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La noche que “No murió Perón”, diciembre de 1973

REVISTA EXTRA - AÑO IX - Nº 102 - DICIEMBRE 1973

LA NOCHE QUE "NO MURIO PERON"

"No es aceptable una política cuyo propósito sea el exterminio del adversario, exterminio ilícito y además imposible, y que si el odio y el miedo han tomado tanta parte en la incubación de este desastre, habría que disipar el miedo y habría que sobresanar el odio, porque por mucho que se maten los españoles unos a otros todavía quedarían bastantes que tendrían necesidad de resignarse a seguir viviendo juntos, si ha de continuar viviendo la Nación." MANUEL AZAÑA (18 de julio de 1938)

-¿Qué tiene Perón?

-Perón tiene... 78 años.

Esa es la realidad de la que tratamos de escapar sofisticadamente. Nos hemos acordado muy tarde de Perón. Cuando la asfixia subió a la garganta del país, sólo entonces desde la desesperación, resolvimos revisar el pasado, borrar los enconos y asumirnos. Perón no tiene la culpa de vivir en esta precariedad. Que se apoya en la salud de un hombre. Desde el miedo. Y el miedo nunca construyó nada. Ahora, "la muerte de Perón" –así nombrada- nos aterroriza, porque apenas empezamos a edificar un régimen. Porque hemos cargado de responsabilidad a un líder histórico (y real), proponiéndole que elimine a la guerrilla, que ordene el país, que defienda la Constitución y sus leyes, que nos organice económicamente y que nos lleve hacia la Argentina Potencia. ¡Demasiado! La mayoría reza para que acierte; otros desean su fracaso, aunque lo disimulen con frases acartonadas, y no faltan los que en la oración "por la salud" ponen la cuota inmensa de su pavor, pensando cómo sería hoy una "Argentina sin Perón". No pueden servir a esta causa institucional los que desde el "no peronismo" sólo apoyan la coyuntura por temor; tampoco aquellos que desde el grito ¡Viva Perón! Piensan tan sólo en heredarlo, desde la izquierda o desde la derecha. Todos conocemos los nombres y apellidos de los que en una u otra esquina del justicialismo ya intentan, como diría Discépolo, "probarse la ropa que van a dejar"... Aquí la ese de salud tiene mucho más que ver con la ese de sucesión.

Hay que aceptar que los esfuerzos lúcidos y generosos de Ricardo Balbín, como jefe del radicalismo, son tremendos para resguardar el régimen democrático, así como también señalar el aporte, al mismo fin, de otros partidos o figuras políticas, aunque sean más solitarias. Como está planteada hoy la situación, con Perón empieza y puede terminar esta democracia recién acunada. Tanto es el riesgo, que por todos lados se notan gestos apasionados para poner a salvo la institucionalización, pase lo que pase. Son pocos los que ponen la lupa sobre los errores que puedan existir; todos caminan en puntas de pies para no pisar cristales rotos. Desde el ex presidente Alejandro Agustín Lanusse, pasando por la actual cúpula militar y repasando el ánimo de la mayoría de los generales de división o de brigada que fueron a retiro hace 180 días, el espejo refleja lo mismo: preservar las instituciones que se lograron revivir, teniendo siempre presente la voluntad del pueblo y no los deseos elitistas de ningún sector. En eso hemos avanzado decididamente. Y acaso ésa sea la "sucesión" cumbre del Perón-histórico. Dejar instituciones en vez de algún Delfín más o menos afortunado. Que tal vez ni fuera obedecido o respetado si faltara algún día Perón. Los que buscan heredarlo olvidan que el carisma no se transfiere. Se irradia. Se tiene. Nunca se presta y mucho menos se obsequia. Por eso a los especuladores –que abundan- hay que señalarles que cuanto más viva Perón, más segura estará la democracia efectiva. Y aquí sí tienen importancia clave la salud y la lucidez de Perón. Aquí sí que hay que tomar todas las precauciones. Todas resultan de bien público; aquí si que no se puede entender que un hombre elegido por 7.400.000 votos de su conciudadanos tenga que aparecer en un balcón de la Casa de Gobierno detrás de un triste vidrio oscuro y blindado y que en la alta noche de Gaspar Campos carezca –como careció- de asistencia médica, de un mero botiquín. Y que un sargento de la Policía Federal tenga que convocar de urgencia al primer médico que esté a mano –un ginecólogo, según se asegura-, que en medio de la frenética nerviosidad por tratarse del enfermo más importante de la Argentina no le encontraba la vena a la hora de aplicarle una inyección endovenosa. No queremos dramatizar ni conmover. El Perón "descarnado" no necesita tragedias para aumentar su potencial emocional. Queremos señalar lo irracional que va de un resguardo a un desamparo. Y eso no se puede dejar librado a los "espontáneos", o a justificar la falta de una asistencia permanente, con una frase: "Lo que pasa es que el médico que había hablaba mucho..." Proponemos entonces reemplazarlo por un médico mudo. Pero un médico.

No apostamos a ninguna guerra civil ni creemos –como los exagerados- que "con Perón se muere el país". Y si las revoluciones se hacen con tiempo o con sangre, admitimos que con "Perón en el poder" queda más cerca el tiempo que la sangre.

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