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ARCHIVO - REPORTAJES AL PAIS
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Lluvia blanca sobre Milán, 16 de Noviembre de 1963

DIARIO EL MUNDO - 16 DE NOVIEMBRE DE 1963

LLUVIA BLANCA SOBRE MILAN

RIO DE JANEIRO (Especial). - La media tarde estaba pegajosa de humedad. "El bambino de Oro", Rivera, desde la puerta del Hotel Excelsior, miraba, desde el fondo de su juventud, los esclarecidos cuerpos de las dulces mininas que vendían su amor, su gracia, su soledad, su compañía por hora. Altafini, de quien Pelé dijo un día: "No soy un genio, pero no me confundan, tampoco soy Altafini", le aseguraba a Alberto J. Armando: "Hoy va usted a ver un centroforward en serio", y reía a carcajadas. Juan Manuel Fangio, estupendo tipo humano, se quejaba de todo lo que en deporte pueda suponer "fanfarronada", y aseguraba que nada se hace "sin gente": "ni llevar un automóvil a la victoria, ni ganar un partido de fútbol, por más líneas táctico-técnicas que se fijen".

Fangio: Con gente, todo. Sin gente, nada. La gente compone el panorama. Maneja el gusto. Crea el clima. ¿Quién es el mejor cocinero del mundo? El hambre. Es decir, la circunstancia, amén de otras cosas... Santos tiene "gente". No dudo que Milán también. Pero, ¿posee genios humanos?

A las 8 de la noche Río de Janeiro había cesado de trabajar. Las persianas bajaron. 132.712 personas se encaminaron hacia el Maracaná. 5.000 personas habían llegado de San Pablo. Cada diez minutos aterrizaba un avión desde tierra paulista. Más de 110.000 automóviles particulares hacían un nudo en la ciudad.

Después, el espectáculo. Porque fue un espectáculo en toda su dimensión. Milán sin complejos de calor y de estar ante "el campeón del mundo". Entrando como cuchillo afilado. Santos en un 442, inexplicable para quien debe ir a buscar furiosamente una victoria, visto que en tierra italiana había caído rotundamente. Además, con Pelé ausente. Además, sin Zito y sin Calvet. Rivera trabajando en el medio campo. Amarildo, inteligentísimo, odiado por el público que lo abucheaba -¿por ser brasileño y defender divisa italiana?- recibió dos o tres puntapiés alevosos de entrada. Hasta que se fue. Despidió centro. Mauro se quedó pegado a la tierra. Altafini se elevó y clavó la pelota en un callejón imposible: por ahí entró Mora, fuerte agresivo, mientras la defensa del Santos –29 años promedio- observaba con horror, estática, cómo el Nº7, sprinter puro, se colaba y se quemaba a Gilmar. 2 a 0. Los 917 italianos llegados en tres aviones especiales desde la querida Italia vibraron. No era justo el 2 a 0. Todo se redujo a dos avances. Pero Santos disponía mal sus hombres. Además, el señor Mengalvio es un jugador congelado, sin ritmo, no siente el partido. Lima, aún no se había encontrado como Nº5.

Cuando se fueron al vestuario nadie dudó: Milán era el nuevo campeón del mundo. Y en los 15 minutos de intervalo, una lluvia increíble mojó el estadio. Santos salió del túnel como si empezara recién el partido. Los 11 entraron corriendo, no como es habitual entrar en el segundo tiempo: a paso lento. Primero dos, tres después, cinco más tarde. Todos en fila india. Además, como si hubieran sido inyectados de fervor. Escribo de fervor y de ninguna otra cosa, para los suspicaces. Cambió su línea de juego: el 4-2-4 santista se proyectó con una fuerza nunca vista por mí. En 21 minutos produjo cuatro goles y el Maracaná fue una locura feliz. LA CONDUCCION, la BATUTA ESTUVO EN MANOS DE UN HOMBRE: ALMIR. SI PELE NEGRO QUEDO EN EL VESTUARIO, este PELE BLANCO hizo cosas increíbles. Jugó sin la pelota como un Dios. Arrastrar a la defensa del Milán a perseguirlo. Fue golpeado y golpeó. Creó, inventó jugadas. Obligó al foul –los dos goles de Pepe llegaron por la vía de infracciones contra él-. Manejó el partido como Pelé mismo.

A partir de entonces Santos produjo una exhibición de alto vuelo técnico. Milán, psicológicamente, en un manicomio. Lógico. Pero no fue su defecto. Fue el desborde. OPTIMISMO del Santos el que lo llevó al desasosiego.

Ya explicaremos, con tiempo lo que esto resultó. Escribimos contra el reloj para que llegue a Buenos Aires. Cuando nos íbamos de este "carnaval" que antes del tiempo vivió anoche Río de Janeiro en el Maracaná, escuchábamos la grave voz de un crítico: apasionado, y con razón y con verdad, sostenía que Brasil "tiene el mejor fútbol del mundo" y que "Santos no ha muerto". Todo en él era una exaltación a la virtud. Y pensaba que si River o Boca hubieran ganado así, en Argentina, habríamos escuchado que "todo fue de casualidad": que el Milán es un adefesio": "que la inaptitud de Tal o Cual". La apología del déficit... En fin... Son "estilos de vida".

Unos tiene ganas de vivir. Muchos de nosotros en vida trabajamos psicológicamente para morir. Buscando estúpidas negruras...

Es que hay blancos que hacen cosas de negros. ¿O no?

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