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ARCHIVO - REPORTAJES AL PAIS
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Boca ladra y muere, 9 de Agosto de 1963

DIARIO EL MUNDO - 9 DE AGOSTO DE 1963

BOCA LADRA Y MUERE

MONTEVIDEO.- (Especial) Cuando Boca Juniors sale del país es, para mí, el fútbol argentino. Formulo esta aclaración ya mismo para evitar que los roedores suspicaces –y el mundo está plagado de roedores que inventan intenciones y fabrican etiquetas gratis- entiendan que estoy construyendo desde hace algún tiempo la apología boquense, bien por exitista bien por la vinculación amistosa que une a Alberto J. Armando. Ni Boca necesita de mi apología –nació antes que yo- ni yo preciso quedar bien con Alberto J. Armando. Estoy, pues, en neta función crítica, acompañando sí, con fervor inusitado, este inmenso proceso que procura el campeón 1962 para darle al fútbol de MI PAIS el título de campeón de campeones del mundo. Porque será parte del orgullo nacional; porque estamos hartos de ver ubicar piedras en el camino de las mejores pretensiones; porque así también vamos a demostrar que servimos y a desterrar el extraño "slogan" de los "profetas de la decadencia" que nos motejan de INUTILES y de ESTERILES, de INMORALES Y DE FRACASADOS.

No voy a entrar a discutir si Adolfo Pedernera -UNICO RESPONSABLE- hizo bien o mal el domingo en reservar sus piezas fundamentales y hacer salir a Boca Juniors con una alineación desusada. El Boca Juniors del campeonato íntimo no está en mi esfera ni en mi preocupación. Me importa el MUNDO. La órbita universal. Trascender. Exportar. Y exportar buen fútbol constituirá una novedad entre nuestras "exportaciones tradicionales", y romperemos así la vieja mentalidad que nos condena a "quedarnos donde estamos", a morir petrificados y, últimamente, "a no servir para nada".

Boca está en "la otra". Y si su empresa aún hoy encuentra tan escaso eco como tremenda incomprensión, es porque también en fútbol hay "viejos definitivos", insepultos que quieren frenar el tiempo que vivimos y los acontecimientos que generamos, dándole la espalda a la realidad, gimiendo contra los astronautas, apostrofando a la ciencia y a la técnica. Quejándose, en fin, de los jet. Pobres, salivan al cielo...

II

UBICADA la conciencia y hecho el descargo correspondiente, pasaré al relato más objetivo posible, y más incoherente también, de lo que ocurrió anteanoche en el Uruguay entre la 18.15 –hora clave en que el taciturno Adolfo Pedernera definió la formación del equipo- y a la 0.15, en que ese cuadro, orgulloso pero deshecho, depositó sus trabajados huesos en los 12 dormitorios del Hotel Cottage, ubicado en Carrasco, mirando al mar, en una noche de estrellado concierto celestial y de un frío sin piedad. Seis horas frenéticamente nerviosas que enlazaré de recuerdos, de juicios, de protagonistas, de anécdotas.

18:15 - El Cottage es un hervidero. Cholo Pérez y Adolfo Pedernera aparecen en el halll, donde los jugadores están diseminados en distintas mesas, jugando cartas, charlando.

Pedernera: Dentro de una hora, todo el mundo junto al micro. Salimos para el Centenario.

Jugadores: Bien, señor...

Sale nervioso, excitado, Pepe Peña. Es el "observador". Conoce el paño de Peñarol. Debe haber preparado riguroso informe en la semana. Analiza al campeón uruguayo, como una semana atrás examinó a Universidad. Nadie sabe por qué sale de escape. En fin...Sanfilippo pide en la recepción que le preparen dos sandwiches "grandes" de pan francés –"flauta, si es posible"-, de jamón y queso. Heredia camina de aquí para allá. Le avisaron que juega y está hecho un cohete. Rulli, cabizbajo. Pedernera le habla. Le habla. Se aleja y vuelve. Le habla. Será el Nº7. Errea llama por teléfono a Montevideo. "Lila", su joven esposa ha viajado para ver el espectáculo.

Magdalena es un remanso. Mira todo. Cavila. Tiene 21 años impertubables.

Magdalena: Yo nací en Arsenal. Llevado de la mano del "gordo" Díaz. Como Maschio, Cap, Sivo. Villegas, Ayala...Pedernera me sacó del ostracismo. "Me vio". Tengo un temperamento tranquilo. Me gusta apaciguar. ¿Si aprendí algún oficio? No. Ayudo a mi padre, que es carnicero. Soy de Llavallol. No...no tengo contrato. Me gusta el fútbol pensado. Me encanta reflexionar en la cancha. ¡No, no diga eso! No me siento crack. Ya habrá tiempo...

Entra Alberto J. Armando. Sobretodo gamuzado, de color té con leche. Casi habano. Acaba de llegar a Buenos Aires. Tiene un rostro pintado de responsabilidad. Saluda de lejos a todos y se instala en un "tête a tête" con Adolfo. Juan Sesin –héroe de la Relación Pública de Boca-, en tanto, consigue entradas para viajeros inopinados (1.000 hinchas viajaron) y prepara pasajes para la partida. Los periodistas asedian:

-¿Cómo formará Boca?

Pedernera: Más tarde, en la cancha, colgaré un cartelito en la puerta del vestuario...

-Pero, señor Pedernera...

Pedernera: Pero, no juega... Más tarde. No violo mi costumbre. Va en contra de mis convicciones. Y quiero mucho mi naturaleza humana...

III

19:15 - Ya Pupilli cargó todo en el ómnibus. Adolfo golpea las manos:

-Vamos, señores...

Sanfilippo: Vamos, profesor. (En voz baja a un periodista: Ganamos 3-1...)

Solo jugadores admite el ómnibus. Ningún dirigente. Alberto J. Armando los despide y, tímidamente, alguien le insinúa que vaya con ellos. -¡NO, SEÑOR!... Hay orden de Pedernera; exclusivo para jugadores y técnicos. ¿Por qué la voy a violar yo?

20:15 - Nadie en la casilla, sino jugadores, Adolfo, Cholo Pérez, Deambrossi, Costanzo. Habla Adolfo, largo silencio. Después, un cántico. Después, fornidos tapones dando contra el piso. Después, los once jugadores salen y se instalan en 15 metros de un pasillo. Entran en calor. Spilinga le arroja la pelota a Errea. Este, pálido, aún no repuesto de su malestar estomacal que lo persigue implacablemente desde Chile, Sanfilippo les grita: "¡A MORIR! ¡PAULO, GOL..." Rulli sigue cabizbajo. Pedernera, sobre él. Orlando, siempre sonriente. Es campeón mundial de Suecia. No está acomplejado. Llama el árbitro paraguayo. Se van al túnel.

En el vestuario, entre botines y camisetas de Boca, olor a árnica, a ungüento, encerrado en su soledad y en su fanatismo, erguido pero "filtrado" de inquietud, queda Alberto J. Armando. No verá el partido. Lo sufrirá. Lo "sentirá", al revés que en Buenos Aires; cuando el clamor se transforme en "clamorcito", chiquito, chiquito, chiquito, sabrá que Boca hizo gol. Porque allí hay 50.000 almas uruguayas, enloquecidas de ardor oriental, y sólo 1.000 boquenses, con una bandera...A menos ruido, más Boca. A menos vibración en las tribunas, más Boca.

Se cierra la puerta del vestuario. Armando queda solo con su alma...

IV

21:00 - Un alarido cuando sale Peñarol. Algunos silbidos al campeón argentino. El partido se plantea bien, Rulli, el cabizbajo se "come" la cancha. Enreda a Rocha (organizador de Peñarol). Errea descuelga algunas pelotas inimaginables, dando un paso adelante. Todo lo hace fácil. Lo más difícil lo transforma en suave, en ingenuo, en despreocupante.

Rattín es un pivote. Heredia no etsá. Se va de paseo, incomprensiblemente. Orlando revisa todas las clavijas. Las aceita. Las aprieta. Pone orden. Menéndez y Rojas saben lo que hacen. Sobre la media hora, tanto saben que en una pared larguísima entre los dos, termina el "Beto" con un pase de sortilegio hacia un claro. Entra Valentim. GOL. Estamos sentados entre Sanfilippo, Pepe Peña y Grillo. El "Nene" se eleva como si estuviera en la cancha gritando la conquista. Cien uruguayos le clavan la mirada. Pepe se arruga su morada oreja. Grillo saborea íntimamente. Pero ni se mueve. Atrás, Adolfo y Cholo se revisan con los ojos. Errea, el más importante jugador de Boca –no arquero, eh; jugador escribo-, sigue haciendo proezas. Sobre los 15 minutos, el "Pepe" Sasía le tira, envenenado, sobre su derecha; cuando el "flaco" vuela, Spencer desvía a la izquierda. En el aire, Errea, contorsionista, gira y saca corner.

Sanfilippo: No le hacen gol al "flaco" esta noche.

Pepe Peña: ¡Cuánto sabe!

Grillo: ¡Increíble!

V

21:45 - 1-0. Boca. Vestuarios. Armando obsequia algunos besos. Le cuentan detalles. Adolfo se encierra otra vez en su laboratorio. Sanfilippo se come un sandwich, grande, de pan francés. Grillo, el otro. Me convidan. Muerdo. Sale. Armando queda, otra vez, en su exilio. Menos nervioso.

Segundo tiempo. Boca retrocede sin necesidad. Tiene complejo de 1-0. Quiere ganar así. Y no se da cuenta de que puede morir ASI. Adolfo aconsejó agresividad ofensiva. Pero Rattín se ubica como tapón junto a Magdalena. Beto Menéndez no juega bien sobre la izquierda cuando le toca el campo que hace a su "derecha". Spencer "se limpia", primero, a Magdalena; después a Menéndez. E. González le pega feo a Rojas. Fuera de la cancha. Pero Rulli sigue corriendo gente. Peñarol se va con todo. Matozas (Nº6, marcando punta, pero yéndose; jugador fuera de serie, excepcional) empuja. Errea, dos o tres atajadas inverosímiles. Que, insisto las transforma en fáciles, porque está donde debe. Sale, cubre. Adelanta un metro. Pero hay asedio. Gonzalito suple el trabajo de Beto. Pero Boca no tiene "medio campo". Simeone se agranda. Magdalena hace todo con ritmo de minué. No se atora por nada. Rattín vive encajonado. Cuando sale, Boca es otra cosa. Rojas tiene, junto a algunas genialidades, algunos caprichitos...

Sanfilippo: El partido es para no perder ni una jugadita...

Pedernera (único grito en toda la noche, cuando Rojas lleva): ¡EL DERECHAZO, PIBE..., EL DERECHAZO! Se había colocado Valentim, pero el chico no vio...

Pepe Peña (cuando Errea se queda mucho tiempo haciendo botar la pelota contra el piso): ¡NO ME AGRANDES A LOS CONTRARIOS; NO ME AGRANDES A LOS CONTRARIOS, POR LA... (irreproducible).

Pero Peñarol se agranda. Vienen cien rebotes; cuando tira Rocha. Errea se vuelca bien, pero la pelota da en el estómago de Orlando y entra por el otro lado. Uruguay entero saluda. Pero Peñarol ya no tiene resto. Vivió para ese gol...Rattín abandona la ratonera; Beto saca aire de cualquier parte. Y cuando el 1-1 parece el cemento, Rojas hace lo imposible; le pega el derechazo que antes quería Pedernera, proyectando un callejón inmenso por el que entran a velocidad plena, Maciel, Cano, Goncalvez (uruguayos) y Paulo Valentim, volcado sobre la izquierda. El "demagogo del gol" les saca, a los tres, cuatro metros. Y cuando Maidana sale, la toca suave. La pelota entra pidiendo delicado permiso. Entonces, Pepe Peña, Sanfilippo, Adolfo Pedernera, Ernesto Grillo, Llamil Simes, Cholo Pérez, se transforma en un alarido. Se fabrican abrazos. Se besan. Se atornillan entre sí.

22.50 - Boca ganó, Armando es una fiera en el vestuario. Grita contra los inconscientes y los exitistas que profanaron su idea la tarde de Atlanta. Los llama ¡MAULAS! Y da la casualidad que tiene un micrófono enfrente. Entonces, 20 millones de argentinos lo oyen. Es el hombre y su pasión y su razón. Es la incredulidad muerta a sopapo limpio. Cuando llega Pedernera, el "Adolfo" y el "Alberto", INCREIBLEMENTE, se sumergen en el más estrepitoso abrazo que conozca la historia de este tiempo. Rulli llora. ¡COMO LLORA! Sanfilippo se hamaca en los brazos de Valentim. Errea, solo, se recuesta contra una ventana. Gonzalito se desploma en el piso. Menéndez se quita la camiseta; tiene raspaduras serias a la altura de las costillas. Magdalena, una "rodilla en compota". Orlando, como si nada hubiera pasado. Rulli llora más...Rojas, ahora parece más chico que nunca; hace bromas...Debe creer que ganó un partido de cuarta...Severino Varela viene a felicitar. Entran 50 hinchas. El vestuario se hace de goma. Armando ya es un tanque. "Su mundo" se está consumando. Los periodistas piden opiniones; Pedernera es Belinda: mudo. Las duchas se abren. Y la desnudez se baña.

VI

23:15 - Cena en el Cottage. Vuelta al hotel, en dos ómnibus especiales puestos por Peñarol, cuyos dirigentes atendieron a "Boca" a cuerpo de rey. Todo fue buen gusto. Todo fue estar en el último detalle. Con "ataché" permanente al servicio de la delegación. Ojalá podamos devolver aquí tanta gentileza. El público, apasionado paro honesto. Los jugadores uruguayos, fuertes, y en su mayoría, claros. Sin segundas intenciones. Boca, un ejemplo de urbanidad, buenas costumbres, educación.

En la mesa tendida en el hotel, sobre el filo de la medianoche, cánticos, gritos, la vista ya puesta en Brasil y luego en Italia. Boca, con solo empatar con Peñarol el miércoles, pasa a disputar la final de América. Con Botafogo o Santos. Después, espera el Milán. Uno recuerda que hace un año, A. J. A. y el "commendatore" Rizzoli, presidente del club italiano, brindaron en Milán porque pronto boca y Milán se encontrarán en una final del Mundo. ¡Qué cerca queda todo!

Magdalena se va a acostar. Con él, Aimonetti. Poco a poco todo se despuebla. Armando hace cuentas en una mesa. ¿Recaudará 7 millones de pesos contra Peñarol? ¿Cuánto valdrá Boca, en dólares, si es campeón del mundo? Es una fijación que tiene. Está bien. ¿Qué hombre sin ambiciones, desde Colón a nuestros días, fue algo en la historia?

Claro que a Armando y a Boca les pasará lo que sucede con las revoluciones: si triunfan, todo el mundo estará con ellos...Si no, les volcarán los epítetos que siempre merecen los fracasos...El éxito alumbra siempre el camino. Se pasa así, de demagogo a iluminado.

Depende, entonces, de cómo le vaya en esta revolución...

Solo. Lejos de los que levantan o hunden ídolos.

Y frente a la playa de Carrasco, aprendió cómo son las noches de narices frías. Cuando apagó su cigarrillo Nº43 en seis horas, ya era de día...

("Una idea que no es peligrosa no merece ser idea." OSCAR WILDE)

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