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ARCHIVO - REPORTAJES AL PAIS
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Reportaje a las lagrimas, 19 de Octubre de 1963

DIARIO EL MUNDO - 19 DE OCTUBRE DE 1963

REPORTAJE A LAS LAGRIMAS

ERA casi noche. El general Rosendo Fraga, señorial, canoso, caminaba con sus pequeños hijos por Suipacha, rumbo a Juncal. "Toto" Méndez Delfino pasaba inadvertido entre parejas de enamorados y hombres comunes, preocupados, que acababan de terminar su quehacer en un "día más". A unas cuadras de allí, 90 industriales argentinos, extrañamente, se reunían para cenar con un MINISTRO "QUE SE IBA" (Zubiri), cuando nuestro exitismo siempre nos lleva a "RODEAR" al "MINISTRO QUE LLEGA". Más extraño aún: en torno de Horacio Zubiri (37 años, nacido un 16 de septiembre, día de la R. L.) estaban representativas figuras de la Unión Industrial y de la CGE, es decir los "EMPRESARIOS PARTIDOS EN DOS" (por supuesto, estéril y estúpidamente). Los discursos fueron inauditamente breves. Todos estaban allí, simplemente, porque "Horacio Zubiri era un técnico que honraba al país y un ministro de moral acrisolada y de ejecutividad total". Alguien recordó que en la Argentina aún funcionan Ford "T" –a bigote- y que los aviones sobrevuelan más horas de las que debieran; pero que a los hombres aptos que hacen su experiencia en la función pública, cuando llegan al cénit de su aprendizaje y de su aptitud, entonces "ya no los usan más". Simplemente, porque llegó otro equipo u otro partido político. Una especie de "slogan" pudiera aplicarse: "ES BUENO, PERO NO ES NUESTRO". Así, no hay país que tenga continuidad, ni histórica ni social ni económica. Así somos un conglomerado babilónico.

Zubiri, pálido, alto, serio, reposado, agradeció. Dio cifras tremendas sobre nuestro ESTANCAMIENTO. Los precios de exportación descendieron, hasta 1961, en un 35,7% respecto de su nivel del año 1951. En esos diez años, la capacidad de importación cesante representa 4.200 millones de dólares; mientras en Estados Unidos, desde 1929 hasta nuestros días, se produce un aumento de la participación del trabajo en el ingreso nacional del 58% al 70%, en la Argentina, desde 1955 a 1960, disminuye del 55% al 46%. Desde 1930 hasta ahora el ritmo general de crecimiento en el producto por habitante baja del 1,2% al 0,6%.

Frente a este panorama, Zubiri justificaba plenamente que en esta Argentina "estancada" para conseguir un teléfono haya que conseguir la influencia de un ministro. De ahí en más, intentó explicar qué motivos lo llevaron a aceptar el cargo ofrecido por Guido, y dijo: "Pensábamos construir la Argentina soñada..." Los ojos de Zubiri se nublaron, la voz se aplanó, se hizo entrecortada, fibrosa, y, de pronto, las lágrimas más angustiosas rodaron por sus mejillas. Noventa empresarios, más allá de sus cuentas, estadísticas, inventarios, mercados y balances, se quedaron atónitos. Un hombre joven que 72 horas atrás había sido ministro de la Nación, humedecía su emoción cuando mencionaba la expresión "Argentina soñada". La que él y su generación quisieran crear, más allá del comité, de los rencores, de los ayeres...

A la misma hora en que Zubiri se dejaba traicionar por las lágrimas, ingeniero sin dique emocional, a 20 metros de allí miles de hombres que habían concurrido, masiva y espontáneamente, a su "mitin" –folklórico, sentimental y apasionado-, lloraban también porque las bombas de gases no separan en sus emanaciones a los "buenos" de los "malos". También ellos habían concurrido en busca de su "Argentina soñada", y obligando a que muchos discutan si fueron 50, 60, 70 o 100.000. Como si hubiera que medir realidades con contadores públicos. Pero no hallaron, en la tribuna, el eco a sus inquietudes, a sus ideales. Reclamando la devolución de un cadáver –por más querido que fuera- no se resuelve el problema argentino de repetición y estancamiento, por más simbólica que la actitud quiera ser. Se corre el riesgo de "envejecerse" en el planteo, y de volver a frustrarnos. ¿Es, además, cierto que no puede haber "para un peronista algo mejor que otro peronista? Y si hay, ¿qué hace Framini? Lo descarta, lo desprecia, ¿qué? El "slogan" está perimido. Son tiempos de comunidad y no de tribus. Si para alguien de la UCRI no hubiera "nada mejor que otro de la UCRI" o para un ucerrepeísta "nada mejor que otro de la UCRP", seguiríamos divididos en facciones. Y ningún país se realizó con facciosos. Vitalísimo el acto en su presencia popular; auténtica y leal la decisión del ministro Palmero de permitirlo, so lema de "que también los peronistas son argentinos". Necesidad de los dirigentes justicialistas de revisar su dialéctica o envejecer. Es otro tiempo. Es otro estilo. Y en 1963, el envejecimiento llega pronto. Casi en seguida.

Y termina en lágrimas. Y sin "Argentina soñada".

Estamos totalmente fatigados. Y queremos que para "un peronista no haya nada mejor que un argentino de bien, cualquiera sea su militancia." Si no, los peronistas jamás tendrán derecho a indignarse si algún día se modifica el "slogan" y surge este otro: "Para un gorila no hay mejor que otro gorila..."

Y el país ya no está dispuesto a agotarse con uno ni con otro extremo.

¿O sí?

("Nunca encontré que me amase lo suficiente como para desagradarme, diciéndome la verdad desnuda." FENELON)

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