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Trepar para abajo, Enero de 1967

REVISTA EXTRA - AÑO III - Nº 18 - ENERO 1967

TREPAR PARA ABAJO

El martes 6 de diciembre, a las 16.15, el canillita de turno en Florida y Sarmiento voceaba así la noticia del día: "SE FUE PISTARINI... YA EMPEZAMOS...". A esa misma hora, el teniente general Pistarini, ante la mirada atónita y dolida de su mujer, de su hijo Roberto Pascual (24 años), que al día siguiente se casaba con Helga Pane, y de sus dos hijas, se quitaba la chaqueta del uniforme, la colgaba en una percha y expresaba: "nunca más me la pondré". Había en el comandante en Jefe una inmensa dosis de tristeza, de depresión y no poca frustración. Onganía y Pistarini recorrieron mucho camino juntos. Ahora su discrepancia fue alta y fuerte; así como el ejército no interfería la acción del gobierno, a pesar de disconformismos propios de una institución que pisa tierra, que tiene sus cabos en el suelo, que siente y palpita, así también, entendía Pistarini, en ascensos y designaciones que su propuesta no debía merecer, por parte del presidente, ninguna objeción. Pero Onganía objetó. Destino, ascensos, retiros. Fundamentalmente la situación de los generales Nicolás Hure y Cándido López. Pistarini los sostuvo. El diálogo entre los dos jefes habría sido cortante: "Entonces es mejor que presente mi pedido de retiro" (Pistarini). "Lo doy por presentado..." (Onganía). Técnicamente, fue solicitud de relevo. Espiritualmente, Pistarini se sintió relevado. Cuando abandonó el despacho presidencial, el rostro de Pistarini era el espejo de su alma. En la antesala vio al general Rosas, que estaba aguardando ser recibido por el presidente Onganía. Se saludaron; Rosas le sugirió que "un día de estos lo visitaría, pues tenía que llevarle algunos temitas de los que usted arregla", y Pistarini, con sonrisa desvaída, le contestó: "Si quiere verme, general, hágalo pronto...". Estaba con un pie en el umbral.

Hasta aquí la anécdota. De aquí en más, la reflexión y el futuro. Pistarini era un comandante en jefe al puro estilo de Onganía. Sobrio, discreto, eminentemente militar, sin acceder a planteos. Aun discrepando con la conducción económico-social impresa a la Revolución Argentina, admitió la tesis de Onganía: "el gobierno es civil, al Ejército hay que dejarlo de todo rozamiento que pueda alejarlo...". Es decir, los revolucionarios volvían a su casa. Por eso, acaso, el déficit. Sin revolucionarios no hay Revolución. Pero era una honda doctrina de Onganía, y Pistarini la cumplió íntegramente. Otros, como justamente el hoy comandante en Jefe general Julio Alsogaray, Lanusse, Osiris Villegas, transmitían sus conmociones por la no definición revolucionaria en el plano de los hechos. Había en ellos cierto sabor a disgusto. Por supuesto, en el plano intimista, y sin nunca intentar ajar o discutir la personalidad de Onganía-Jefe. Diferenciados ideológicamente entre ellos, en los generales citados había un poco o un mucho el deseo de participar o de irradiar inquietudes. En Pistarini, por idealización de la conducta y por temperamento, no. En esto, Pistarini era un émulo claro y preciso del Onganía comandante en Jefe que jamás transitó la tranquilidad de Guido o de Illia con la hasta entonces habitual "presión castrense", de la que Arturo Frondizi tuvo tan rugosa experiencia. Y tan dramáticos inquilinos. Como, por ejemplo, el inolvidable y constantísimo general Toranzo Montero. Otro ejército, otra mentalidad, otra vida militar. Y esto, no cabe duda, se debe a la rigurosa conducción del inflexible Onganía. En eso también estaba Pistarini. ¿Qué esconde entonces la ruptura actual?

 

La era de Alsogaray...

Del nuevo comandante en Jefe del Ejército siempre se ha dicho algo irrescatable: "es inteligente...". Quienes lo quieren y quienes no, coinciden. Es, además un hombre de carácter. Fuerte. Dos anécdotas bastarían para pintarlo; allá por 1962, delante de casi 40 generales, le reclama gruesamente al general Martijena por su mucho contacto con la Marina. El tono es ácido. Y se afirma que por centímetros el general Julio Alsogaray no llegó a la vía de los hechos. Se lo conceptúa como "valioso y valiente". La otra acción tiene que ver, hace muy poco, con una especie de citación-invitación que le formuló al jaqueado ministro de Economía, cuando éste no terminaba de definir la política a seguir. Salimei debió concurrir al comando de Palermo y, ante un núcleo de oficiales, inquietísimos por la demora revolucionaria, explicar su concepción. El general Alsogaray entendía entonces que Salimei deterioraba a la Revolución Argentina. Una especie de "mal monaguillo".

La única observación que se suele hacer con respecto a Julio Alsogaray es la identidad de juicio con su hermano Alvaro. Entrañable cariño, indescriptible admiración convalidan ese hecho. Y entonces ya no es "Alsogaray", sino "los Alsogaray". Alvaro tiene definida imagen, permanente presencia, que a veces hace bien y muchas veces hace mal. Y esta cálida vinculación fraterna hace aparecer a Julio como la "mente armada" del hoy embajador en USA. A la hora en que el general Alsogaray conspiraba abiertamente contra el gobierno de Illia -fue casi el único jefe militar que mantuvo estrechos contactos con dirigentes gremiales planteando el proceso- se recuerda que siempre aclaraba, a modo de cubrirse: "Alvaro no tiene nada que ver con esto, no tendrá misión dentro del gobierno, no lo vinculen..." Alejaba así todo resquemor sindical para evitar las alergias que por doctrina y por apasionado Alvaro Alsogaray supo conseguir en el difícil campo obrero.

Estas circunstancias apretadas permiten suponer que el nuevo comandante en Jefe no será un pasivo espectador, ni que su vocación es transformarse en un contemplista de los sucesos. Por eso, a la hora de asumir Julio Alsogaray, el país se cubrió con la versión de la noticia esperada: la renuncia de Salimei. El ministro no ignora que su línea económica, vacilante y quebradiza, no goza de ninguna simpatía en el nuevo conductor del ejército. ¿Entonces?

 

Onganía, siempre Onganía

Para no perder el perfil de la situación, a esta altura bien vale dejar sentado un principio básico; si Julio Alsogaray admira a Alvaro al punto que no pocos lo hacen aparecer como la "idea blindada" de su hermano, no es menos el respeto y la consecuencia que experimenta hacia Juan Carlos Onganía. Esto es: yerran quienes quieran ver un conflicto entre este "otro ejército" ahora con Julio y el presidente Onganía. Posiblemente habrá más "vida militar" cerca del gobierno que antes y seguramente, encontrarán de frente dos líneas definidas; la liberal, de Julio Alsogaray, y la corporativa o nacionalista extrema, que pueden alimentar el general Señorans, Martínez Paz y en lo económico Salimei. Si Julio Alsogaray decide no ser mero espectador y participar, estas dos tendencias chocarán en el campo ideológico. Porque una no tiene nada que ver con la otra. Pero siempre con Onganía encima del acontecimiento. Esto es inmutable, incambiable. Hay y habrá, seguramente, dos doctrinas; Onganía elegirá. Para el país la encrucijada dramática está dada en que la opción es "derecha o más derecha". Verbigracia: endurecimiento de la línea social, aumento de la tensión gremial, guerra en vez de paz social. Amén.

Porque no hay que equivocarse: Julio Alsogaray, como librecampista, aboga por el cumplimiento, hasta sus últimas instancias, del plan económico expuesto por el presidente y que Salimei -no por eso redimible- aplica sin convicción y con retoques que aún confunden más y llevan al igual que la tesis de Alsogaray (Alvaro) a un destino común; iliquidez, inflación con retracción del consumo -único caso en el mundo-, gran costo social, paralización industrial, enervamiento popular, sensación de desamparo de la clase media y baja. Bastaría dar un ejemplo dramático: se anuncia un voluptuoso plan de reestructuración ferroviaria. Cuando todos creemos que los ferrocarriles van a comenzar a rendir, que se transferirán 20 o 40 mil obreros -la suma siempre es confusa- a otras actividades, resulta que lo primero que sobresale de esta "salvación" es AUMENTAR LAS TARIFAS. Otra vez paga el usuario. O el Estado no se da cuenta o es ingenuo y feliz siendo el mayor PRODUCTOR DE INFLACION POSIBLE Y PERMANENTE.

Julio Alsogaray, pues, mentalmente, representa la aplicación "a full" del ideario económico que explicó Onganía. Es decir, duro "hasta el fin". ¿Jugará el ejército en esta definición? ¿Querrá Onganía que así sea?

 

Los obreros y el ejército

Hay algo en lo que el presidente está clarísimo; LA REVOLUCION ARGENTINA no se hará contra los obreros. Sino con ellos... Esto no quiere decir someterse a la CGT. Ni tampoco aterrizar junto a dirigentes gremiales -pocos, pero los hay- que TAMBIEN LE TIENEN MIEDO AL CAMBIO, y entonces defienden calcinado instrumento de trabajo que frenan al país.

Aquí hay cosas que poner definitivamente en claro; los ferrocarriles no pueden ni deben seguir así; el puerto no podía continuar siendo el más caro y más sucio del mundo. Discrepamos con las soluciones dadas. Pero de ningún modo apañamos la actitud internacionalista del Eustaquio Tolosa, porque daña al País sin favorecer a su gremio, y no compartimos la ortodoxia de algunos sectores gremiales ferroviarios que anuncian colaborar para un ferrocarril mejor, y todos los días bajan la barrera a la hora en que deben sacrificar privilegios que ayudan a pocos y perjudican al país entero.

Pero esto ocurre porque hay desconfianza. Taccone, el llamativo dirigente sindical lo explicaba así: "cuando me tuve que hacer la casita, convinimos con mi mujer que había que retraer el consumo. Gastar menos y ahorrar para la inversión de la casa propia. Hicimos sacrificios. Pero la plata la manejamos mi mujer y yo. Y la casita se hizo. Pero aquí hacemos el esfuerzo nosotros, y la casa la prometen otros. ¿La harán?". Aunque sea economía doméstica. Los obreros tienen miedo de que el ahorro y la estrechez de hoy se transformen mañana en simples cuentas en dólares en bancos suizos. Y la intemperie los entumezca... Porque mientras aquí discuten corporativistas, LA INFLACION CONSUME LAS DOCTRINAS. Las devora. Se traga la fe. Envaina el fervor.

 

La pista a seguir

Sabemos pues lo que tipifica Julio Alsogaray. Salimei no tendrá vida. El ejército participará algo más de la Revolución, sin enturbiarse, por supuesto. En ese caso, ¿por qué no efectuar dos designaciones en hombres militares que tienen neta tendencia nacional y gusto popular para resolver problemas de fondo? El coronel Manuel Reimundes -estuvo preso cinco años con Julio Alsogaray, con Lanusse, con Prémoli, con Sánchez de Bustamante- sabe mucho y bien del problema ferroviario. Además goza de respeto y prestigio de los gremios. Trabajaría con consentimiento.

El general Guido Blanco, que ahora pasa a retiro, mostró ideario coherente e industrialista -sin MATAR AL CAMPO- y podría ser una garantía en el ministerio de Economía. Los dos prescindentes. Los dos nacionales.

 

Con moraleja

No hay fórmulas mágicas, de otro modo. Los partidarios de la fuerza no se cansan de perder. A largo o corto plazo. El consentimiento puede llevar al cambio fácil. Sin huelgas generales. Sin intervención a la CGT que, de seguir así, debe, desde ya, vaticinarse. El roce contra el roce, la fricción tras la fricción, nunca trajo amor. Siempre la mutilación. Querer transformar el ejército en una trampera para cazar los "disgustos populares" es antiargentino y va contra natura. Jamás se dio -pese a la queja que aquí alzaran los marxistas- y no se dará, al menos aquí. Porque eso sería TREPAR PARA ABAJO.

Por desgracia, luchamos contra el tiempo. Aquí las prioridades lastiman, sobre todo cuando no es necesario sufrir para ser después feliz. En ese sentido, la anécdota final juega con una conferencia que pronunció el coronel Jorge González (Conade) en el seminario de empresarios de Ezeiza. Desarrollaba la tesis del "país ideal" para dentro de 20 años -exponiendo el plan- y del "país posible" para dentro de 10 años. Miguel Podolsky (Odol), en medio de la expectación de los ejecutivos reunidos, lo interrumpió:

-Dígame, coronel, ¿y "el país de ahora", cuándo lo hacemos?

"El país de ahora" vive junto a la última decisión de Onganía (lo mejor de su primer año de gobierno): CHOCON ES PRIORIDAD Nº1. Y además, su frase privadísima a la CGT: "Hay mucha gente que me insta todos los días a dar palos. Señores, esta no será una Revolución popular. Pero tampoco será la revolución de los palos...".

"Como soy jefe, LOS sigo..." NAPOLEON

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