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Reportaje al “Escándalo del mundo”, 18 de Noviembre de 1963

DIARIO EL MUNDO - 18 DE NOVIEMBRE DE 1963

REPORTAJE AL "ESCANDALO DEL MUNDO"

RIO DE JANEIRO 17 (Especial). - Amarildo, campeón del mundo en Chile, odiado por 132.000 espectadores –había dicho: "EL REY SOY YO"-, abucheado e insultado, se dirigió al lugar donde el Santos practicaba segundos antes de empezar la "revancha de San Siro". Quería saludar a sus compañeros del campeonato mundial: Mauro, Coutinho, Mengalvio y le tendió la mano, el 8 del Santos, impertérrito, le dijo con aire de repugnancia:

-¡ITALIANO!...

Gilmar le dio vuelta la espalda y Mauro no lo miró siquiera. Amarildo, nacido en la cuna-cruz de una favela humillada de pobreza, sin redacción, apretó los dientes y lloró. Unas horas antes, realmente conmovido, hablaba con Justo José (Pepe) Caraballo, argentino, que lleva 12 años aquí y le confesaba: "No sé cómo voy a hacer; jugar en Río de Janeiro, en el Maracaná, por un título mundial contra Brasil... No sé. ¡Que Dios me ayude!..."

El juez, Brozzi, pitó. La pelota fue de Coutinho a Mengalvio. De ésta a Dorval. En el camino se cruzó Amarildo. La hurtó. Iban 20 segundos; llevaba la pelota el cimbreante negrito, cuando Almir, de atrás, le punteó el tobillo. Caído Amarido, le golpeó la rodilla y lo salivó entre los ojos. Fue feroz. Brozzi llamó a Almir. Le dio rudo sermón. Amenazó con expulsarlo. Y todo siguió. La delegación italiana, en la ácida e insomne noche de la derrota 2-4, explicó que con esa actitud "complaciente, Brozzi entregó prácticamente al Milán a la merced de la furia fanática del Santos".

Carniglia: ¿Por qué no lo expulsó? Brozzi estaba cuestionado. El Milán, sobre una lista de 7 árbitros, objetó a uno solo, a Brozzi. Justo a él lo nombraron...

Dino Sani: Brozzi actuó dos años en San Pablo. Es amigo de los brasileños. Fue el principal responsable de nuestra derrota.

Carniglia: En el primer tiempo, en pista seca, ni Mauro, ni Almir, ni Haroldo, alcanzaban con sus puntapiés a los nuestros. Pero cuando la lluvia hizo del césped un lago, los golpearon sin piedad. Brozzi miraba. Nos creó un problema psicológico.

Maldini: A mí, el árbitro, como capitán, me dijo: "Mire que aquí estamos en tierra brasileña, y si Mazzola y Amarildo siguen provocándome, los voy a expulsar..."

Carniglia: Hasta Riverita, el "bambino", me dijo al terminar el match: "Míster, estos son los indios... Vengo a jugar contra los rusos, que son "señoritas" frente a esta barbarie...

Los italianos no querían disputar el segundo match. Ya un avión especial se alistó para volver a Milano. Una larga conversación telefónica con Italia impidió el escándalo. Pero hemos escuchado decir a un alto directivo itálico: "Argentina pagará por esto. No votaremos a Buenos Aires como sede del campeonato mundial de 1970. Si el señor Brozzi, en 1964, dirigirá en Brasil, no tenía por qué hacer méritos a costa del Milan... Sacrificó, además, a su país..."

Claro, nadie tenía calma. La derrota fue fea. Ganaban 2-0 y en su valija traían el triunfo de San Siro. Es decir, Santos necesitaba tres goles para que Milán no fuera campeón del mundo. Hizo 4. Le decimos a Carniglia que el juez nos pareció impecable en la conducción del match, que siguió el juego de cerca y que, entendemos, no expulsó a Almir y a Altafini, que lo merecían, por no dañar el espectáculo. Le rogamos nos explique por qué también toda la crítica brasileña le cae feo a Brozzi, acusándole de haber atentado contra el Santos.

Carniglia: Será para disimular...

Pero, fundamentalmente, exigimos de Yiyo nos aclare si, a su juicio, por sobre el arbitraje, él entiende que Milán tuvo fisonomía de equipo campeón en el segundo tiempo; si se pueden hacer tres barreras y que la pelota pase por entre dos piernas que siempre se abrieron y provocaron 3 goles. Si cree que Maldini conservó la calma, si se entiende que algún jugador del Milan controló sus nervios después del 2-1 o del 2-2. Admite que no.

Rivera: La verdad... nos enloquecimos.

No entendemos cómo un campeón europeo, en cancha anegada, quiere jugar al ras la pelota. Se quedaba en los charcos.

Carniglia: Allá jugamos con barro. No con charcos.

En un rincón, en doctor Nicoló Cardosio, el inimitable y único comentarista y relator italiano de fútbol de la Rai-TV, alto, enjugado, serio, nos alcanza dos razones. Una de ellas, casi denuncia, casi catastrófica, que además está en el comentario de muchos aquí:

1º- "En Italia, defraudando el llamado fútbol-espectáculo, cuando un equipo va en ganancia, se encierra, vive su vida dentro del área, y espera que pasen los minutos. Para mí, el Milan fue a defender el 2-0, y pagó".

2º- "Creo que los jugadores del Santos entraron, en el segundo tiempo, con un alto grado de estimulante: "dopping". Me dicen los médicos de la delegación que hay cierta fetamina que tiene un efecto más fervoroso, digamos, si el cuerpo humano sufre alteración climática. Y la lluvia puede haber ejercido ese efecto, produciendo la descarga que le dio tanto ímpetu a los hombres del Santos. Yo conozco algo de drogas; dejé su uso cuando advertí la nocividad... Del árbitro he dicho cosas terribles. Porque le faltó energía. Lo siento. Si usted lo ve, explíquele que lo sentí así. No se puede dejar jugar como él dejó. Es casi criminal..."

Lo del "dopping" es una acusación que ya circulaba antes del match. Como había clima itálico contra Brozzi, también antes del partido.

Esto traerá su consiguiente escándalo al volver el campeón italiano a su tierra.

Lo verán.

Cuando así escribimos, reunidos a 50 metros de mi habitación en el hotel. Yiyo Carniglia está dando las últimas instrucciones para salir rumbo al Maracaná, con vistas a la final-final.

Carniglia trata de mejorar la psiquis de sus muchachos. Giorgio Ghezzi, 33 años, arquero, que asegura no haber visto ninguno de los 4 goles por la lluvia, escucha, acomplejado. Los dos superintendentes "de la alimentación", Ottavio y Pietro Gori, reparten las últimas vitaminas. Gianni Rivera, ojos en lontananza, piensa en la Italia que verá mañana, pues parten media hora después de concluir el partido. Bajan a la recepción del Excelsior: algunos tifosos los alientan. Se van, de mal humor. Realmente, de mal humor.

En Copacabana no queda nadie... Bueno, nadie no... Las ondulantes vendedoras de amor pasean su vacío frente al mar, se enroscan, apasionadas, en un farol, y se enfrían de soledad...

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