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ARCHIVO - REPORTAJES AL PAIS
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Reportaje al pulpito, 25 de Octubre de 1963

DIARIO EL MUNDO - 25 DE OCTUBRE DE 1963

REPORTAJE AL PULPITO

ERAN las 22 del 23 de octubre de 1963. El cielo lloraba lluvia intermitente. Un frío extraño le hacía pito catalán a la primavera inmatura. La noche porteña tenía ausencia humana en sus calles y nervios, inquietudes, traumas en tres escenarios que "estaban de estreno". Estrenar es crear. Es promover. Es querer renovarse. Es un intento de revisarse. A veces, con esfuerzo, audacia; a veces, repitiéndose hasta consumirse. En los camerinos del Coliseo –sala pituca-, María Concepción César, que tiene talento y vibración, dispuesta a probarse íntegramente en el vodevil, quemaba todas las etapas de su personalidad para transferirse a la "ligera" Pistache, una parisiense al borde del descoque. Apenas si respiraba libremente; el debut tiene, por partes iguales, emoción y angustia. Es decir, ahogo. Ernesto Bianco irrumpía en la disciplina de la comedia musical. Harto peligrosa incursión para quien tiene su nivel dramático, fuerte, altivo. La empresa había hecho bajar a Renzo Raiss desde Nueva York, director de Can Can en Broadway, un ítalo-yanqui capaz de vivir sin comer con tal de expresarse en una conducción teatral. Y 12 bailarinas fervorosas que llegaron aquí después de los contratos de petróleo; es decir, será difícil anularlas.

¿Qué pasaría? ¿Cómo respondería el público más allá de la "caja" que siempre supone el teatro como negocio? ¿SE VALORARIA EL INTENTO? Había que levantar un telón para saberlo. Tres horas después todo sería éxito... o frustración.

A 11 cuadras de allí, en el Astral, Hugo del Carril, Mariano Mores y Virginia Luque, casi sin dormir ensayando con vocación de sonámbulos, tratarían de introducir el TANGO en pleno "centro", como lo está haciendo, milagrosamente en esta "hora de detractores", Aníbal "Pichuco" Troilo. Detrás de ellos, en la producción dos muchachos jóvenes, Adrián Larralde y Alfredo Capalbo. ¡A JUGARSE! (suspenderían a último minuto la "premiere" por cosas... del teatro).

Y a 500 metros, Carlos Petit, en El Nacional, vistiendo otra revista para tanta necesidad de esfumarse de la realidad.

Todo en una noche. Cuando una estadística íntima revela que cada panadería porteña y del Gran Buenos Aires vende CUARENTA KILOS MENOS DE PAN POR DIA. Cuando en las últimas 4 semanas, "no hay noche"; los teatros trabajan con seis o siete filas; los cines, en los días hábiles, no venden entradas numeradas; ¡para qué!

Era una intrepidez buscar eco cuando el silencio aprieta.

Pero Napoleón, que no conocía nada del andarivel porteño, pero que sabía mucho de la condición humana, solía decir: "NO CONOZCO NINGUNA HISTORIA ESCRITA POR COBARDES...".

Yo tampoco.

Pero eso, cuando salíamos del Coliseo, con don Antonio Liberti (presidente de River Plate, rigurosa etiqueta y escudo de plata y brillantitos en el ojal), en medio de un público que reconocía lo importante del espectáculo, pero que buscaba el eco resonante de alguna queja, llegamos a la conclusión que Argentina –perdón, Argentina no; este conglomerado babilónico en el que vivimos, los famosos 300km cuadrados de nuestra deformación histórica, económica, política y social- precisaba de cinco o seis medios de comunicación que, talentosamente, se animaran a cambiar el "estilo mental". Abandonar la "apología del déficit", el "canto al fracaso" y entonar el "aleluya del éxito", de la aptitud, de la creación. En todos los campos. ¡Basta de destruirnos! ¿Basta de inficionarnos con los ácidos de una crítica que, so pretexto de "su verdad", es corrosiva y tan pedante como escarnecedora! Nada sirve. Todo está mal. Es una metralla que no quiere dejar nada en pie. Contagiosa. Peligrosa y estúpidamente contagiosa. NOS PRESENTA EL ANGULO DEL HORROR, lógico en toda obra humana; nos esconde la CARA POSITIVA, APTA. Claro; si hay que decir que algo está bien. COMO LO EXPLICAN ¿DE DONDE SACAN ARGUMENTOS PARA JUSTIFICAR LA BONDAD? Conveníamos con Liberti en esto; antes Arsenio Erico –hablábamos de fútbol- recibía alta pelota en el área; saltaba con su aire de payaso etéreo, y su cabeza a resorte, se hacía magia en el frentazo que incrustaba el grito de gol en la tarde divertida. De ese arte repetido, estimulado, cronicado, alabado, nacía el ídolo. Los chicos se acostaban soñando "con ser Erico". Hoy, en la tarde compungida del domingo de fútbol, triste de análisis, con tribunas que parecen sedes de anfiteatro, donde más que jugar se asiste a una "intervención quirúrgica", si Erico repitiera el mismo salto, la misma heroicidad, el mismo arte, escucharía tras de él, no su nombre, no su hazaña, sino este himno a la queja: "¿DONDE ESTABA EL 2 que lo dejó saltar?" ¿Y el reflejo del arquero que se quedó? "¿Y la falta de anticipo del 4 que dejó echar el centro?"

Radios, diarios, televisión repiten esta habilidad siniestra de "hallar el mal". De inventarlo, si no. De imaginarlo. Y entonces nace la "APOLOGIA DEL DEFICIT, del FRACASO", y Erico, digamos hoy Artime, no existe, por que los "catones" sostienen que "aprovechó el déficit", no que creó. Ya ningún chico se acuesta soñando con ser "ARTIME". No quiere ser como nadie. Desprecia todo. Quiere una lupa para escarbar el "TODO ESTA MAL". ¡SINIESTRO!

Falta púlpito. Sin púlpito no hay grey. Los soldados van cantando a la guerra, y van a morir. ¿Por qué? Porque van estimulados, porque "sienten". Inclusive, porque "presienten", FALTA PULPITO; PASTORES. Los "iracundos" son antiguos ya. Pasaron de moda. No se dan cuenta...

Esta línea no se da sólo en el fútbol. En el teatro, en el cine, en la política ha infestado la vida del país. Ha instalado la incredulidad entre nosotros. Nos viene deshaciendo. Somos "20 millones de juzgadores". Implacables.

Anoche, bajo la irracional lluvia, amábamos más que nunca a los creadores, a los que siguen la dura huella de "hacer", a los que se animan a montar espectáculos, pese a los riesgos de un tiempo impiadoso y a la falta de estímulo; y rezábamos para que a Hugo del Carril y a María Concepción César y a Carlos Petit y a Antonio Liberti y a Aníbal Troilo y a Edmundo Rivero, y, por supuesto, a Illia, les fuera bien, porque es la única manera de que nos vaya bien a todos. ESE ES EL NEGOCIO. Lo otro es bilis, frustración, queja, histerismo, suicidio, cementerio... ¡QUE ESTUPIDEZ!

("Triste cosa es no tener amigos. Pero más triste debe ser no tener enemigos. Porque quien enemigos no tiene, señal es que no tiene ni talento que le haga sombra, ni carácter que abulte, ni valor que le murmuren, ni bienes que codicien, ni cosa alguna que le envidien..." GRACIAN)

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