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No había golpistas: los fabricó el gobierno, Marzo de 1976

REVISTA EXTRA - AÑO XI - Nº 129 - MARZO 1976

NO HABIA GOLPISTAS: LOS FABRICO EL GOBIERNO

ESTE no es un editorial. Es una confesión. Voy a escribir para la República desanimada. Para una democracia que pide auxilio. Quiero explicarle al Gobierno que cuando el peronismo tomó el poder no había un solo golpiest. Siete millones y medio de votos aplastaron toda indignación o rencor viejo. Había los que mascullaban su rabia, bajito, pero desalentados para siempre. El pueblo eligió. Vivimos entonces, varios rostros del peronismo. El izquierdismo efervescente de un viejo conservador como Héctor Cámpora, con su devastación universitaria y las puertas de las cárceles totalmente abiertas, en forma indiscriminada, y sin amnistía previa. El parlamento se enteró después. Enseguida, la palidez ideológica de Raúl Lastiri. Más tarde la presencia "en vivo y en directo" de Juan Perón, rescatándose a sí mismo, pero ya sin poder controlar ni el Poder ni a sus rebeldes adherentes y mucho menos encuadrar "el mesianismo" de José López Rega, a quien algunos sectores asustados le adjudicaron modos "de derecha" y quisieron ampararlo y ampararse, sin medir las consecuencias de abrazarse a mediocridades. Después, el Perón Descarnado fue prácticamente destruido por quienes más lo debían cuidar, sus propios íntimos, y entonces amaneció sobre el Poder toda la inexperiencia de María Estela Martínez de Perón, un estado de ánimo más que una jefa de Estado, como lo probó el último fin de semana cuando en menos de 10 minutos de diferencia convocó a la concordia entre los compatriotas -al leer su discurso- y en seguida, al improvisar, prometió "hacha" y ser la mujer del látigo, además de asegurar que ni Perón en 18 años "la pudo entornar".

El país, entretanto, se empobreció. Todos estamos más pobres: económicamente cada argentino ha sido devaluado como nunca. Eticamente, porque nos sentimos envueltos en la corrupción y todo el sistema es una invitación a denigrarnos. Espiritualmente, porque nadie cree en nadie. Intelectualmente, porque se siente administrado pora las medianías más dramáticas que se hayan aposentado en centros de Poder.

Ibamos a ser dueños de la Argentina, dejando para siempre la "colonización y la dependencia". "Liberación", fue la consigna. Cada vez dependemos más. Ahora el Fondo Monetario Internacional se entera de nuestras angustias y propuestas antes que el Parlamento y que los argentinos. Requeriremos inexorablemente un stand-by como no lo pide Uganda. "Nadie nos cree", ha dicho en desgarro público el ministro de Economía, doctor Emilio Mondelli. Antes, para "comprarnos" necesitaban dólares. Ahora, centavos de dólar.

Ibamos en búsqueda de la "Reconstrucción Nacional". Nunca el país ha quedado más deshecho. Su aparato productivo, la mentalidad de sus habitantes, la indisciplina social que nos estremece, el miedo o la falta de seguridad con que vivimos. Discrepar se paga con la muerte. Crear se paga con la vida. Invertir, es un vocablo inutilizado. Trabajar, es pecado.

Ibamos a rescatar la materia gris argentina que se había ido del país. 50.000 profesionales en Nueva York. 33.000 en Caracas (Venezuela). De las villas de emergencia, los bolivianos y paraguayos parten para La Paz y Asunción. Argentina ya no da para ellos. Los expertos reciben ofertas en dólares para emigrar. Y se van. ¿Qué van a hacer?

Ibamos a ser Argentina Potencia. Somos Argentina Importante. Paralizados de ideas. Detenidos en el tiempo. Mirando hacia Brasil o pensando que cuando no éramos Argentina Potencia nuestro valor monetario estaba igual que el del Uruguay y hoy está 1 a 10.

Ibamos a no depender de nadie. Hoy hay que recurrir a la buena voluntad de Siemens o Standard Electric para poder seguir comunicados con el mundo... Hay que renegociar argentinizaciones infantiles, que nos han dejado atrás en el mundo intercomunicado y donde en 1976 hablar por teléfono en la Argentina significa una aventura incomún. Viejas cámaras que se inundan a la primera lluvia; líneas que no se pueden renovar. Teléfonos que no se instalan...

Ibamos a recrear un país para la juventud. Hoy la juventud está de espaldas a un país que no le ofrece sino vicios, denuncias, luchas intestinas, desjerarquización, sangre a raudales. Ilusión, ninguna.

Ibamos a darnos la mano todos los argentinos. Hoy estamos todos contra todos. El país se enfermó. Gravemente.

Dimos todas las volteretas. Reformas agrarias del medievo. Pactos sociales. Actas de concertación. Redistribución del ingreso. Instituto de Remuneraciones. Paritarias, sí. Paritarias, no. Decretos ordenando aumentos masivos de salarios. Al que sirve. Al que no sirve. A todos igual. Matando la idoneidad. Asesinando la capacidad individual. Todo por un 18%. El que es vago, el que trabaja. El que tiene aptitud. El que carece de imaginación. Todo por el mismo precio. La gente pudo ir gratis al exterior porque el Gobierno se permitió subvencionar a los turistas nacionales. Después no pudo viajar nadie más. Porque el Gobierno "se dio cuenta" y fue al otro extremo. Luego llegaron los turistas extranjeros se quedaron con nuestra producción. Después "el contrabando" de frontera que permitió ausentarnos de bienes. Crecieron los intermediarios. Decayeron los pioneros. Se tuvieron que ir del país empresarios nacionales y extranjeros. Otros se entregaron al Vía Crucis... El desamparo nos invadió. Aumentaron a cifras increíbles los empleados públicos. El Estado se apoderó de cuanto déficit cruzaba las calles argentinas. Cada vez prestó menos servicio. Los salarios aumentaron por minutos. El poder de compra disminuyó por segundos. En una semana el dólar acrecentó su cotización en el 100%. La usura se transformó en normalidad. En costumbre. En salvación. Hubo empresas donde se pedía cobrar sueldos en dólares para mantener el nivel. ¿Sería ésa la Argentina Potencia y la Argentina Independiente? Los que cometían gruesos errores en la Administración del Estado terminaban de embajadores. ¿Es un castigo una embajada? El gasto público y la emisión se dieron la mano para crecer juntos. Segba, según el propio Juan José Taccone, en la última devaluación triplicó su deuda en dólares. La cesación internacional de pagos asomó su cara hosca. Inclusive a los que les iba bien en este desorden inacabable se sentían mal.

LOS ministros de Economía hicieron diagnósticos sobre este cuadro terrorífico, admitiendolo, desnudándolo (Rodrigo y Mondelli), pero sus importantes sermones olvidaban marcar a fuego la responsabilidad mayor: ¿Quié nos empobreció a todos? ¿Por qué estamos así? ¿Por los imperialismos? ¿Por las fuerzas del mal que se conjuran contra la Argentina? ¿Por la crisis internacional? ¿Por qué somos buenos y los demás malos? Faltó, entre tanta verdad, decir algo más. Muy simple. Muy pequeño. Muy corto. La culpa es de quienes invocando al peronismo eligieron el camino más fácil: distribuir sin crear. Podríamos evocar la flexibilidad exagerada de Ricardo Otero, que como ministro de Trabajo antentó contra la propia autoridad sindical. La culpa es de nuestro nacionalismo adolescente. Nuestro dirigismo ineficiente. La culpa es del populismo a la bartola que hemos practicado en estos inolvidables tres años. La culpa está en nosotros. No en los otros. Pero éste sería un acto de sinceridad tan ajeno al quehacer público nacional que terminaría demolido el hábito de mentir o de buscar chivos emisarios. ¿De qué vivirían después los dueños de las metáforas y las consignas liberalizadoras?

Es más fácil cargar la responsabilidad a los periodistas, a las multinacionales, a los "entreguistas" o a los programas de televisión, aunque el Estado sea el propietario de todas las emisoras.

LA Argentina, su país, el mí, está vaciada. Y cuando hay vacío de poder o el poder se recompone, o lo ocupa la izquierda nihilista o las Fuerzas Armadas. Inevitablemente.

No había un golpista en la República la noche del 11 de marzo de 1973. El Gobierno tuvo el raro privilegio de fabricarlos.

Hay que reparar el país. Reparar, semánticamente, quiere decir, "componer, enmendar el menoscabo que ha producido una cosa. Corregir. Remediar. Desagraviar al ofendido. Restablecer las fuerzas. Retomar el vigor..." la reparación, según el Diccionario, consiste en "la acción y efecto de reparar cosas mal hechas o estropeadas".

La Argentina ha sido estropeada.

Hay que repararla. ¿Quié lo hará? ¿Cómo se hará? ¿Pagarán alguna vez una penitencia los que destruyeron a la Argentina? ¿Los que nos dejaron sin un lugar en el mundo? ¿Los que nos empobrecieron a todos?...

No sé si pagarán. No es mi tema. Me pregunto, a mi vez, si este Gobierno, incapaz de asumir su propia condena, puede reparar. ¿Quién no admite haber hecho daño, está en condiciones de rectificarse?

Estos son apuntes para la Argentina que vendrá. Lo que he escrito hasta aquí, es la Argentina que fue. Podría titularse así: "Ayer, Argentina..." ¿Quién reparará? Nosotros. Todos. Usted, que reclama por alguien que ponga orden en el país y no logra poner orden en su hogar... Usted que lo pide todo de los demás. Usted que busca "salvadores", pero que no quiere arriesgar nada. Usted que al día siguiente volverá a templar la queja cuando sea exigido como todos a cumplir con la reparación nacional. Esto no será un desfile donde otros marchan y usted aplaude o mira. ¿Quién lo hará? Una clase dirigente. Que será convocada.

Diremos aglún día que los militares no buscaron el Poder. Pero que el vacío de poder buscó a los militares.

Tal vez, también debiéramos afirmar que todos deseamos la democracia como expresión de las mayorías eligiendo a los mejores y no la democracia seleccionando a los peores.

Tel vez tengamos que repensar el país. Mudar la mentalidad. Pero no la del otro. La suya. La mía... Tal vez los días que vienen no serán cómodos para nadie.

ESTO no es un editorial. Es una confesión. Un desgarro íntimo. No es un ataque a la democracia. Muchos sectores que entre 1946 y 1955 no le dieron tregua al peronismo y pusieron lupa grande sobre cada uno de sus actos, esta vez acompañaron el proceso, a veces se sumaron a él, para no dividir más al país de lo que está. Para que no hubiera excusas. Se hizo una oposición casi delicada. En punto de pie. ¡Fue inútil! Pero queda la conciencia limpia. Si los protagonistas fueron piadosos, la historia de estos 3 años será impiadosa.

Nada de esto hará cambiar el pensamiento presidencial. Todo lo que pasa "es por culpa de los periodistas y de los Permisionarios del Mal". Faltaría que en algún mensaje póstumo se nos explique que el Poder no se equivocó ni se contradijo jamás, sino que "el país es ingobernable".

Atormentados por nuestro "mea culpa" y aguardando el hacha y "el látigo" prometidos no escribimos más. Tal vez el silencio resuelva "la emergencia nacional". Tal vez con periodistas mudos y ciegos el país se "salve".

Así sea.

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