MONTEVIDEO, (AFP). - La administración de los Ferrocarriles del Estado (AFE) anuló la licitación para la adquisición de coches ferroviarios que hace unos meses había sido adjudicada a una firma argentina. La propuesta consistía en la compre de 50 vagones ferroviarios...
El cable del Uruguay es tan escueto que parece increíble que en las 36 palabras que encierra se esconda la historia viva de un país –el nuestro- que busca (suicidamente) su más encendida forma de autodeteriorarse. Es como tener al enemigo debajo de su propia cama. Es como destruir con libelos a la propia familia. Es un afán histórico de degradarnos, de subestimarnos, de mostrarnos al mundo como ineptos. Y son nuestras propias voces las que martillan. Son nuestros dirigentes los vehículos por los cuales se nos hace transitar hacia la tumba gratuita, para acostarnos junto a nuestra supuesta esterilidad.
Caso único en el mundo...
La historia empezó así. Una firma argentina, Fábrica de Material Rodante Ferroviario, se presentó a una licitación en el Uruguay para proveer 50 vagones ferroviarios. Su mejor precio y su superior calidad le valieron que triunfara en la puja, frente a 39 competidores de otros países. Una importante marca japonesa ocupó el segundo lugar. Como corriera el tiempo y, pese a conocerse el resultado, la licitación no era adjudicada (mientras circulaban versiones en el Uruguay sobre supuestas influencias a favor de la firma japonesa), se interesó a nuestro gobierno para que respaldase este ya conseguido éxito argentino de exportación y, con tal actitud, evitar alguna frustración. Compréndase que no estaba en juego el simple hecho comercial de una empresa; eran vagones argentinos ubicados en el Uruguay; mano de obra y material argentinos exportados ganado una plaza que servía de vitrina para otras. Era el apoyo a nuestra aptitud para crear. Era la refirmación de nuestra capacidad industrial, colocando en un puerto extranjero ¡VAGONES! Nosotros, que, a veces, importamos cebolla francesa... Por consejo del entonces Secretario de Industria, Guido Martelli, Argentina resolvió prestar su consentimiento al episodio de la forma más protocolar e ingenua. Una carta de José María Guido a Daniel Fernández Crespo, presidente del Consejo Nacional de Gobierno del Uruguay. No le pedía nada ilícito; nada que saliera de las normas. La licitación estaba ganada; la adjudicación correcta estrecharía los lazos comerciales y estimularía a nuestra industria. Nada más.
Pero, días después, como aprovechando los factores psicológicos del clima pre-electoral argentino, un dirigente al que siempre reputé de serio, responsable y apasionado, Pablo González Bergez, o dejándose llevar por deficitaria información o por exceso de temperamento, denunció públicamente que "EL GOBIERNO ARGENTINO HABIA TOMADO PARTE EN FAVOR DE UNA FIRMA ARGENTINA EN UNA LICITACION EN EL URUGUAY..." ¿No era lógico que asó ocurriera? ¿O Guido debió haber abogado por la firma japonesa? González Bergez posiblemente no sabe que, cuando una entidad comercial extranjera opera en nuestro mercado, el embajador de su país concurre al Banco Central para apoyar la gestión, sin que ello implique dolo, inmoralidad, presión. Los embajadores acreditados ante nuestro gobierno conocen más el Banco Central, para apoyar las industrias de sus países, que la propia Casa Rosada. N Colombia, hace poco tiempo, una firma argentina, Wecheco, para colocar su instrumental (maquinaria pesada) tuvo que competir con ESPAÑA MISMA, que en la persona de su señor embajador recorría NEGOCIO POR NEGOCIO para probar que el precio de la empresa española era más bajo con un interés más moderado y mejor calidad.
González Bergez optó por la "otra". Producir la denuncia por apoyo "a lo argentino" en el exterior. Claro, el tiro iba dirigido al general Taquini y a su condición de titular –ayer y hoy- de la SIDE. Tal el supuesto objetivo. El concreto, el logrado por el ahora diputado nacional González Bergez está sintetizado en las 36 flacas y frías palabras del cable: LA LICITACION FUE ANULADA. Argentina no le venderá al Uruguay 50 vagones ferroviarios. La denuncia de G. B. Provocó escozor en Montevideo y los uruguayos reaccionaron apelando a su orgullo nacional. Quisieron incontaminarse.
Hay como se ve muchas maneras de ubicarse frente al desarrollo de un país. De frenar su expansión. De evitar que se realice. A veces una denuncia así. Construida tal vez al calor de la mejor buena fe. O cincelada por el ardor político. O nacida al conjuro de un riguroso concepto ético que rechaza de plano toda influencia, así tienda a beneficiar al país. Puede ser un "estilo de vida". Un "modo moral".
Con una víctima permanente: el país. Con una tumba abierta gratis. ¿Le hace algún bien a Pablo González Bergez o a alguien, en Argentina, que los japoneses le vendan ahora a Uruguay a los 50 vagones ferroviarios? ¿Estos son los laureles que supimos conseguir? ¿Qué se busca? ¿Detenernos más de lo que estamos? ¿Sepultarnos vivos so pretexto que estamos muertos y que no servimos para nada?
Ahora que Gottheil (secretario de industria) va a Chile con empresarios privados, ¿invalidarán la gestión?
Fatal es la falta de orgullo nacional. De objetivos nacionales.
Nos pueden conducir a anécdotas fragmentarias –si usted quiere- como esta que hoy les cuento. Nos pueden transferir a la zona de la angustia y del desaliento industrial.
Alguna vez hemos leído, como si fuera la máxima expresión de la cursilería histórica, que "ni ebrio ni dormido se debe atentar contra la patria". Y ya no esa frase frívola. ¿Qué hacemos, si no, casi todos los días?
Es una tumba que rechazamos de plano. NO VAMOS A MORIR JUNTO A LA ACTITUD VIEJA. NO VAMOS A PERECER EN LA DESTRUCCION. Aunque este cable que comentamos nos arrugue la vida.
¿Se buscó moralizar o no venderle vagones al Uruguay? Este último objetivo, tan poco nacional, está enteramente cumplido. Puede dormir en paz la denuncia. Pero Argentina, únicamente GRANERO DEL MUNDO, es un sueño de insepultos. No se darán más. Nunca más. Así se sigan anulando licitaciones...
("Las cosas no suceden nunca como se había pensado que sucedieran, pero suceden siempre cuando antes se ha trabajado mucho para que sucedan..." Jacinto Benavente pone estas palabras en boca de Lenin.)