ACABA de volver de EE. UU. El doctor Miguel Podolsky. Es un empresario. Moderno. Apto. Su núcleo económico, en la Bolsa, no sufrió los impactos de la deflación con inflación en que estamos viviendo. Tiene imaginación. Vigila el futuro. Cuando los periodistas y ejecutivos terminaron de abordarlo, requiriéndole juicios sobre lo visto y escuchado, Miguel Podolsky explicó:
-Lo que más me llamó la atención en EE. UU. Es que allí todo el mundo me pregunta: "¿PERO QUE LES PASA A LOS ARGENTINOS?" Y ellos, abiertamente, me indicaron las ventajas de toda índole que tiene nuestro país. Es decir, intentaban convencerme a mí sobre Argentina. A mí, que soy un convencido...Y terminaban diciendo: "Ustedes con comicios y una estabilidad política cierta, en los próximos diez años pegan un salto inmenso".
Y ésta es la verdad. Lástima que tenga que venir exportada. Como muchas cosas que compramos con más gusto, porque esa mentalidad nos fabricaron.
Como nos fabricaron una tesis que era válida para el "principio del mundo", pero que hoy, 1963, no resiste su angustiosa vejez. La antigua idea manejada por antiguos economistas que hallaban en el desempleo un punto de partida para conseguir reducción del costo de mano de obra; destrucción de toda actividad sindical en un clima de deterioro como el que produce la desocupación; entendían, además, que el "obrero defendía mejor su trabajo" y entonces no incurría en indisciplinas gratuitas ni se permitía los lujos de querer que se cumplieran con él las leyes sociales. La idea se sintetizaba así: la desocupación engendra conciencia. El hambre obliga.
En tiempos de esclavitud, perfecto. Sería inmoral, pero hay que ver qué contenido tenía la moral en aquellas horas.
Pero hoy la desocupación como esquema ha sido reemplazada por la "plena ocupación" como idea-realista. Y el subconsumo, por un diagrama recio y cierto para un mundo con densidad demográfica que tiene una sola palabra: consumo.
El hombre no trabaja más azuzado por el hambre. Trabaja mejor si se le dan atracciones y posibilidades. Es decir, televisor, automóvil, buena casa, calefacción, etc. Y cerca, por supuesto, medios económicos. Entonces el trabajador recrea su obligación en función de la necesidad atractiva. Eso engendra esperanza. El hambre inventa extremismos.
Esto es regla de tres simple. EE. UU, el declamado paraíso de la democracia, vive así. Alemania tan trampeada cuando se intenta dar explicación de su milagro, no volvió a la vida económica en el subconsumo. Resucitó en el trabajo pleno, en la vocación acompañada de realidades de su clase trabajadora –que hizo y gozó al mismo tiempo de lo que hizo, sin pasar de un invierno a otro-, y en la genial conducción de una clase empresaria que, además, fue gobierno y todo lo construyó con sentido de "inversión social".
Esa es la clave. Y ninguna otra.
Los adoradores del desempleo y del subconsumo –so pretexto de poner las cosas en orden- no precisan de un proceso histórico para ser juzgados; son idiotas útiles, ya. Ya mismo...
("Y si después resulta que no hay cielo..." MARTA MELO)