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Boca, suicidio y resurrección, 4 de Septiembre de 1963

DIARIO EL MUNDO - 4 DE SEPTIEMBRE DE 1963

BOCA, SUICIDIO Y RESURRECCION

¿Quiere ver si el santos está "terminado"? Vaya a Río y pruebe...

RIO DE JANEIRO, 5. - La tarde se hacía plomo gris sobre Río. El Cristo, no crucificado, del Corcovado extendía sus brazos hacia la cúpula del Hotel Paineras. Néstor Errea, en un corto salón de recepción escuchaba a Tchaikovsky (sinfonía Nº5 opus 64). Una versión de la Sinfónica de Hamburgo. Su cara traslucía la luz serena de un introvertido, lejos, muy lejos, de la hoguera de un partido de fútbol, en la que él tenía que ser protagonista, acaso máximo, guareciéndose bajo los siete interminables metros de tres palos que habitan un arco. Levantó su diestra y saludó sin palabras para no interrumpir a Tchaikovsky. Beto Menéndez yacía sobre una cama de colchón blando. A su lado, en otra cama, Magdalena entrecerraba los ojos y pensaba en su joven debut en el Maracaná teniendo por misión cuidar al "gordito" Coutinho. Menéndez estaba conversando. Como nunca.

-¿Sabe lo que pasa? Aquí puede haber score de escándalo. Si agredimos nosotros, con fútbol ofensivo, acaso estemos 3 a 0 ganando en 15 minutos. O acaso perdiendo 3 a 0 si ellos contragolpean. Pero no habrá chiquitas. Yo estoy con una fe terrible. "Lo veo" el partido. Lo vengo pensando... Si ganamos aquí, despídanse del Santos...

Tomó la fotografía de su hijita de dos años que descansaba, riendo, sobre la mesa de luz, la miró y sonrió como si él también tuviera dos años. Osvaldo Brandao, por la mañana, había dicho que el "Beto" era el "más importante jugador de fútbol argentino de hoy día".

Adolfo Pedernera se preocupa por explicarles que el campo de Maracaná es grande. 106 metros. Que hay que "saber correrlo". Que una vez el "Charro" Moreno, jovencísimo, pisó el Estadio Centenario y de entrada "dio todo". Cesarini le gritaba que no. Pero Moreno tenía temperamento. A los 20 minutos tuvo que cambiar temperamento por resuello.

Sirvieron la cena: arroz, pato asado y ananá. En el hotel "Novo Mundo", a media hora de automóvil de allí en medio de los 33 grados que a las 20 horas soportaba Río de Janeiro, Pelé "y los otros 10" cenaban bife con ensalada de lechuga, mermelada, agua mineral.

Después, 23 personas brasileñas y 24 argentinas, en ómnibus distintos, por supuesto, llegaron al impotente Maracaná. 

Cuando Hamelin Tocaba la Flauta

Un árbitro francés, alto, desgarbado, sin ganas de correr, que dirigió interpretando con mentalidad europea, pidió la pelota de 423 gramos –tremendamente más liviana que la que mal se usa en Buenos Aires- y la colocó en el centro de la cancha. Unos 300 argentinos, una bandera de Boca.

Armando, con su poncho, es decir, su cábala, quemaba el incienso de sus nervios, de su pasión y de su "expedición futbolística" encerrado en las cuatro paredes vacías, más vacías que nunca del vestuario del Maracaná. No vio el partido.

Adolfo Pedernera les pidió control de "aire". –No picar, sino en seguridad, para el marcaje. "La cancha es grande, hagan caso...". La idea futbolística, la estrategia, era dejarlo a Pelé circulando por donde quisiera. ¿Marcarlo con qué, con quién? No mandar a nadie a ese fracaso que se puede anunciar un año atrás, si usted tiene que suprimirse engrillado a Pelé. Pero cortarle sí sus comunicaciones vitales: Coutinho, Lima (18 años, las sabe todas, hace el medio campo como si hubiera nacido allí).

Pero Boca se suicidó: porque el "no correr excesivamente" no es volverse la mujer de Loth: estatua. El no marcar a Pelé no significa que Coutinho hiciera lo que quisiera. O que Lima y Zito vivieran fabricando moldes para cualquier avance claro, formal, conceptual.

Un Boca agresivo, como tiene que se el fútbol argentino, acaso hubiera aplastado a la no tan idónea defensa del Santos con gente malparada (Dalmo), con devoradores de pelotas como Mauro (número 2) o con insuficientes como Calvet (Nº3). Y hubiera obligado a Zito a no irse. Y a Lima a defender y no crear.

Boca tuvo además gente muy preocupada "mentalmente" por la rentrée: Marzolini, Rattín, el mismo Errea, que tenía serias dudas físicas sobre sí mismo.

Y entonces, Pelé se tiró sobre su derecha. Zito lo acompañó. Dorval arrancaba de atrás, cabeza alta e idea forjativa de fútbol. Marzolini se vio rodeado por "mohicanos". Orlando también. Rattín corría y ponía poca pierna. Magdalena tiene meses apenas de este tipo de "cuna" que se llama Campeón de Campeones: Maracaná. Simeone jugaba carreras locas con el sprinter Pepe.

Y el Santos comenzó a "tocar la flauta". ¿Se acuerdan de la flauta de Hamelin? Cuando tocaba la flauta aparecían los ratoncitos blancos. Aquí aparecieron; en 13 minutos, desde los 17 a los 30, el concierto fue ruidoso. Boca no sabía dónde estaba. Pelé era una máquina de ideas. Coutinho el "gordito" (como dijo algún argentino despectivamente) un fútbol-tromba-gol. Lima, un diseñador. Dorval, el agente de producción de este espectáculo increíble que sólo concluyó cuando sobre las honradas paredes del Maracaná, letras precisas dijeron: Santos 3, Boca 0. Cada 13 minutos así pueden hacer 3 goles. Saquen cuenta de que si juegan 90 así cómo termina.

Allí estaba también la clase internacional; la experiencia; el llegar a ser cumbre en el fútbol. Santos tiene ya años "en ésa". Boca empieza. Está como Rojas, abriendo los ojos, mirando, viendo. 

Con Retirada

Marzolini empezó a renguear. Prepararon a "Cacho" Silveyra. Entró. Tonificó. Adolfo Pedernera pensaba manejarse con dos cambios; si se iba ganando y Rattín no resistía, ubicarlo a Rulli de Nº5. ¿Asombro? Si se precisaba ganar y Rojas no "resoplaba" por la largueza del campo, entonces penetraba Cacho Silveyra como Nº8. ¿La gente dirá qué locura? También de Colón...

Uno u otro, según indicara el partido la necesidad de agredir o defenderse. Pero Marzolini rompió la idea del "banco". Cuando salía, recuerden esta anécdota, le dijo a un reportero brasileño ante un micrófono abierto:

-Me voy golpeado. Pero son bárbaros estos del Santos. Amagan por aquí y se van por allá...

ANOTEN, por favor. Los 300 argentinos, bandera en mano, oraron por Boca. Aquí se venía toda una mentalidad y una empresa abajo entre las crudas sonrisas de muchos que están "en ésa". Masoquistas. Dueños del atraco a nuestro orgullo nacional. Vendedores de pesimismo. Propietarios del "TODO ESTA MAL".

Rojas se acordó que la pelota pesaba 425 gramos. La recibió y tiró. Un balazo. Un palo que se dobla casi sobre las espaldas del elegante Gilmar. Después pegarían en las maderas, shots del Sanfilippo (2) y del Beto Menéndez.

Después, Santos se iría al vestuario con 3-1, aparentemente respirativo.

Aquí una detención: el tercer gol del Santos fue de cuento. De película. Con un amague de cintura, un amague no más, almorzado por 4 o 5 hombres de Boca que lo digirieron, Pelé se comunicó con Lima y lo dejó augustamente solo ante Errea. Fatal. De novela, el gol. (Errea me diría después en el vestuario, muy apenado: "La culpa fue mía. Me faltó distancia. Si salgo y lo busco, lo encuentro." No creo. Pero él sabe más.)

Hubo vestuario en Boca. Allí, Adolfo Pedernera habló alto.

Caben dos concepciones: o Boca resucitó porque tiene rubor y sentido del compromiso que vive, o Santos se dejó estar porque el Zito no era el mismo (lo dieron una inyección) y entendió que todo estaba escrito. Me quedo firmemente con el primer planteo.

El equipo argentino fue una tromba. No porque jugara con sentido de aluvión. Al contrario: tocó bien la pelota. La suavizó. La entregó con precisión. Pero eran muchas piernas cortitas. Demasiado traslado de pelota. Fervorosa obligación de acompañarla. Nadie fabricaba claros. Sí, la defensa del Santos. Mauro serruchando a Rojas. Calvet, sin encontrar nunca a Grillo, en una noche tonificante para el "pelado". Quemó sus lustros de fútbol. Silveyra se acordó de que era uruguayo. Puso machete. Orlando pasó a marcar punta y el brasileño las sabe todas. Pelé bajó. Cada vez más. Arrancaba de atrás. Cuando se le ocurría alguna, era genial. Pero Boca tenía la cara hosca: hasta se enojaba porque Santos interrumpía mucho el fútbol "tocando tobillos". No exageradamente. No somos empresarios de la excusa. Tocando, simplemente. En una de ellas, Sanfilippo le hizo una "promesa negra" a Pelé: "Vas a ver en Buenos Aires..." Menéndez gritaba: "Vamos que los tenemos..." Santos se acurrucaba en su raya 18. Nunca, dominador neto, alcanzó Boca la altitud que tuvo el Santos cuando hizo oír su flauta. Pero el 3-0, convertido en 3-2, no sobre el final como ocurrió, sino diez minutos antes de la expiración, y Boca ya estaba en Milán. Como puede estarlo. Aquí, me arriesgo, Boca puede ganar por escándalo en Buenos Aires. Pero no olviden que es frente al Santos y que todo es posible.

De cualquier modo, ya pienso en el tercer partido. En Lima o Asunción. A menso que el Santos acepte 75.000 dólares que le ofrecerían por jugar aquí el "bueno". Si es que hay... 

Con Posdata

Santos ganó bien. Discutir ahora, a 6 días de la próxima confrontación es tarea estéril, a menos que se sea técnico y se premedite ya –Lula o Pedernera- cómo será el perfil de cada equipo.

Santos es más que una comunidad futbolística –tiene gente que le pega mal a la pelota, y que marca peor-, es una conmoción. Capaz de cualquier colapso. Sus genios, encabezados por Pelé, flautista mágico, pueden decidir cualquier cosa. Quien diga que el Santos está "terminado", "filtrado", que vaya a Maracaná a probarlo.

Boca lleva apenas 90 días en este "mettier". En esta exportación tan agriamente discutida. Supo caer. Es importante. De este 2-3 se sale fácil. Lo verán. Del 3-0, no sé. Boca ya sabe que el Santos tiene lugares que duelen...

A las 11:30, Magdalena, llorando inconsolablemente, llegaba al vestuario del Maracaná en brazos del hermético Pedernera. Silvero se descomponía de nervios. Cacho Silveyra gritaba: "No importa. Cinco le hacemos en Buenos Aires...". Errea se autocriticaba. Alberto J. Armando rechazaba una invitación que en ese momento le hacía el presidente del Santos para ir a cenar: "Señor, mi delegación lleva seis días aquí y usted y sus dirigentes ¿vienen ahora? Cenaré con mis jugadores. Gracias por su desatención..." Y gritó otras cosas. Terribles. El presidente del Santos, pálido, se retiró. Orlando estaba impávido. Feola se quejaba porque "dejaron moito sueltos a Lima y a Zito". Menéndez, pibe al fin, sentado en una especie de borde de acera, se quejaba del juez: "Nos desalentó. Pitaba cualquier cosa... Hasta terminó el partido cuatro minutos antes..." Sanfilippo resoplaba histerismo. Rechinaban sus dientes. ¿Por qué?

Todos se compusieron. Rápidamente. El calavera no chilla.

Boca subió al Paineras. Allí cenaron en silencio. Sin estridencias.

El motorista que en la noche pegajosa de Río nos devolvía a Copacabana nos hizo esta confesión popular tan digna de tomarse en cuenta desde que Africa despierta: "El empate hubiera sido más justo. Me gustó Boca. Es un grande equipo. Pero sus jugadores, los delanteros, cuando pierden la pelota se ponen a comentar lo que pasó. Mas ellos, son futbolistas, no críticos. Y el partido continúa. Pelé no conversa nunca en la cancha. Juega..."

Algo de eso hay también.

La noche es quemante. Lejos del Boca y de Santos, del alto espectáculo técnico y emotivo ofrecido, las agresivas "meninas" transpiran fuego y temperamento por la "Rua Atlántica". Un ruidoso yanqui se deja envolver por enlutados rostros cariocas que le ofrecen cielos de amor.

Un canillita, joven y ya viejo, arrepentido de transitar entre tanta soledad, vocea su diario: "Jornal dos Sports", con ese sugestivo título: "SANTOS VENCE SIN GOL DE PELE..."

En una cama del Hotel Novo Mundo, Edson Nascimento (no quiere que sus compañeros lo llamen Pelé, y nadie, salvo Zito, así lo hace) duerma sus 23 gloriosos años.

En Argentina, muchos ya quieren que sea miércoles... Ya. Ya mismo.("La gloria es algo más que un olvido aplazado..." RAMON Y CAJAL)

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