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Los Militares, un año despues, Marzo de 1977

REVISTA EXTRA - AÑO XII - Nº 141 - MARZO 1977

LOS MILITARES, UN AÑO DESPUES

Hace un año presidía la República Argentina María Estela Martínez de Perón. Todos clamaban a gritos por la presencia militar. El derrumbe estaba a la vista. Ahora, los militares que llegaron al Poder empujados por el deseo mayoritario del país –incluidos los peronistas que habían depositado 7 millones y medio de votos- están en pleno proceso autocrático. Es decir, retratarse y retratar. Una especie de "qué hicimos bien, qué hicimos mal... qué no hicimos". Es bueno que así ocurra. Porque si el juicio o la censura fuera externa, siempre habrá reacción a flor de piel. Sarpullidos. Molestias. En cambio así son ojos máximos de las cúpulas armadas los que revisan el escenario de su actuación. Solamente un documento está editado: el de los almirantes. En estas horas los brigadieres comienzan su autoinspección y en días más, los generales.

Los almirantes, según trascendió, están preocupados y ocupados por la situación socioeconómica. Muy difícil. Complicada. El pueblo respondió en el sacrificio: se redujo el poder adquisitivo del salario. Se mejoró en algo la producción. Ya no hay climas de intolerancia sindical en la industria, de patoterismo y de ausentismo masivos. La "buena letra" se nota. En cambio no hay inversión ni reinversión; tampoco reducción apreciable del déficit fiscal ni tendencias claras de que se logre eliminar la "timba financiera" donde se ha legalizado la inflación en un casi 10% mensual. ¿Quién va a mejorar su fábrica y su riesgo de producción si tiene a cubierto su capital de este otro modo? También el alto nivel marinero evidencia su desafecto a instrumentaciones del Ministerio de Trabajo (Ley de Asociaciones Profesionales y formas tibias de acción en los sindicatos sería la acusación) y al funcionamiento del Ministerio de Educación que pueden o no pasar por el titular, profesor Ricardo Bruera. Han hecho cosquillas...

Los brigadieres seguramente coinciden con este diagnóstico. Pero pueden profundizarlo en el área económica, haciendo nombres propios sobre algunos secretarios de Estado que a juicio de la cima aeronáutica revelan falencias a la hora de tomar decisiones. Cuestionarían concretamente a dos o tres colaboradores del ministro. No a Martínez de Hoz en sentido recto. Entienden "los hombres del aire" que algunos funcionarios es más lo que han dicho que lo que han hecho. También enjuiciarían a la Cancillería y el comportamiento de algunos sectores empresarios, de los que darían nombre y apellido (también en Marina hay malestar con la inconducta de algún núcleo industrial ávido). El uso de los medios de comunicación oficiales no estaría tampoco ajeno a un replanteo.

Los generales ubicarían primero en el ranking de su inquietud el "caso económico-social", porque entienden que debido a su implementación el Gobierno perdió consenso político en los últimos 90 días, habiendo crecido un malhumor y una incredibilidad –llámese desánimo- que rozan y lastiman todo el proceso. Si Martínez de Hoz tiene o no tiene 4 meses más para corregir las desviaciones y modificar su ruta, puede ser un rumor. Pero que se la transmitirá crudamente el cuadro de situación que observa el Ejército, no cabe duda. Aquí se utilizarían dos "obsesiones" del presidente Videla que siempre tiene a flor de labios: 1º "Uno de los problemas que ha padecido la Argentina es la distorsión entre los que se dice, lo que se hace y el resultado de lo que se ejecuta". 2º "No propiciamos el inmovilismo. Es una imperiosa necesidad del gobierno de las FF.AA. no aislarse. Porque correríamos el riesgo de sectorizarnos. Es imprescindible el consenso. Si no, volveríamos a los tradicionales ciclos pendulares de gobiernos fuertes y débiles, militares o civiles. No se caerá en la tentación del elitismo. No buscamos la uniformidad. Debemos combatir las prácticas monopólicas, la evasión fiscal y previsional, la intermediación parasitaria, las políticas impositivas que castigan al consumidor y terminar con determinadas cláusulas de los convenios colectivos que dan privilegios a un gremio sobre todos...".(Declaraciones a "Clarín", que no hay que olvidar.)

Pero no toda la autocrítica militar hará su residencia en el cuadro económico-social. Hay ansiedad en muchos oficiales –y en el jefe del Estado y sus asesores inmediatos es fácilmente observable- por ampliar la convocatoria a otros sectores civiles, por no estar solos, por compartir más aún el proceso. Esto se notará en el memorial.

El procedimiento de estos días será así: los altos mandos de cada arma elaboran su mensaje. El comandante en jefe –Jorge Videla, Emilio Massera, Héctor Agosti- tienen facultades de modificación dentro del pensamiento totalizante que reciban en sus manos. Pueden poner más o menos temperamento en la redacción. Reducir asperezas o aumentarlas. Y en una reunión conjunta, deben englobarse los tres pensamientos en un pensamiento único que conocerá la opinión pública. Bien cuando hable el teniente general Videla a todo el país el próximo 24 o bien por cuerda separada como documento único de la Junta de Gobierno.

El muy bien escrito y mejor dicho discurso del almirante Emilio Massera al honrar a Guillermo Brown, provocando, excitando el acompañamiento civil, y las declaraciones del presidente Videla a periodistas de la Casa de Gobierno a 11.500 pies de altura, aceptando que éste puede ser "un año político", marcan el compás. "No hay sensualidad de Poder ni ambición, de eternizarse en el Gobierno" (Videla). Tampoco, ganas de salir volando al primer chirlo. Porque asumir hace un año no fue una "vocación" ni un "hobby", sino un episodio histórico imprescindible e inexorable. Ni el más obtuso político quiere elecciones mañana mismo. Sería ganar para volver a caer. 24 millones de argentinos no piensan en la urna aunque todos crean en la democracia. O casi todos. Pero un año después me obligan a mi propio mensajito; a) Hay que salir del "bloqueo" económico, que ahora tiene cierto desencanto porque se exigió mucho y se ve poco, y dedicarse apasionadamente a cómo debe ser el país normal, más allá del precio de la carne, la inflación y de las culpas que las empresas automotoras le achacan a SOMISA de los insaciables aumentos por cada cuatro ruedas. Si no fuera así arreglaríamos la economía, y punto. b) Un año después, "pedir memoria", pero a la escena, no a la platea. La opinión pública no tiene más remedio que tener memoria; pero algunos amigos que pedían a gritos la presencia militar en el Poder hace 265 días ahora, parece, la han perdido. "Miden todo con el mezquino metro de sus intereses menores" (Massera). La buena memoria y la conducción son obligación de una "clase dirigente" o de dirigentes sueltos. Los pueblos, con buena o mala memoria, no inciden cuando la urna está clausurada.

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