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Las mujeres que quedan y lloran..., 30 de Noviembre de 1963

DIARIO EL MUNDO - 30 DE NOVIEMBRE DE 1963

LAS MUJERES QUE QUEDAN Y LLORAN...

La mano de Jacqueline Kennedy sudaba miedo, dolor hueco, angustia. Sus dedos apretaban los nerviosos dedos larguiruchos de "Bob" Kennedy. Buscaba el "amparo-niño". Mil millones de mujeres en el mundo lloraban con ella, por ella, junto a ella. Pero ya nunca más la voz querida diría llamando al hijo, "John·John"; se sentía atrapadamente sola. A pocos kilómetros de ella, rusa, sin idioma, abasteciendo de alimento a su niño pequeño la mujer de Oswald, el supuesto encargado de SUPRIMIR a un hombre a una idea, también humedecía las rutas de su cara con lágrimas de miedo, de dolor y de angustia. Desprotegida como si el matrimonio fuera una sociedad de culpabilidad ilimitada y compartida, no tenía ni quién le alzara el cajón donde también dormía, "sine die", el Gran Acusado. Y más allá, vacía de eco, anónima, otra mujer, desguarnecida de afecto, se anudaba con sus tres niños y tormentosamente se preguntaba: "¿Por qué, Señor... por qué?". Mrs. Tippit, la esposa del policía destruido por querer ser la ley, como fue suprimido John Kennedy por querer ser un MUNDO NUEVO era la tercera viuda de un mismo balazo que en el instante fugaz de 23 segundos produjo el CRIMEN DEL SIGLO y dejó al MUNDO –pobre mundo- sin KENNEDY. Es decir, sin paz. 23 segundos antes, la vida. 23 segundos después, la muerte.

Los expertos dedos de EVARISTO MENESES tamborileaban sobre la mesa. Sus ojos largos escapaban de su rostro en sombras, construido a hachazos, y se depositaban sobre el croquis: un auto, una casa de varios pisos, una mira telescópica, una bala dum-dum. La bala que SUPRIMIO un "estilo de vida" y dejó tres viudas asidas al silencio.

Don Evaristo: cuidándolo usted, ¿lo habrían matado a Kennedy?

Meneses, que acaso pronto estará prohibido nada más que por SER, reflexiona sin palabras. Palpa si debajo de la servilleta está su Colt 45 quietecita; sonríe tristemente y dice todo, sin decir nada. No, a él no se lo asesinaban. Recuerda cuando vino a Buenos Aires el inolvidable Roosvelt; la Policía Federal colocó agentes en casi todos los departamentos altos del recorrido. Con binoculares. Observando, observando, observando... Para tirar apoyado, con mira telescópica, hay que estar apuntando largo rato. "Un agente, madianamente vivo, ve una ventana abierta, una posición, un caño, un detalle y el procedimiento es inmediato..."

En aquella ocasión, flanqueando el carruaje donde iba Roosvelt, dos agentes de investigaciones corrían a su vera, turnándose en postas cada dos cuadras. Meneses integró una de las postas. Como co se organizó bien el relevo, tuvo que correr como diez cuadras. Jadeando siguió siendo la sombra de la cabeza erguida de Franklin Delano Roosvelt.

-Pero era un presidente extranjero. La custodia era excepcional y lógica (alegamos).

Meneses: La circunstancia social, racial, política, obligaba también a una custodia "especial" yendo Kennedy a Dallas, allí mismo donde Adlai Stevenson una semana atrás había sido acribillado a tomates y salivado. ¿O no?

Evoca las providencias adoptadas en ocasión de la visita de Eisenhower a Argentina: 5 agentes de F.B.I. estaban prontos para arrojarse sobre el héroe de la última guerra mundial al menor movimiento sospechoso y cubrirlos con sus cuerpos. Todo ensayado. Ahora, en los 23 segundos trágicos de Dallas, varios policías estrellaron sus cuerpos sobre Lyndon Johnson, ex marinero, millonario siempre, hasta entonces vice, desde entonces Presidente de Estados Unidos. Ayer mismo, Johnson agradeció ese torrente policial. Sobre Kennedy, nadie; nadie, no. La frágil estructura de Jacqueline le sirvió de reparo tardío. No tuvo nada más a qué aferrarse. Dónde derramar su sangre de inmolado...

¡Qué extraño!...

Claro, sabemos; ahora todo entrará en la zona neblinosa de la anécdota. La investigación será física. Casi superficial; interesará la mano armada y se omitirá a quien o a quienes la armaron, esclavos del odio, dueños de una sepultura que nunca terminan de estrenar; los que aman la democracia siempre y cuando no la tengan que habitar o transitar; los que en Nueva Orleans reciben pomposamente al negro Haile Selassie porque es EMPERADOR, pero niegan el derecho de que un negro pueda acudir al Teatro Municipal para deleitarse escuchando a Pablo Casals, horas después; los que precisaban un mundo armamentístico porque en ese "negocio" estaban, y tropezaron con un John Kennedy empapado de paz, generador de diálogo, buscador impenitente de la convivencia, sabedor de que en 1963, o siempre, la guerra se ha quedado sin triunfadores. Derrotados todos.

Todos los que predican el odio, allí y aquí, habitualmente encuentran un Oswald o un jefe de policía de Dallas que quiere cerrar el proceso, y dejan tras de sí a los inmolados de siempre. Más allá de los 12 millones e negros que viven (¿) en Estados Unidos. Más allá de todo...

Aquí, el itinerario es el "golpe de Estado" por el "golpe de Estado" mismo.

Allá un tiro que destruye una sien, un estilo de vida, un mundo... Y nos viste de luto a todos.

A Jacqueline, a Mrs. Tippit, a Mrs. Oswald, a todas las Caroline y a todos los John·John del mundo...

Evaristo Meneses caló su infaltable sombrero y se perdió en las calles de una ciudad que sintió como ninguna el increíble balazo disparado en Dallas para SUPRIMIR la marcha irrevisable de la historia...

("El líder más grande de nuestro tiempo ha sido víctima del acto más imbécil..." LYNDON JOHNSON)

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