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Los militares y el “service”, Septiembre de 1977

REVISTA EXTRA - AÑO XIII - Nº 147 - SEPTIEMBRE 1977

LOS MILITARES Y EL "SERVICE"

Todos estos días, usted y yo, estaremos tal vez muy ocupados siguiendo la trayectoria del presidente Videla en EE.UU. Tratando de devorar los intersticios del "mano a mano" con el presidente Carter. El perfume que desde Washington ambienta a América Latina en materia de derechos humanos y de democracia representativa han de constituir los argumentos fundamentales que transpirarán tras la fachada de la firma del Tratado de Panamá. Hizo muy bien la Argentina en ir; nos parece ideal no eludir los temas del continente y de cada país-nacional. Nadie se ata a nadie, pero todos dependemos entre sí, nos guste o no. Lo que disgusta es tener monitor, pero no diálogo franco.

Usted y yo nos vamos acercando al fin del año. Difícil, como todos los últimos 30 años. Con objetivos bastantes fijos y con rumbos no tan rigurosos. Hay desvíos que la realidad o la disidencia obligan. No asustarse. Es natural en la vida de cualquier ser humano, ¿por qué no en un gobierno?

Los temas salientes son los mismos:

El esquema de Poder. Al parecer, ya habría clara idea en el Ejército de mantener la actual situación hasta el 24 de marzo de 1979. Es decir, el teniente general Jorge Rafael Videla como presidente de la Nación y comandante en jefe del Ejército. Esta decisión será comunicada a las otras dos Fuerzas que tienen voz y proporción -33,33%- propias. Nadie puede apostar seriamente a una discrepancia muy honda sobre el tema, aunque no se esté de acuerdo.

Decir que Videla tiene la inmensa mayoría del paquete accionario del Ejército no significa afirmar que "hay un amén a todo". Puede haber ritmo, u otros, que sobra diálogo. Son seres humanos con juicio propio que admiten la voluntad mayoritaria o de gestión como en cualquier directorio. No está en juego la estabilidad presidencial en cada objeción. Justamente, difiriendo en la instrumentación, no se deja de otorgar por lo menos el 95 por ciento de las acciones al sensato y lúcido mandatario. Esto es posiblemente lo que no entienden los eternos jaqueadores que dicen "estar en la pomada" cuando lanzan sus rumores en el Gran Club de la Murmuración Nacional.

Como de "la suerte" de Martínez de Hoz y sus impugnadores ya nos ocupamos en otro sitio, creemos que en orden de prioridades avanza el Proyecto Nacional. Es decir: el libreto. Es clave. Hay quienes lo toman como una "boutade", convencidos de que "somos un país de coyuntura"; otros, lo admiten como el "leitmotiv" esencial para alcanzar la otra orilla y dejar atrás las vicisitudes. Hay quienes se indignan ante la constancia de Díaz Bessone y, escépticos, creen que se está ante una gran pérdida de tiempo, y están quienes han asumido seriamente esta idea, convencidos de que esta vez y para siempre construiremos una democracia eficiente, gobernada, con autoridad adentro. Las dos tesis conviven mal, pero conviven. La relación ilusión-frustración sigue vigente en un país donde casi nunca lo que se dijo fue lo que se hizo. Unos se muestran fastidiados por el largo peregrinaje de 12 o 15 años estimados para desembocar en un presidente constitucional y otros entienden que las consultas seguirán avanzando hasta asumir el compromiso histórico que permita a los argentinos entre 30 y 60 años saber cómo será el futuro y en qué sistema institucional nos instalaremos. Porque hasta aquí hemos vivido en el subibaja de gobiernos elegidos que casi nunca terminaron su misión y de regímenes

Militares que terminaron yéndose apresuradamente. Unos y otros, mal o bien, interrumpieron abruptamente su cometido. El país quedó siempre a la imtemperie. ¿Es evitable? Se entiende que sí y se harán las propuestas consiguientes.

Lo que intento expresar de aquí hasta el final del editorial no es ni mi estado de ánimo ni mi convicción, sino simplemente el pensamiento que anida in-te-gral-men-te en las Fuerzas Armadas. Voy a tratar de utilizar términos comprensibles y simbolismos adecuados. Los militares se sienten hoy como bomberos que fueron convocados para apagar el incendio y a los que, una vez, cumplida la ardua tarea, con costos altísimos de vida, asfixias y otros dramas, algunos sectores –dueños de aquel edificio- tratan de hacer que vuelvan lo antes posible al cuartel a esperar el próximo incendio. Quienes vistiendo el uniforme meditan sobre el tema entienden que "esta vez no vinieron a hacer un «service» y punto". Delinear el nuevo código de edificación. Evitar los riesgos. No estar entrando y saliendo del cuartel con la autobomba y su consiguiente estruendo. El "service" se está haciendo: limpieza de la guerrilla, ordenamiento prolijo de la economía, gravitación de la moral en la vida argentina para acabar con las nostalgias pecaminosas. El mantenimiento es el libreto. Es decir el nuevo edificio institucional.

Hasta aquí les cuento cómo va la película. No me pregunten cómo termina.

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