Napoleón, eternamente moderno, dejó deslizar cierta vez una frase útilmente sagaz y que servía para siempre: "Ponte a la cabeza de los ideales de tu siglo y te llevarán a la cumbre. Ponte en su contra y te destruirán."
Acaso ahí y así esté condensado el drama de liderazgo del que carece Argentina.
Si Argentina, como país integral, muestra al mundo desde su origen como Nación una imagen realmente espectacular, a punto tal que muchas veces flotó la duda sobre si Argentina es Latinoamericana, ¿por qué su espíritu está hoy en crisis? ¿por qué sus instituciones han sufrido los sesgos más increíbles hasta depositarse en el deterioro?
La respuesta se da como sencilla; sus activistas políticos "no se han puesto a la cabeza de los ideales de su siglo". Porque la hora argentina no pasa por el comité. Pero el comité ahora, y ayer y anteayer, domina el clima nacional. porque además la búsqueda del Poder obliga a ir al Comité. A enrolarse. Entonces, pocos enrolados hacen el país para una mayoría no afiliada. Y "los no afiliados" son los que realmente hacen el país.
Los protagonistas no gobiernan.
Nunca se recurre al hombre de empresa que mostró su idoneidad al servicio de una comunidad, plantando la recia fábrica que echa el humo del consumo por sus chimeneas. Se dirá que tampoco el hombre de empresa se acercó al comité. ¿Para qué? ¿Para ubicarse en la cola de la postulación?
En una palabra, los ejecutivos capaces ¿dónde se expresan?
A lo sumo en solicitadas carísimas que tienden a explicar cuántos errores se cometieron con medidas que hay que rever y que, a la hora de su revisión, ya han fracturado irreversiblemente el ámbito económico-social. Porque nunca se lesiona a una empresa sin que también pague su alta cuota de perjuicio el sector humano que a nivel de empleado u obrero la integra.
¿El resumen? O los partidos políticos abren sus cuadros de modo tal que permitan una apertura para los Protagonistas, o se seguirá trabajando inexorablemente contra los ideales del siglo.
EE.UU., por citar un ejemplo, designa generalmente sus embajadores entre los más atinados y visionarios hombres de negocios o expertos. Nosotros cubrimos nuestras representaciones diplomáticas seleccionando compromisos políticos o intimidades familiares. O exilando cómodamente a quien molesta dentro de la República.
Y esto en la anécdota. En el fondo, "los no afiliados", son testigos de piedra, inmóviles, del derrumbe de sueños y de ilusiones que supieron alquilar...