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Conciencia Conciencia, Marzo / Abril 1978

REVISTA CREER - AÑO III - Nº 36 - MARZO / ABRIL 1978

CONCIENCIA

El 5% de aumento en los valores de las naftas, el querosene, el fuel y el diesel, amén del transporte público, del gas y de las tarifas económicas, creó un sentimiento de mal humor en los dos niveles: la opinión pública y la clase dirigente. No por menos anunciada o, si se quiere, por prevista, sino por "el momento" que se está viviendo y porque desde el punto de vista psicológico derrumba, más allá de la razón o no de la suba. Esta decisión tapa la pequeña alegría de la inflación del 6% que se vivió en febrero. Amortigua la tendencia a la esperanza. Mortifica la ilusión.

Pero además recrea un sentimiento que está viviendo en casi todos los consumidores, grandes y chicos. ¿Cuál es? Tomar conciencia de la conciencia del abuso. La sensación clarisima de que todos abusan. Si se quiere... de que todos abusamos. Que hay recesión con aumentos de precios. Que se venden menos productos industrializados, pero más caros. Que en vez de que la baja de consumo abarata, encarece. Un mundo al revés. Un país que se escapa a todos los pronósticos del mundo. Y a todos los diagnósticos. Que el Estado se aprovecha de nosotros; cada día nos cobra más por peores servicios. Que no es correlativa la elevación de valores con disponer de más y mejores bienes.

Voy a dar mi ejemplo: yo recibo y pago la bonificación del 5% de teléfonos, pero mi aparato 44-5521 no funciona desde hace meses, con milagrosos intervalos en los que me comunico. ¿Cómo me debo sentir? ¿Feliz?

Se dirá que no se puede analizar el proceso desde un ángulo tan personal. Lo admito. Sólo que, como yo, millones de argentinos hacen la gran cola de la fe, esperando que todo mejore y su teléfono... funcione. No hay impaciencias adolescentes... no hay mala fe... hay cierto desencanto... Antes, la orilla económica del 24 de marzo de 1976 y su caos quedaban más cerca. El tiempo aleja la excusa y la mejora en servicios indispensables amanece tarde.

Los ministros de Economía, además de no prometer un "jardín de rosas" -y eso lo admito- debieran cuidar el mal humor de la opinión pública. Insisto: nombrar asesores psicológicos a nivel ministerial les impediría cometer pequeños actos que son vividos como conciencia de abuso. Yo no puedo prescindir de la luz y acaso el teléfono, en un mundo que pretende estar comunicado, y las tarifas se me hacen inexorables. O pago, o pago. Puedo evitar hacerme un traje, ir de veraneo o dejar el cigarrillo. Se abusan de nosotros donde somos impotentes. Y eso duele. Rebela.

Dejemos la economía; pasemos a entablar trato con la llamada propuesta política que ya elevó el Ejército a la Junta Militar, en cuyo poder obraría también una idea sobre el mismo tema vertebrada por la Marina. Faltaría el acople de la sugerencia de la Aeronáutica, y una vez en posesión de los tres esquemas, seguramente estudiados por una comisión integrada por oficiales de la mayor graduación de las tres armas, se tendrá un Proyecto Definitivo, que podría empezar por cambiarle el rótulo de propuesta política, porque enhebraría lo social y lo económico. La sensación que se tiene es de profundizar la presentación de un libreto mayor, donde los cuatro o cinco temas fundamentales de la República, los que convoquen a los grandes acuerdos o a las grandes disidencias, estén definidos en una filosofía precisa. El que se quiera sumar a esa valoración, lo hace, y ya se sentiría formando parte de un Movimiento Nacional de Opinión; el que por matices estuviera opuesto -insistimos: por ma-ti-ces- ocuparía la vereda de enfrente como opositor -dentro del sistema o del libreto- y el que difiriera fundamentalmente tendría que sentirse automáticamente excluido de toda posibilidad dirigente. No excluído, sino excluyéndose. Que es distinto.

Para que así sea, la propuesta tendrá el suficiente pragmatismo como para no molestar a ningún independiente -que deben sumar mayorías- ni tampoco a los dirigentes y partidos moderados. Los temas a incluir podrían ser éstos: rol del Estado; composición de los partidos políticos en sus cuadros internos como para lograr idoneidad en sus dirigentes; economía abierta o cerrada; papel protagónico de la Universidad; formas de la educación; ubicación argentina en el escenario internacional; protagonismo de los sindicatos obreros y de las organizaciones empresTrebuchet, trebuchet ms, verdana, ariaLes; elecciones, empezando por las municipalidades, siguiendo con gobernaciones y terminando en la cima presidencial. Todo sin fecha, por supuesto.

Demos vuelta la hoja: Francia. Más allá del "empate" registrado en la primera vuelta y del apretado triunfo del centro-derecha en la segunda ronda, me llamó la atención un detalle: el votar no es obligatorio y sin embargo el 85 por ciento de los franceses fue a las urnas a depositar su sufragio con un sentido total de su responsabilidad comunitaria. Se jugaba la suerte de un tiempo del país y hubo conciencia. El voto no obligatorio es una gran idea porque pone a prueba el grado de indiferencia o de participación de una sociedad. Y haya votado como haya votado el ciudadano francés reveló su personalidad concurrente. Es decir, que no es sólo una persona preocupada, sino ocupada en manifestar su opinión.

Y hablando de opinión: en la Feria del Libro que recorrí, y donde viví el fervor de otras muestras, me topé con un hombre inteligente: Raúl Casal, secretario de Estado de Cultura de la Nación. Lo vi obsesionado con el tema de los principios y de los valores. Me sumé a su obsesión. No me costó ningún trabajo. Porque creo que es inútil arreglar la economía y dar otras batallas decisivas si no elaboramos los principios sobre los que funcionará la Argentina que viene, que no puede consumirse sólo en el materialismo de la balanza de pagos o de las tasas de interés o que nos presten más de lo que invierten. Y Casal me dejó en el oído, zumbando, dos juicios: 1º) Carlos Pellegrini, refiriéndose a la generación del 80, dijo que había sido lo que fue porque alguien -un distinguido profesor francés cuyo nombre escapa ahora de mi memoria- le enseñó a pensar. Lean bien: el intelectual francés le enseñó a pensar a la clase dirigente de la generación del 80. No a la opinión pública. 2º) Casal cree haber leído de Bernanos una frase gravitante: "Antes, los que hacían catedrales tenían convicción: hoy, los que hacen rascacielos sólo tienen opinión". Magnífico, además: espléndido, porque es verdad.

Se nos mueven todos los esquemas. Todo lo hemos cuestionado. Inclusive nuestra opinión no siempre se casa con nuestra convicción. Tenemos más juicio que creencias. Así nos va.

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