARLOS ONGANIA

Señor Presidente:

El sábado 11 de abril un joven argentino -23 años, licenciado en economía- preguntó al Dr. Dagnino Pastore, frente a las cámaras de televisión, si los planes de gobierno se hacen para resolver simplemente una situación de coyuntura o para dar satisfacción a las expectativas de una generación de argentinos que hoy apenas tiene veinte años.

A partir de ahí el diálogo fue intenso, abierto, fecundo, honestamente agresivo, como corresponde a quienes comprometen su autenticidad cuando coinciden o discrepan. Pero aquel interrogante todavía golpea mi conciencia y quiero reflejarle las preocupaciones que me suscita.

Tenga usted la seguridad, señor presidente, que la inquietud manifiesta y viva, la inquietud activa de nuestra juventud, gira alrededor de una pregunta decisiva: ¿es éste un gobierno revolucionario?; porque esta juventud -y yo coincido con ella- está convencida de que ésta es una época de cambio y transformación, pero de lo que verdaderamente duda es de que la conducción político-social-económica exprese esta mutación vertiginosa. Los hombres y mujeres jóvenes, sólo saben una cosa: que no debe ser como el de hoy: contradictorio y frustrante.

Usted no es precisamente un hombre que guste explicar, por ciertas realizaciones materiales, el éxito de su política. sabe y advierte que esas realizaciones y muchas más que se retardan o no se llevan a cabo sólo constituyen el basamento necesario para construir el país que se nos demanda; pero la fisonomía del quehacer propuesto no ha de ser tan plácida y tranquilizante como la visualiza la óptica oficial: por lo contrario, la fuerza agresiva del cambio provoca algo más que desajustes: implica una verdadera confusión y trastocamiento de valores y actitudes ante los cuales debemos actuar y resolver.

No es posible, por ejemplo, que "Teorema" desvele a nadie y resulte tan importante erradicarla de nuestra temática artística como para violar las propias pautas que el Gobierno se fijó en materia de relaciones con el Poder Judicial; trae el recuerdo de aquella otra tontería sin arreglo que fue la prohibición de "Bomarzo" en el teatro Colón, con la secuela de desprestigio que ello significó para el país y para el Gobierno.

Deliberadamente he buscado en el mundo del arte actitudes que reflejan inhibiciones inexplicadas frente al proceso de cambio. Sería muy triste que alguien pensara en el Gobierno que lo hecho en esta materia tiene alguna importancia; ni las ideas, ni el estilo, ni las tesis de las obras prohibidas dejan de conocerse si su vigencia tiene fuerza suficiente como para gravitar en el pensamiento contemporáneo. En este sentido, sí tiene importancia la medida tomada en cada caso. Nos desactualiza y nos aleja.

Muchos de los fenómenos que hoy ocurren en el mundo, señor presidente, no expresan el contexto espiritual dentro del cual fuimos formados, pero seguramente se acercan más al que servirá de marco a quienes hoy no pasan los 25 o 30 años; y eso es precisamente la que ellos nos exigen -creo que con toda justicia-: que adecuemos nuestra actitud a lo que ellos intuyen más que a lo que a nosotros nos parece.

Los choques frontales de los miembros del Gobierno realmente asustan, porque revelan falta de coherencia. Como, además, cada ministro o secretario de Estado tras plantear su idea se aleja si no la puede ejecutar, uno llega a la conclusión de que más que jugar doctrinas cada uno juega su interés, porque representa un interés determinado. Y eso es malo. La comunidad argentina no es genial. Posiblemente esté chata. Carece de representatividad. Pero el hombre más común, el ultimo hombre, si usted así lo quiere, tiene la posibilidad de este análisis simple: veda de carnes, precios máximos al tomate, a la papa, blanqueo de capitales, aumento de impuestos municipales, estudio de gravámenes de emergencia para el año que viene. Esto, después de tres años y medio de una política económica que "nos estabilizaba", revela que la teoría económica de que impregnó Krieger Vasena su gestión hasta que pasó a Deltec anda a contramano con la realidad.

También tenemos exceso de gente con enojo. Ruralistas, ganaderos, agricultores, ejecutivos de los frigoríficos, industriales de pequeñas y medianas empresas, inversores, empleados y obreros.

Además, quienes abandonan el Gobierno lo hacen desde el total malhumor y dejan abiertas instancias muy graves. Por ejemplo: el ex gobernador de Córdoba ha afirmado que "en el gobierno nacional hay un núcleo que sigue a contrapelo con la historia, tratando de mantener privilegios a pequeños grupos". El comodoro Huerta, hace 8 meses, fue nombrado por usted. Y hoy tenemos una Córdoba que supo ser "La Heroica", tras la caída de Perón, y "La Arrepentida", años después, que ahora se considera como "Córdoba la Manoseada" porque le ubican ministros y secretarios provinciales de la metrópoli.

Nos parece estar, en medio del desasosiego, cubiertos por una frazada corta: si el Gobierno se tapa los pies, se destapa la cabeza...

La misma salida del general Eduardo Señorans, en medio de la crítica reunión del CONASE, y por eso dimitió Señorans. Sé que usted se mostró contrario a la represión masiva. Y que volvió a poner hondo acento en la falta de esclarecimiento del frío asesinato de Augusto Vandor. Obsérvese que prácticamente nada se ha descubierto en todos los últimos procesos delictivos. Y que si no les explota la bomba que fabricaban dos jóvenes terroristas, "los servicios" no habían detectado la mínima pista de los dueños de la conmoción. Claro, porque se preocupaban por fojas de servicio de gente idónea, a la que había que etiquetar para impedir que llegara a ser designada por usted. En vez de fichar el delito, inventariaban si uno era peronista, radical o frondicista.

No le digo nada, señor presidente, de la fuerte represión causada en todos los sectores por la carta-renuncia del doctor Lorenzo Raggio -usted lo designó dos veces secretario de Agricultura, esto es, le tenía y le debe mantener total confianza-, donde se alega algo que muchos intuimos: "Cuando el Gobierno se maneja -dice- sólo con políticas de corto plazo, su idea de fondo es clara: NO CAMBIAR NADA, PRESERVAR LO QUE ESTA. No es una política revolucionaria".

Si eso lo afirma un ex colaborador suyo, ¿qué quiere que piense la juventud? ¿Cómo no vamos a tener dudas todos nosotros de realmente no vivir, para nada, en una revolución sino en un mero y nada pulcro ordenamiento?

Me detengo, señor presidente, a ordenar el proficuo capítulo de cargos de doctor Tomás de Anchorena al dejar la Subsecretaría de Agricultura: "Esto no puede ser -asegura- el tiempo social frente a la situación de quebranto en que se encuentra SELSA y ante la reiterada negativa de suministrar los fondos necesarios para que pueda cumplir sus obligaciones la Junta Nacional de Granos". Denuncia, además, que la política oficial es de corto plazo, tergiversando doctrinas, y que en el Ministerio de Economía o se detienen leyes y proyectos o salen con torcidos objetivos; llega a afirmar, señor, que la ley de papel de diario es la clásica ley-tapón, porque no asigna fondos para la forestación o compromete la existencia futura de materia prima para fabricar papel. Y ya, llevando el tema al extremo, el doctor Anchorena indica que en vez de poner en condiciones técnico-económicas modernas a la lechería argentina, se propone directamente importar productos lácteos, destruyendo una industria-orgullo.

Esto no dice la oposición. Esto no lo grita un radical del Pueblo resentido porque perdió el gobierno. O un frondicista que quiere llegar al Poder o un peronista con fines de alterar el orden "o cambiar nuestro estilo de vida". Lo grita un flamante funcionario dimitente del gobierno de la Revolución Argentina.

De tiempo en tiempo se esparce entre los hombres la creencia de que es posible construir una sociedad ideal. Comienzan a tocar a rebato a fin de que todos se congreguen para edificarla. Es una fantasía delirante. ¡Cuidado con el delirio...!

La sociedad está siempre inacabada. Y siempre en transformación. Sus problemas claves jamás son resueltos por una ingeniería económica. Ni por computadoras. Para reconocer esta verdad el hombre debe conquistar, una y otra vez, su filosofía. Hasta poseerla. En los intervalos, sucumbe a los sueños de una humanidad definitivamente petrificada.

No quiero fraguar utopías... Por eso, pienso que de aquí en más he de seguir escribiéndole a usted públicamente, porque en este instante es el PROTAGONISTA con poder de decisión. Una u otra medida de gobierno pueden ser equivocadas; lo que importa verdaderamente es abrir el país, su temática y su futuro a quienes han de ser titulares legítimos dentro de muy pocos años. Ellos reclaman una definición del tipo de la que plantearon al ministro de Economía: "¿Gobiernan para ustedes o para nosotros?". No hay duda de que es una generación que se niega a ser "captada" por un sistema en el que no cree. Mi deber es decirle que yo tampoco creo que este sistema socio-económico es justo y defendible. Es tan perimible como la estructura política que le servia de fachada y a la que se puso punto final en junio de 1966. Se nos exige, entonces, imaginación y audacia, a nosotros, a todos, a usted. Haga la Revolución, señor. Desembarque a los que no sirven. Déjese ayudar.

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