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¿A quién se lo ocurre suprimir el Ministerio de Economía...?, Marzo de 1980

REVISTA EXTRA - AÑO XV - Nº 177 - MARZO 1980

¿A QUIEN SE LE OCURRE SUPRIMIR EL MINISTERIO DE ECONOMIA...?

Tengo frente a mí cien cabos sueltos. Confieso que no sé dónde empezar. El diálogo puede ser tema prioritario. ¿Lo es? Debiera serlo. Hay confusiones que rondan los optimismos exagerados y los pensamientos sin remedio. Pero se puede ordenar la realidad si uno no tiene expectativas enloquecidas. (urnas ya mismo) o escepticismos irremediables ("los militares no se irán más"). Ni una cosa ni la otra. Ni blanco ni negro: gris. Los radicales –que están de moda últimamente- han planteado claramente sus exigencias: 1) se conversará con las autoridades partidarias, exclusivamente. Que es como decir, y con verdad, "Balbín es el radicalismo". Si no, no habrá cita convenida. 2) Interrumpir el actual sistema por el que el presidente de la República y los gobernadores son elegidos por la voluntad exclusiva de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas. Piden participación en esa selección-designación desde ya mismo. Tomo fuerte en la reclamación. Y será aguda, tal vez, la respuesta. Aunque los modos del presidente Videla son siempre armonizadores y suavizantes.

Sobre "duros" y "blandos" vale la pena una reflexión: los argentinos creemos en las cosas por las cosas. ¿Es dura el agua? No. ¿Es blanda? Sí. Sin embargo nada hay más duro, persistente y horadador de la roca que el agua... La carne protege el hueso en la conformación fisiológica. El hueso se rompe más fácil y aparece como más duro. Estas meditacines vienen a cuento cuando en la frívola nomenclatura nacional se divide a algunos jefes y oficiales de las FF.AA. con el facilismo de "blandos y duros".

Tomemos un modelo: estos 4 años del Proceso tuvieron en su cúspide como presidente a Jorge Rafael Videla. Nadie lo calificó de "duro". Todos arrimaron a sus virtudes algunas páginas menores: "no tiene voluntad de Poder", "le faltó ejercer el mando", "no golpea la mesa con el puño fuerte en la discusión", "deja hacer". Y sin embargo, bajo esa jefatura, el país derrota a la subversión, ordena la crisis, sale del caos moral, ingresa en zonas de seguridad, limpia su fachada. Si acusamos a Videla de "blando" podríamos decir que el éxito de la blandura no es de desdeñar. Por eso resultan caprichosas e injustas las etiquetas. Lo que sí prueba la vida es que quienes tenían razón y gritaron mucho perdieron la razón que tenían. Y que si los sindicatos, los partidos políticos, las organizaciones empresTrebuchet, trebuchet ms, verdana, ariaLes y no pocas entidades culturales tuvieron paciencia con actitudes o estrategias que no compartían fue por el "estilo" prudente, cauto, pundonoroso y no arbitrario de quienes constituyen el Poder: llámese un día Viola, otro día Lambruschini, una tarde Agosti y otra Graffigna, Massera o Galtieri. Muchas veces se ha invocado la necesidad de tener gestos más fieros, casi de guapear, y de definiciones donde la autoridad asomara con ferocidad –ferocidad que los argentinos a veces usamos para convivir- pensando que ello colocaría a la sociedad bajo control. Y no es así. Tal vez si desde el Poder se hubieran aplicado rigores ultramontanos, mucho antes hubiéramos desembocado en un proceso electoral precipitado, en convulsiones, en réplicas frontales o clandestinas. La paz social, hasta aquí lograda, tiene mucho que ver con el carácter –sin exhibicionismos- de los protagonistas de la escena nacional. Si me gritan, grito. ¿O no?

Entre los cabos sueltos también la realidad económica. Con un resultado relativo Martínez de Hoz puede despedirse de su cargo ministerial en 1981, cómodamente. Habiendo cambiado las reglas de juego, con otras propuestas a la vida industrial, con un país distinto. ¿Si puede ser canciller como se murmura? La primera oposición estaría en la mujer de Martínez de Hoz. La segunda, en él mismo. ¿Embajador en los EE.UU.? Tal vez sería un destino que admitiría. Pero mientras tanto en círculos muy íntimos se asegura que, "con éxito o sin éxito", en 1981 se suprimiría el Ministerio de Economía (no tan sólo al ministro) como estructura para restarle importancia visual en el destino del país. ¿Por qué no le pueden encontrar un reemplazante de nota a Martínez de Hoz? Aceptar este argumento –y aun reconociendo la esencialidad de "Joe"- sería dudar de otras aptitudes que andan sueltas por la República. Admitir ese dato sería como transformar al ministro en único. Después de él... la soledad, el abismo, la nada. ¡No! A quienes andan con el proyecto de la reducción ministerial a mínimas vivencias se les ha ocurrido que es mejor repartir bien repartida la decisión. Evitar que el administrador, el laudador alcance parámetros descomunales. Una suerte de miedo al poder máximo. A que alguien se transforme en primer ministro como consecuencia de la magnitud que absorbe la conducción económica. Sin negar que es una tesis preciosa y preciosista vale la pena apuntar que la decisión dispersa le hace daño a la sociedad. que volver a la era en que desapareció el Ministerio, cuando Aldo Ferrer vio interrumpido su ciclo, es repetir viejos errores. Que muchos de los secretarios de Estado actuales y subsecretarios que han manejado y ordenan los hilos actuales tienen experiencia invalorable. Y que salvo que el planteo económico fracase y se prefiera otra estrategia diametralmente distinta sería pena no usar gente con vida ya vivida en la materia. Por supuesto las apuestas están cruzadas: hay quienes sostienen que "no quedará nadie" –como aquella expresión babilónica: ni piedra sobre piedra- y quienes afirman que hay nombres que pueden seguir perteneciendo a la conducción económica después de 1981, como Juan Alemann, Martín Braun, Alejandro Estrada (a quien algunos tildan de conflictivo por su agresiva sinceridad) y tal vez Guillermo Klein. Entonces el nuevo ministro tendría una base donde sustentarse. Ta; vez prefiera su propio equipo y romper un poco la monotonía de la continuidad. Pero reducir los decibeles del Ministerio y transformar cada área en una suerte de "tribu propia" tal vez sirva a la no consagración del culto a la personalidad, pero haga nacer un campo de Agramante de "todos contra todos", explotando así la tendencia individualista nacional. De esa dulce enfermedad llamada ingenuidad tenemos que ser dados de alta. Urgentemente. Las reformas por las reformas mismas constituyen, a veces, un reconocimiento de errores cometidos, pero en otros casos agravan el ayer, y la historia siempre devuelve los errores como el mar a sus víctimas.

Parece prematuro el tema. No lo es. Está oyéndose cada vez más fuerte en los pasillos que importan. Por eso hay que tener cuidado con lo que se haga. Hace poco escribí y repito ahora que "buscamos la aprobación de los demás y renunciamos a la nuestra; hay una infidelidad superior que consiste en buscar la lealtad a los demás mediante la traición a nosotros mismos. ¡Cuidado!

Ya volvieron los chicos al colegio. El verano se va. Llega, ahora sí, "el año". Vale la pena recorrerlo para adelante. La vida se volvería insoportable si uno recordara todo. El secreto consiste en elegir lo que uno debe olvidar.

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