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Ultimatum a "Los que mandan" Julio de 1966

REVISTA EXTRA - AÑO II - Nº 12 - JULIO 1966

ULTIMATUM A "LOS QUE MANDAN"

Fue un mes de vigilia. De velar por la legalidad para que no crujiera, y de cuidar que el GOLPE, si venía, fuera útil. No una aventura. No un salto al vacío. Vivimos aún sobre la caldera del diablo. Nos asfixia la ineptitud. La ineficacia en la libertad. Pero un GOLPE sin proyecto nos puede embriagar de horror y de dureza. La opción nacional -tan derrotados estamos- siempre jugó entre lo peor. Nunca en lo que puede ser mejor. Eterno drama. Repetido. Arcaico. Estúpidamente profético.

Vale la pena, hoy y aquí, revisar el proceso. No es que querramos contar los errores para apostar al desastre. Pero es difícil capitalizar los aciertos. Tan aislados ellos fueron. Tan a expensas de otros temas fundamentales. Con Perón tuvimos justicia social y consumo, sin libertad. Con la Revolución Libertadora ocurría que los vencidos significaban la mitad del país. Hete aquí que era una libertad para un 50%. Si, al menos, esta carencia hubiese venido acompañada de decisiones profundas, capaces de cambio, de transformar la periferia, de arrancarnos del pasado glorioso, agotado ya por el tiempo que no pasa en vano. Pero no. Fue libertad restringida para la nada. Para volver a la Constitución del 53 por decreto. Para hablar de Mayo y Caseros, para resucitar a nuestros políticos, y para no tomar ninguna medida de fondo, aprovechando que una Revolución siempre da mano libre a los que la conducen... Cuando saben para qué la hacen... Cuando una Revolución se fabrica exclusivamente para echar a Perón y retornar a 1853, entonces quedan latentes todas las llagas vivas; ni autoabastecimiento de petróleo, ni crónico déficit ferroviario resuelto, ni siderurgia en marcha, ni una Argentina industrial posible sin que ello significara ultimar a la Argentina agrícolo-ganadera con su liderazgo decadente por razones de mercado mundial, inexorable e inevitable. A lo sumo, echar a Perón y darle libertad al 50% de los argentinos. Negándosela al otro 50%.

Si uno tuviera que aceptar una dictadura, la de Perón, la de la Revolución Libertadora, la de Onganía -dicho así, sin hipocresías-, que durante su tiempo y forma, sirviera para condicionar el país a nivel moderno, valdría la pena pensarlo. Pero si por sobre la catástrofe de la libertad muerta, no servimos a ninguna causa, es como la historia de muchos "colorados" que murieron gratis. Sin saber por qué luchaban...

A ese pasado estéril sucedió la "época Frondizi", jaqueado y con escaso margen de maniobra política, dio libertad mientras se lo permitieron, la restringió cuando adustos ceños de militares golpistas, sin otra vocación que la del Golpe por el Golpe mismo, se lo exigieron, y en medio del más conflictual tiempo argentino, arrojó sobre el país la semilla de una conducción más moderna, entregando mucho al espíritu a cambio de aplicarle un tajo hondo al subsuelo dormido: autoabastecimiento de petróleo, intento de liquidación del déficit ferroviario. Inversión. La inversión de Frondizi y el consumo de Perón nunca podían -por muy mal esclarecimiento- vivir en comunicación. Identificarse. Entonces chocaron. En medio de 32 golpes frustrados, debiendo ceder desde amigos inolvidables hasta doctrinas y líneas de conducta, Arturo Frondizi cercenó libertades para quedar él libre de hacer "otro país". El NUEVO. El moderno. El eficiente. Terminó en Martín García. Impacientes militares colorados obturaron la historia y rompieron el proceso. Muy claros militares azules aceptaron la típica verticalidad de los mandos y, tras la excusa del fantasma peronista, admitieron el derrumbe institucional.

Otra vez quebrada la legalidad. Y otra vez, sin objetivo. Sin programa. Caprichosamente. Más para derrotar que para construir. Llegó así el Dr. José María Guido al poder. Era tal la vacancia de PROYECTO GRANDE de los colorados, que, como dijo uno de sus mentores, sólo se "trataba de echarlo a Frondizi". Cuando le preguntaron: ¿Y después qué? Respondió: "Después veremos...". El veremos fue Guido. Destituyeron al presidente. Pero no tuvieron fuerza para sentarse en su lugar.

El tránsito-Guido fue un período útil, no sólo en cuanto alguno de sus ministros revelaron aptitud técnica sino porque durante ese tiempo Argentina compuso un EJERCITO. Aquí hay que poner el acento; sin el EJERCITO, no se puede fabricar un PAIS HISTORICO. Con surcos. Los izquierdistas trasnochados, héroes de papel glacé, creen que enfrentando a las Fuerzas Armadas, o achicándolas en sus recursos, adelgazándolas de poderío, se puede hacer la REVOLUCION. Sin darse cuenta de que para no seguir comprando pasado y pisando el barro del ayer, hay que construir un EJERCITO SOLIDO que mentalmente sirva a una Revolución Seria. Con mayúscula. Lo otro es una idiotez. Es vivir la irrealidad. Es chocar contra la dura pared de la historia, Y ES AYUDAR AL ATRASO. Es mala fe.

Pero ese EJERCITO VERTICAL, con mentalidad nacional, alejado de la anécdota y de la rencilla particular, para entrar en el tono general, concebido así y ejecutado así, nos guste o no, por Juan Carlos Onganía, tuvo la debilidad más cruel: NO TOMAR EL PAIS EN ESE MOMENTO. Cuando prácticamente era un ansia general. Escrúpulos insalvables para algunas conductas, los llevaron otra vez al terreno electoral. Prefirieron ser árbitros antes que ser protagonistas. Entre HACER EL PAIS, si lo sabían hacer, y SALVAR SU PALABRA DE HONOR, prefirieron resguardar su investidura y su voz. El catecismo fue más importante que la religión.

Y mientras arbitraban, no con mucha imparcialidad -pues vetaron el FRENTE- hicieron posible que uno de los partidos mayoritarios o primera minoría, si así se prefiere, la UCRP, asumiera el Poder y con ello la posibilidad inmensa de HCER EL "OTRO PAIS". El esperado. El deseado.

Un partido con 30 años de oposición, desangrando hombres, muy idealizado, sin tener cables a tierra, con una modalidad particular donde la urgencia no existe y la "fuerza mayor" es desconocida por indecorosa, se limitó a zurcir el país. No a cambiarlo. Dio la libertad como nunca. Suprimió el Estado de Sitio, en el que anclábamos tarde o temprano los argentinos. No estábamos acostumbrados. No lo estamos aún. No lo habíamos vivido nunca así. Esta es la verdad, guste o no. Pero se tenía, y se tiene, la sensación, justa o injusta, pero hecha carne, de que NO TENEMOS FUTURO. De que no hay grandeza. Que esta conducción filosófica, técnica y económica, es frustrante. Es entonces que el teniente general Pistarini plantea, ya deliberando -pese a todo lo que se desmienta- la gran incógnita: ¿LIBERTAD PARA QUE?

Y aquí estamos. Otra vez en el miedo. En la asfixia. O esta libertad, supuestamente para LA NADA, o un golpe. ¿EL GOLPE, para qué? ¿Para hacer otro país? ¿Para una aventura loca? ¿Para perder más tiempo? Cambiar la libertad por algo -si es que hay que suprimir libertades para construir otra Argentina- merecería meditarse. Hoy día hay más amor por la SEGURIDAD que por la LIBERTAD. Pero siempre que hubiera proyecto. Que fuera para ALGO. Para la NADA es preferible morir gritando. Es decir, en libertad.

Y aquí estamos. En la asfixia. Sin el oxígeno de una esperanza que se toca o se lame.

El 2 de abril de 1861 empezó en EE.UU. lo que se llamó "guerra de sesesión". Norte contra Sur. Fue en verdad la GRAN GUERRA; EE.UU INDUSTRIAL O EE.UU. AGRICOLA-GANADERO. ¿Quién mandaba el proceso futuro? Ganó EE.UU INDUSTRIAL. Y ahí empezaron. El 9 de abril de 1865, al rendirse el general Lee, EE.UU. entró en la historia del liderazgo. Esta batalla nosotros aún no la libramos. Seguimos vacíos de definición y pagamos. EE.UU. -para ir a otro ejemplo- produjo desde 1776, una vez procesado como país, su incrustación como PRIMERA POTENCIA. Tardó 133 años -elegimos 1919, fin de la primera guerra mundial- para alcanzar su gran meta. Lo hizo en libertad. Rusia tardó 47 años en ser POTENCIA MUNDIAL. Lo hizo en dictadura. Aplastando al que se oponía. Negando al hombre para servir al Estado e intentar ahora el retorno al hombre.

Uno y otro país, por caminos diametralmente opuestos, tocan el objetivo.

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