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Una Fórmula Peronista-Radical, Marzo de 1972

REVISTA EXTRA - AÑO VII - Nº 80 - MARZO 1972

UNA FORMULA PERONISTA-RADICAL

En octubre de 1971, Carlos Brignone presentó un plan económico. Francisco Manrique respondió con un contraplan, que tuvo el apoyo de San Sebastián. El presidente Lanusse optó por la línea económica de Brignone. Primero prometieron que con una devaluación de 40 pesos todo se remediaba. Después sacaron de la galera mágica los "tres mercados": el oficial, el financiero y el paralelo. Fuimos para peor. Aumentaron los intereses para combatir la usura. Hubo más usura que nunca. Se ocuparon del mercado de Liniers y la carne alcanzó valores inflacionarios jamás vistos. Todo lo que tocaron lo transformaron en derrota, carestía, pesimismo...

Ahora el presidente Lanusse anuncia que los erradica. Que salen del Gabinete. Se van a sus casas. Pero el país queda pendiente. ¿Quién paga la experiencia de estos aficionados? Además, cambiarlos ¿para qué? Para seguir en lo mismo. ¿Y con quiénes? Si Lanusse se equivocó el día que eliminó el Ministerio de Economía creyendo salvar a la República, ¿por qué no corrige hoy aquella falla? De los arrepentidos es el reino de los cielos...

PERO no hay que dramatizar. Para que la historia no empiece a contar otra vez de cero, para que no sigamos descomponiendo el país o desfigurándolo del todo, ya no importa lo que haga el Gobierno en economía. Porque nada puede hacer de duradero. Tengamos la ilusión que es un gobierno que se va. Importa el que viene. Por eso hay que acortar el plazo de los comicios. Para reducir la agonía. Si no habrá candidato oficial, ¿a qué preocuparse por la imagen de la despedida? ¿Para qué intentar corregir lo incorregible? Falta tiempo y vocación. Sobre todo vocación.

No despreocuparse mucho entonces. El ritmo político va bien. Y va bien gracias a Perón, a Balbín, a Frondizi, a Sueldo, a Frigerio, a Paladino, a los gremios, a los argentinos que ahora sí empujan al carro electoral. Perón, en su histórica misiva al país, habló de alianzas de clases. Desoyó a la guerrilla. Propuso las medidas económicas coherentes. El no tiene la culpa si el Gobierno es sordo. Y es sordo. Además, Perón, a quien siempre le quisimos hacer trampas, y lo acusamos de hacer trampas, sigue exhibiendo sus rasgos positivos. Quiere ayudar a dar un vuelco a la República. No busca un sitio en el club político. Además -nos guste o no- está en la historia.

ENTRE los militares argentinos la duda tiene tres palabras: ¿Perón quiere negociar? Los totalmente desafectados al ex presidente tratan de probar que no es confiable. Y aquí está sincronizado el gran defecto para el gran acuerdo. Porque si en 1955 Perón perdió el Poder Militar, una de las vertientes del poder presidencial, en cambio, no disminuyó un ápice su poder popular y, por lo contrario, desde el ocaso, desde la omisión, a 16.000 kilómetros de distancia, lo fue aumentando, por su propia gravitación, por su maestría en la conducción y porque, además, sus opositores revelaron un vacío mental imposible de superar. Perón tapó el cielo de la ansiedad argentina, mientras sus vencedores de 1955 se transformaron en gnomos. No gobernaron, no reemplazaron, aumentaron la nostalgia. Por supuesto, controlan el Poder Militar, pero la ineficacia los ha condenado a una tremenda penitencia: 17 años después, el país espera, la juventud argentina se asombra y Perón sigue siendo el tribuno.

Cada vez que tenemos oportunidad de conversar con altos jefes y oficiales militares, les probamos con datos concretos que se autoengañan. En 1955 creían que "el peronismo ya no existía". En 1946 creyeron que "Perón no ganaba".

En 1972, tienen que acordar con Perón, pero no creen en Perón. Vamos a hacer cuentas claras que conservan la amistad:

1) 1945. Perón, probando su capacidad negociadora, le ofrece a Amadeo Sabattini, el principal líder de la Unión Cívica Radical -entonces el principal partido político argentino-, llegar a un entendimiento. Peron resguarda para sí la candidatura a presidente y ofrece a los radicales todo el resto del cuerpo electoral. Sabattini, un irreductible, un político provinciano, con visión de mañana y sin mirar el ancho futuro, dijo no. No entendió. Su partido entonces tardó 18 años en llegar al Poder y la Argentina se partió en dos hasta hace poco.

2) 1955. Dueño del poder político y militar, con abolladuras internas, pero líder, Perón prefirió exiliarse y no darle al país un baño de sangre. Se lo acusó de vulnerabilidad. ¿No es preferible ser positivo y admitir su contribución "al no dolor"?

3) 1958. Su mayor adversario intelectual, el más serio de sus oponentes, Arturo Frondizi, recibe su bendición y es presidente de los argentinos por voluntad de Perón. Negoció cuando la persecución era total.

4) 1962. Arturo Frondizi no cae porque Perón lo voltea. La conducción gremial empuja al proceso comicial. Y el triunfo de Andrés Framini lleva a los militares a destituirlo. Perón cumple su palabra. Algunos jefes militares pierden la paciencia.

5) 1963. Perón apoya al Frente. Designa candidato a un no peronista. Vicente Solano Lima. ¿Qué más puede pedirle el antiperonismo? Pero son tan ciegos que no lo admiten. Perturban el frente, provocan a Perón y la Argentina pierde otro hito valioso.

6) 1966. ¿No guarda silencio y ordena desensfilar hasta que aclare cuando asume Juan Carlos Onganía? ¿Perón y los gremios no contribuyen con una gran calma a que la Revolución Argentina fuera Revolución y Argentina? ¿Quién lo desborda a Onganía? ¿Perón o sus propios camaradas?

De entonces a aquí, hay más pruebas: a) geopolíticamente, si Perón quería perturbar a la conducción, en vez de vivir en Madrid se hubiera podido trasladar a Cuba o a Chile. No lo hizo; b) jamás apoyó abiertamente a la guerrilla; c) Ordenó a su movimiento ingresar en La Hora del Pueblo; d) Prestó oídos sordos al pedido de algunos "malos apóstoles" para que no recibiera el cadáver de la señora Eva Perón y lo remitiera a Buenos Aires o explotara espectacularmente los deterioros de los restos; e) No se dejó arrastrar por las provocaciones oficiales que lo excitaban a retornar al país.

Maquiavelo decía que siempre hay quien quiere ser engañado. Y por eso existen los que engañan. Y eso, no se puede remediar.

LA solución está al alcance de la mano. Tal vez una fórmula peronista-radical con una representación del 70 u 80% de los votos nos haga ganar el tiempo que nos hizo perder Sabattini. Un candidato a presidente peronista y un candidato radical a vicepresidente, como hecho consumado, modifica al país. El resto de la sociedad puede sumarse. Aportar voces, ideologías, programas. Y así cerraríamos un ciclo. Algunos políticos cuando piensan en los militares tratan de "cuidarlos" o de "ganárselos". Ahora, hay que cuidar y ganarse a la Argentina. Prudencia sin debilidad y que el enfermo elija el médico.

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