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ARCHIVO - REPORTAJES AL PAIS
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Nuestro reportaje a Dios, 7 de Julio de 1963

DIARIO EL MUNDO - 7 DE JULIO DE 1963

NUESTRO REPORTAJE A DIOS

DE TUMBO en tumbo, dejando retazos por el camino, hemos llegado al Día-Urna. Costó. Nuestra paz costó lo que a Inglaterra la guerra. "Sangre, sudor, lágrimas". Primero, combatir y encarcelar a quienes negaban al hombre común su derecho a elegir. A quienes pregonaban la "dictadura buena", el odio indefinido, y se habían transformado en mesiánicos dueños de la democracia. Bajo esa semblanza, al menos, se presenta septiembre, y los comunicados azules así definen su combate: "Luchamos para que el pueblo pueda votar. ¿Lucha usted para que el pueblo no vote?..."

Después de aquel soldado que murió en la patria y que pronto sabremos si murió por ella –cuando la paz y la concordia nos alcancen a todos (amén)-, sobrevinieron los afiebrados días de articular el proceso. De incorporar a un vasto "vasto sector de la vida nacional a la democracia". Hay que reconocer que dentro de las CIRCUNSTANCIAS –no olvidarlas- se comenzó con buena fe esa tarea. Mientras los odiadores eternos daban manotazos aún, queriendo partir el país en dos. Impenitentes y ciegos. Nunca construyeron nada, porque nunca entendieron nada.

Los días subsiguientes trajeron complicaciones. Deformaciones. Hubo en los principales "Azules" total vocación por los comicios y por no aislar a ese "vasto sector nacional" que no es tanto peronista o justicialista COMO CLASE TRABAJADORA. Ahí conviene poner el acento. Si no, es minimizar el episodio y transformarlo en electoralista puro. Hubo también, por parte de los dirigentes de ese "conjunto social", hasta entonces proscripto, sentido de realidad y la resignación suficiente como para admitir las limitaciones que se le exigían para que su instalación –otra vez- en el quehacer argentino fuera dosificada y abriera un crédito de confianza en los sectores llamados antiperonistas o, sencillamente, no peronistas. Era una manera de pagar cualquier deuda con la sociedad.

Se trataba, -¿lo recuerdan?- de no postularse a presidente, a vice y gobernadores en las provincias claves. De que comenzara el diálogo cierto en otros niveles; Congreso, parlamentos, comunas.

Así podíamos hacer el país soñado con todos.

Volver a la Constitución, de donde cada vez que se sale –cualquiera sea la argumentación- se entra en la Aventura y en la Desventura. Volver a la ley.

Más allá de "exiliados, prófugos y confinados", como gusta decir el general Osiris Villegas.

Amar la paz, hacer el país, salir del estancamiento y de la angustia, no necesitan ORDENES DE NINGUNA ESPECIE. Es una suerte de aullido nacional.

Si no, nos sentaríamos sobre las ruinas de la República.

No fue posible. Con la abstención, se quemó otra rica chance de HACER EL PAIS CON TODOS. No volvamos a revisar las culpas; si los azules no cumplieron sus 200 Comunicados, o si el "conjunto social" que salía de su cuarentena cívica violó pactos expresos, o tuvo incapacidad de hacer un Frente compacto, más allá de los ayeres y de los reproches y más acá de reducirse a cenizas en un aislamiento clasista".

La historia juzgará.

El único que ha perdido una vez más, y otra, es el país.

De cualquier modo, ante los comicios estamos.

Nos aterra pensar que la paz social no llegue con él. Pero por lo menos, reducida nuestra capacidad de sufrimiento y de fe, que llegue la ley. La Constitución.

Anta los comicios estamos. Los votos positivos y los votos en blanco tendrán que ser computados, por quien llegue a ser Presidente de la República, como representativos del país todo. No volver a los estúpidos esquemas de exhibir por un lado LA DEMOCRACIA AQUI Y LA NO DEMOCRACIA ALLI.

Abogamos porque hubiera un "7 de julio". Casi desesperadamente. Por salir de la tristeza argentina, de sus fábricas a media faena, de los brazos caídos de sus obreros, de la imagen ajada que ofrece la nación.

Deteriorados, llegamos.

Dios y el alma de aquel soldado muerto en los días de septiembre o de abril sabrá si a partir de hoy, como fuere, nos salvamos de este suicidio lento en el que vivimos.

El reportaje de Dios y al soldado muerto lo harán los días que vengan.

No yo...

("No tema. La Nación no muere nunca..." NAPOLEON)

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