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ARCHIVO - REVISTA CREER
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¿Me permite su contradicción?, Diciembre / Enero 1979

REVISTA CREER - AÑO IV - Nº 45 - DICIEMBRE 1978 / ENERO 1979

¿ME PERMITE SU CONTRADICCION?

Este editorial –es vanidad llamarlo así- tendría que haberlo escrito con una radio a transistores, con un vidente al lado y, además, con un futurólogo en la cabecera de la cama, para poder así "administrar el instante" y tutearse con el futuro. Redacto cuando está por hablar Martínez de Hoz anunciando las últimas escaramuzas contra la inflación –y seguramente sorprendiendo a no pocos ortodoxos del liberalismo "a la antigua", según me comentan los íntimos del ministro- y mientras 25 millones de argentinos están pendientes aún de la derivación bélica o pacifista del dilema Beagle, que permaneció envuelto en polvo durante 100 años y tiene que resolverse por estas horas. Como verán, un profeta tendría que ocupar mi módico sitio. Tal vez por eso voy a saltar "el momento", porque me puedo equivocar más de lo que riesgosamente acertaría si produjera algún vaticinio. Inflación y Beagle tienen zonas ingobernables. En estos dos frentes de batalla puede "estallar" la paz, pero también la guerra...

Miles de carillas se han escrito por estos días sobre ambas situaciones. La Nochebuena se aproxima, y pase lo que pase será una Navidad compungida, preocupante y, en algunos sectores humanos, triste. Aunque la emoción domine a la razón, y hasta la derrote. Si nos paramos en el 24 de marzo de 1976 y oteamos el iluminado de ilusión en casi todos los matices. Creíamos ver "la luz" en la oscuridad económica; seguimos apagados. Hubiéramos anticipado –desde el otoño de 1976- que 2 años y 9 meses después un proyecto claro y transparente ya habría, movilizado los nuevos recursos humanos políticos y uno o dos grandes movimientos de opinión estarían marchando, mientras la vieja –y no tiene por qué no ser respetada- clase política conocería también su destino, o su rehabilitación, al conjuro de flamantes reglas de juego, donde antes que asistir a la democracia se democratizara la vida partidaria, para fijar los valores, las idoneidades y las renovaciones automáticas que deben formar parte del "hombre democrático" –o del partido- para realmente ir hacia una democracia gobernada y no seguir girando sobre su mismo eje todo el tiempo, sin trasladarse hacia ninguna parte. También soñábamos –y esto es lo que se cumplió vitalmente- que la subversión estaría absolutamente ultimada y sin posibilidades de reincidir en sus maniáticos torrentes de sangre. En el campo educativo, habríamos apostado a una transformación casi milagrosa pero fundamentalmente inteligente. Y en el "estado de ánimo nacional", una elevada fe, una constante credibilidad hacia los que mandan y en busca de fervor para los que tendrán que mandar –o gobernar, si usted prefiere-, como para asegurarnos no más, no menos, de 20 años de buena calidad en vez de chatura en el arte de manejar y administrar nuestro "desdichado país", con instituciones frescas, rozagantes, con diálogos tan abiertos como se pregona que la economía debe ser abierta; en fin, donde los discursos no fueran por un lado y los hechos por otro. Quebrar el pesimismo y la famosa frase "todos son iguales" o "esto no tiene remedio" era otra quimera. Ni galeras ni alpargatas sería el "slogan" que tal vez pensábamos para inventariar éste nuestro tiempo.

¿Dónde estamos? ¿Cómo estamos? ¿Qué conseguimos de lo mucho que perseguimos? ¿Qué no alcanzamos? El 24 de diciembre se cumplieron 1000 días de gobierno "del Proceso". Buena cifra para hacer balance. Es módica la renta. Alcanza el cielo en la apasionante capacidad de las Fuerzas Armadas para abatir al terrorismo, flagelo máximo de aquellos amargos días del verano de 1976. Se transforma en mágico cuando –fuera de nuestro calendario, perspectivas, pronósticos- organizamos como nadie el Mundial, poniendo en juego toda la riqueza de nuestro factor humano cuando tiene precisos objetivos y plazos fijos para cumplirlos, y ya en el colmo de la primera gran felicidad colectiva vividas por las últimas dos o tres generaciones nos consagramos campeones mundiales de fútbol, superando "el más allá de lo posible" y marcando que cuando hay una buena conducción global –léase Menotti sociológicamente escrito- el grupo humano que sabe dónde va y para qué quiebra contradicciones que son un hábito nacional, extermina el individualismo, las gestiones dispersas y termina coronando la empresa con el éxito, palabra que quisiéramos aplicar a otras disciplinas y dudas argentinas.

Las otras idealizaciones siguen sin rumbo fijo. La economía, encontrando economólogos que explican "lo que no fue". La política, atrasada de calendario, con voces que van y vienen, que suman y restan, y con imcomprensibles actos como la detención de Ricardo Balbín en un restaurante de Vicente López, una semana después de haber estado sentado a 30 metros del teniente general Videla en la cena de la concordia nacional –los ex legisladores, ¿se acuerdan?– y a 24 horas de haber pronunciado la ya famosa frase: "Pase lo que pase no me van a sacar una sola palabra contra el presidente de la República: en un momento lleno de peligros nadie quiere ser un ingrediente de nuevas discordias". Por supuesto, apenas amaneció, advertido de la "prisión" del líder radical, el presidente Videla ordenó su inmediata liberación. Es más lo que hay que reparar que construir. El error trae siempre consigo desgastes de todas las partes. Emilio Romero, un gran español, periodista y político, solía decir: "La capacidad de agresividad la tengo replegada, como los aviones su tren de aterrizaje, y está orientada en estos instantes a salir al paso de los que no se mueven y aspiran a fosilizarlo todo y de los que se mueven sin saber los cálculos de resistencia del país y amenazan todos los días nuestra existencia". Esta frase, dicha en España por aquellos días, puede repetirse hoy en la Argentina, con toda comodidad. Por algunos de los que mandan y por muchos de los que son mandados.

Por supuesto, la educación, que ya tiene su tercer ministro en 1000 días, está aún en pañales, y Amadeo Llerena trata de tapar los agujeros de los edificios escolares, los orificios del sistema universitario, de conseguir un presupuesto digno y, también, de perforar el futuro con una imaginación creadora que permita desde allí acunar una clase dirigente además de producir buenos profesionales que terminan sirviendo en el exterior.

En el campo de la fe, tras el mundial se desvaneció, y como muy bien lo definió César Luis Menotti –el hombre del año en la Argentina, para mí- se transformó en "el campeonato de la nostalgia". Todos añoramos los días felices de junio, como si fueran del siglo pasado. Es que a nadie se le ocurrió proyectar otros "mundiales" con igual devoción, objetivos minuciosos y fechas fijas. Si uno dice "un día de éstos nos vamos a encontrar" es muy distinto que si afirma "mañana a las 11 de la mañana te espero en la oficina". Aquello es propuesta insustancial, abstracta, un "salir del paso", en cambio la hora y el día constituyen "cita concreta". El encuentro irremediable.

En cuanto al descubrimiento y estímulo a una clase dirigente, es una autopía sin crear un sistema inductivo. No me canso de preguntar lo mismo: ¿cómo hace el Poder para divisar a "los mejores" y darles un sitio clave? O ¿cómo hacen los "mejores" para tener su trinchera frente al Poder, para fundar una oposición inteligente, propositora, dinámica, imprescindible inclusive para una democracia castrense?

Termina un año desolador. Nos sentimos mejor a fines de 1976 y 1977.

Si salvamos la paz tal vez se reanude la relación sentimental entre la opinión pública y el proceso. Si lo que se dice es lo que se hace, sin interferencias, nacerá la transparencia y morirá la incoherencia, madre legítima de la contradicción. La contradicción, acaso "una manera de vivir de los argentinos" y consecuencia de una vida pendular, antagónica, que fusila a todas las convicciones y termina en claudicaciones ideológicas y filosóficas, inclusive de bastiones incontaminables. El tema "Papel Prensa", ejemplo vivo de cuanto decimos, será motivo algún día de un debate público sobre protecciones, que son criticadas hasta que el gran crítico recibe la ventaja del privilegio.

Los psicólogos tendrán una enorme tarea en el futuro: en vez de "Cuénteme su vida" podrán, simplemente, pedir: "¿Me permite usted su contradicción? Y al analizarla, tal vez encuentren las causas profundas de nuestra potente debilidad.

Mientras tanto, le deseo un 1979 más suave, con alguna reducción de aranceles, de angustias y del "precio de vivir". Y que, además, si a usted la va bien, pueda afirmar: "Vivo en un país que tiene éxito". Porque hace años que a miles de argentinos les va bien, pero al país le va mal. Ojalá renazca el entusiasmo. El entusiasmo... es la imaginación a 40 grados.

Tendremos Nochebuena o nochetriste

Dios dirá.

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