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ARCHIVO - REPORTAJES AL PAIS
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Reportaje a gente triste y feliz, 10 de Septiembre de 1963

DIARIO EL MUNDO - 10 DE SEPTIEMBRE DE 1963

REPORTAJE A GENTE TRISTE Y FELIZ

RIO DE JANEIRO (Especial para EL MUNDO). - Desde el inmenso ventanal donde está preso el comedor del Hotel Excelsior introducimos los ojos en el mar, en la arena blanca, suave, afeminada, y los dejamos resbalar sobre egoístas "bikinis" que abrigan tímidamente a cálidas esculturas humanas. Es un mediodía agobiante como mala noticia. Ingleses, americanos, italianos y varias parejas argentinas en trance de producir su "luna de miel" protagonizan el almuerzo. Mozos urgentes, como gamos, entrenados para servir deslizándose en silencio atienden con sentido de servicio. Una mesa atrapa atenciones. Obliga a comentarios susurrantes. A algún escondido codazo para intentar la advertencia. Centro de ella es Juscelino Kubitschek. Alto, moreno, 60 jóvenes años, dos hijas, abuelo, no usa anillo de casado, de facciones agresivas, de impacto entre mujeres que piensen y sean importantes. Traje verde oliva; corbata violeta no bien anudada. Tono "sportivo", algo italianizado. Escucha mucho. Sus seis acompañantes dan la sensación de reverenciarlo. O no son pares de Juscelino o buscan algo de él. Un ministro le manda pedir audiencia allí mismo. Se la concede.

Tomo una tarjeta; escribo: "Desearía me transfiera 10 minutos de su tiempo para dialogar. ¿Los tiene?"

El "maitre" le entrega la nota. Adivino que el ex presidente cómo es físicamente quien le pide comunicación. El "maitre", discretamente, me señala en el otro extremo del comedor. Juscelino se apodera de mi presencia, hundiendo su vista. Queda conforme con su examen. Con la cabeza, inclinándola levemente, acepta la invitación, y en su rostro de sombras hoscas se dibuja una pretensión de sonrisa.

Nos juntamos. Apartados de su mesa. Arranca él. Me pregunta sobre Argentina. Acerca de Illia. Ríe alto cuando le explico mi juicio sobre un Parlamento fraccionado en 17 bloques. Admite que si no hay responsabilidad, el caos queda cerca. Averigua sobre Arturo Fondizi. Quiere dos palabras que definan a Pedro Eugenio Aramburu. Hace su última indagación con gran interés sobre la C.G.T. argentina. Ahí lo corto. Tajante.

-El periodista soy yo. Yo quiero saber...

JUSCELINO (ahora sí, sonriendo sin tapujos). Claro, claro... perdóneme. Me interesa mucho Argentina. He seguido con gran atención el proceso de ustedes. Su vuelta a la Constitución y a la ley. Lo ocurrido en su país repercute en toda América. Siempre... los motines contagian. Y vuestro desorden podía contagiar a Brasil... Usted sabe... (guiña un ojo; está cómodo en el diálogo). Cuando los países de América comprendan la importancia de la LEGALIDAD jamás querrán salir de ella...

A partir de allí, durante 12 minutos que dura la charla, 4 veces menciona con convicción este supuesto: "CUANDO YO EN 1965 sea presidente haré..." No hay pedantería. Hay una extraña seguridad. No quiere que le diga SENADOR. Le pido un panorama. Me lo da así:

1) "La democracia en América es frágil. Como un niño en una cuna. Hay que cuidarla."

2) "The end para la Alianza para el Progreso. El único que cree en ella es Kennedy. En EE.UU. nadie más."

3) "Tenemos que defender nuestra producción como bloque. Si llego a ser elegido presidente en 1965 me pondré a la cabeza de este proceso. Visitaré cuanto país americano pueda para convencerlos de la necesidad de formar un mercado entre nosotros. Ya lo estoy haciendo y encuentro clima en todos los países que visité".

4) "Estamos sobre un volcán. O damos o nos quitan. Elijamos ya. Nuestros pueblos tienen urgencia y fatiga. No se le puede prometer en el "otro mundo". Quieren este mundo. ESTE QUE VIVE USTED, ¿comprende? Y sin violencias se les puede alcanzar paz, "standard" de vida, bienestar. O la arrancarán..."

No se exalta cuando habla. Transpira serenidad. Tiene fuerza en la palabra, pero sin golpear.

Nos despedimos.

El comedor está desierto.

Sobre la playa de Copacabana, gente que se abandona al sol, a la vaguedad...

Juscelino 1965 se va aprisionado por sus seis acompañantes.

Un mozo rompe su prudencia, y se me acerca, y comenta: "Moito inteligente, Juscelino. Mais Lazerda está fazendo obra... Moita obra...".

El sol escribe fuerte su carta de pasión sobre la pálida arena.

Un "garoto" oscuro, rizado, me lustra los zapatos, riendo y cantando una samba.

Es feliz, aún dentro de su pantalón raído.

La calle se nutre de gente triste y feliz. Como es Brasil en su música.

Extraña combinación.

Triste y feliz.

¿Será que generalmente quien está triste es quien piensa en sí mismo?

("La única tristeza sin consuelo en la vida es la tristeza que se han merecido..." JACINTO BENAVENTE)

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