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Apunten sobre la Clase Media, Abril de 1967

REVISTA EXTRA - AÑO III - Nº 21 - ABRIL 1967

APUNTEN SOBRE LA CLASE MEDIA

"No hay libertad en la miseria..." Pascual Pistarini, en el Día del Ejército, el 29 de mayo de 1966, ante los demudados oídos de Arturo Illia.

Al mismo tiempo que el respetado Krieger Vasena anunciaba el nuevo rumbo económico del país, después de 9 meses de Revolución Argentina, en un teatro de la calle Paraguay, subía a escena una obra, El Rehén, a cuyo autor, Brendan Beham, irlandés iracundo y golpista se le atribuye esta dogmática frase: "En mi opinión lo que cuenta primero es la bondad con los hombres y luego la bondad con los animales. No reconozco la ley; reservo una total irreverencia para todos los aspectos de la sociedad, excepto los que hacen más seguras las carreteras, más fuerte la cerveza, mejor el vino, y más barata la comida; y los que hacen que los viejos y las viejas estén más abrigados en invierno y sean más felices en verano...".

Por supuesto, una frase más... Y casi demagógica del hombre común. Del que sabe que la devaluación amplia y generosa, más tarde o más temprano, le modificará su vida, pese a las protestas ministeriales de una inflación pigmea. Pese a las promesas juradas de "ser la última devaluación". Porque ese hombre común, ya ha conocido las otras frustraciones que significan 13 devaluaciones en los últimos 10 años. Y realmente se lo puede transformar en mártir de su tiempo, pero difícilmente en crédulo.

Especialmente si procede de la clase media. Si es empleado bancario, de comercio, abogado, médico, maestro, militar (por supuesto), arquitecto, ingeniero, juez, gerente, y todas las otras modalidades que habitan en ese sector. En esa clase que alguna vez se dijo era "la suerte de la Argentina". Si es "la suerte" en vez de ayudarla? Es una desgracia para ellos militar en el justo medio de un proceso surcado por travesuras económicas que siempre absolutamente siempre, golpean con fuerza sobre esos 8 millones -según la estadística- que forman la clase media. Una clase llena de culpas, híbrida a ratos, peronista a la hora de Perón, antiperonista a la caída, siempre ausente del compromiso, más manejada que manejando, pero cuya vitalidad nadie pueda discutir, cuyo aporte a las pautas culturales es sobresaliente, y que es, además, la personalidad misma de Argentina. Ora espectacularmente omnipotente, y un rato más tarde, reprimida, medrosa, supuestamente vencida.

A ellos, prácticamente les pide el ministro de Economía, que "sacrifiquen las expectativas". Y decimos a la "clase media", porque es la que más expectativas tiene, naturalmente. Las medidas económicas siempre se toman teniendo en cuenta dos sectores: el del capital, fuente fundamental para un país en marcha, y el del obrero, vital engranaje para motorizar la idea. Pero el grupo intermedio, mayoritario casi, es un gran ausente para estas decisiones. Es el que produce y consume con mayor asiduidad que ningún otro. En el grupo alto -por identificarlo de algún modo- a lo sumo hay necesidad de reposición. Se repone el auto, la casa, la heladera. En vez de 10 trajes se hacen 8 trajes. En el sector densamente obrero, las expectativas también son menores. Aclimatadas al medio. En uno hay que resguardar status; en el otro hay que garantizar salud, alimento, vivienda. En la clase media, hay que mantener estilo, seguir construyendo las pautas culturales, no perder el perfil, ascender. Las expectativas ahí son millonarias. Van desde vestirse "mejor" hasta viajar. Ambicionan y PRECISAN. ¿Está claro?

La rigurosa y audaz política económica puesta en órbita, puede, y es nuestro temor, reestablecer la estabilidad perdida, y con tiempo, mucho tiempo, y mano firme en la conducción, alcanzar éxito. Capitalizar al país. Pero destituir a la clase media. Mortificarla hasta la hoguera. Mermarla de ilusiones y degollarla de medios. ¿Y entonces?

No es este un pronóstico dramatizado. Es una intensa inquietud. Casi visceral. Viene de lejos y es honda. Doblemente profunda.

 

Pero... ¿terminará la inflación?

No estamos desde ya cuestionando el plan de Transformación Nacional, por el mismo. No somos pesimistas. Contrario imperio; gemimos por cansancio y repetición. Pensamos que esta idea de abandonar de una vez por todas la zona de inflación, donde se estrellan tantas ilusiones, es útil para el país todo. Saber cuáles van a ser nuestros costos y nuestras necesidades dentro de un año, es ya un seguro de vida. Es alejarnos de los fantasmas permanentes de la inquietud; es fomentar el ahorro que no sirve para nada, porque todo se vuelve inalcanzable en la inflación gratuita. Y ahí, vivíamos. Pero... ¿Terminará la inflación? Si en nuestro rubro tan solo, el de los editores, los costos en un solo día, ascendieron un 40 por ciento. El papel no tenía recargos; pero de 250 pesos el dólar pasamos a 350 pesos, sin ningún paliativo. Lo sabe el ministro. Lo sabe el gobierno. Aquí no tratamos de poner piedras en el camino a una idea económica. Al contrario, no estando enrolados en ella, no creyendo ideológicamente en este supuesto liberalismo económico, desearíamos su éxito a costa de nuestro pensamiento. El país ganaría. Como creemos que de fracasar este intento, el liberalismo económico, habrá cavado su tumba definitiva. La última. Por eso creemos que, de un modo u otro, el proceso es útil. Aún siendo todo lo doloroso que uno imagina.

Porque lo que irrita, es que todos los sacrificios que se exigieron y que en muchos casos se cumplieron, resultaron tontamente inútiles. Y no se le puede pedir al país, que crea hasta el infinito en los magos que no terminan de sacar los conejos prometidos de su deteriorada galera económica.

 

¿Con Paulo VI o con Krieger?

Al plan en sí lo salva la imagen de Krieger Vasena. Su fama de técnico serio, informado y no ligado a ninguna maraña de intereses. Ni de afuera ni de adentro. Esto ha permitido -creemos- que el país no haya estallado en la queja. Pero ocurre que a horas de emitir la Revolución Argentina su programa económico, Paulo VI, en el documento más vital del siglo en función de la Iglesia, OPINA TODO LO CONTRARIO. Más que una encíclica, "Popularum progressio" (Desarrollo de los Pueblos) es un plan económico y social de por sí. Es un libreto para la Reunión de Presidentes de Punta del Este. Es el mayor grito religioso de todos los tiempos. Pero además toca tierra. Es indicativo, como supo ser indicativo y estructuralista en un tiempo no muy lejano el doctor Krieger Vasena. El sistema con el que Argentina pretende corregir su estancamiento, su inflación y su modo de vida, es calificado por el Papa como "funesto". Así, textualmente. "La ley del libre cambio -dice el documento- ya no está en condiciones de regir las relaciones internacionales y sus ventajas son realmente evidentes CUANDO LAS PARTES NO SE ENCUENTRAN EN CONDICIONES DEMASIADO DESIGUALES... Con ese sistema LOS PUEBLOS POBRES SE HACEN CADA DIA MAS POBRES Y LOS RICOS SE HACEN CADA VEZ MAS RICOS".

Es decir; no estamos solos en esta apreciación que venimos amando desde hace años. Ahora nos acompaña Paulo VI. Esto es LA IGLESIA con mayúscula. Y no es una improvisación como nuestras listas de recargos y retenciones; no. Desde 1963 viene Paulo VI preparando su mensaje. Además sometió su tesis al examen de sociólogos y economistas de casi todo el mundo. En contrario imperio, el Plan Argentina, no TIENE PARTICIPACION DE NADIE. Carece de consentimiento.

No queremos enfrentar, lógicamente, a el Papa con Krieger Vasena. Queremos señalar simplemente cómo chocan las dos doctrinas. Aquí queremos aferrarnos a la propiedad privada, uno de los derechos más definitivos, que sobreviven desde la edad romana. Y la encíclica afirma que "no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto porque nadie tiene el derecho de poseer para sí lo que supera su necesidad cuando a los otros les falta lo necesario". Dramática tesitura que hace tambalear todo nuestro mundo tradicional. Inquietísima estela que dejará este rubro. Desde Roma se utiliza una expresión que en Argentina se usó en las últimas tres décadas: "una oligarquía goza de una civilización refinada". Cuando nosotros creíamos estar frente a un slogan, la Iglesia resucita la visión y nos dice: ES VERDAD.

No dudamos nosotros de lo coherente del plan del ministro de Economía. Simplemente decimos, que la Iglesia Católica, que lleva 2.000 años aprendiendo y enseñando, considera caduco, fastidioso y negativo el rumbo elegido.

Nuestra preocupación ya tiene una COMPAÑIA GRANDE.

 

Ni empresarios ni obreros

Mientras transcurren los días, tímidamente las entidades empresarias han comenzado a esbozar sus protestas. En su momento, todo el mundo comercial pareció sentirse afectado. Después, cada uno fue a lo suyo. A su "lista". Con una actitud individualista, que recuerda siempre la sentencia de Benjamín Franklin: "Si los empresarios no marchan juntos, los ahorcarán por separado...". Es cierto: no han tenido participación en las medidas; y esto es grave. Siempre es difícil actuar sin consentimiento. Las posibilidades de error son mayúsculas. Aquí nadie fue consultado. Y puede ocurrir que todo el mundo resulte "operado". Hasta el enfermo, en la camilla, antes de recibir la anestesia, dice: "Si, Dr., opéreme..." Aquí, no. La CGT, fraccionada internamente como nunca negándonos la razón a los que sostenemos que estamos ante una élite dirigente sindical madura, adulta, se ve enfrentada a este otoño, pálida, desnutrida de vigor, sin consenso popular, con hondas dudas que estremecen sus cimientos. Porque las dudas vienen desde dentro. No es que el gobierno haya derrotado a la CGT. No. La CGT se derrotó a sí misma. Que es la derrota mala. La insana. La no sensata.

No. No hay que estar muy feliz que digamos.

 

Un tranvía llamado Hong Kong

¿Es de casualidad que dudamos? ¿Es una actitud permanente de desconfianza? ¿Nos anida el deseo intrínseco, de oponernos, de perturbar a la Revolución Argentina? Vanidosamente pensamos que sólo los mediocres pueden dudar de nuestra conducta. De nuestra actitud positiva. Pero es que hemos hecho lo imposible; al no poder cambiar la realidad, tratamos de cambiar los ojos que miran esa realidad. Y todo es igual. Vale la pena salir de las abstracciones y entrar al terreno crudo de los hechos; tememos por un mercado contraído. Tememos por un crac tremendo en la vida industrial. Observamos que el desproteccionismo total, nos pone desnudos en manos de una competencia que matará la industria ficticia, la ineficiente, y también... la otra. ¿Pruebas? La industria de los cueros crudos y curtidos; antes de las reformas, la exportación de cueros curtidos, operaba en la práctica con un cambio de $295 por dólar. El cuero crudo se exportaba con un tipo de cambio menos favorable, ya que alcanzaba $200 por dólar. Era negocio exportar cuero curtido. ASI EXPORTABAMOS MANO DE OBRA ARGENTINA. Obreros que cobran, y que al cobrar, consumen y que al consumir dan trabajo a los que producen. Regla de tres simple. Con la reforma, los cueros industrializados salen a $294 por dólar y los cueros crudos a $262,50 por dólar. Conviene mucho más ahora mandar cueros crudos y despedir obreros.

A una importante fábrica de camisas argentinas, que usa nuestra estupenda producción textil una industria competitiva japonesa le hizo una propuesta: "Ustedes cierran la fábrica, y los nombramos representantes nuestros en Buenos Aires. Sin problemas de costos, de conflictos obreros, venden nuestras camisas...". Y está a estudio ¿Por qué no? El único problemita es que la fábrica tiene 375 obreros. ¿Irán a otra estructura? ¿Quién la crea? ¿El gobierno fomenta dónde desviar la mano de obra sobrante o ineficiente, o simplemente el plan es indicativo de lo que no hay que hacer? Seguimos: mientras en el régimen anterior se podía importar motores de motocicletas y armar las unidades en el país, ahora se prohibió importar los motores y en cambio se facilita la entrada de unidades terminadas. A un fabricante de termómetros también se le hizo la oferta de introducir termómetros japoneses; él cerraba su empresa y se dedicaba a representar los productos de Oriente. Hong Kong es un camino casi obligado que ya empieza a ser transitado por infinidad de ojos argentinos. Japón, lo mismo. Y mientras los americanos nos piden garantía, que les daremos, para su inversión, ¿POR QUE NO GARANTIZAMOS TAMBIEN AL CAPITAL ARGENTINO? Nuestros empresarios además de la técnica palabra del ministro Krieger Vasena, también tienen derecho a recibir garantías precisas, de que no habrá inflación, de que la apertura competitiva será sana, estudiada, y no ruinosa, y que el gobierno empezará por desmantelar su frondoso, inorgánico y deficitario aparato estatal...

La enumeración de defectos de la ejecución -defectos que en algunos casos parecen premeditados- tiene su cima montañosa en el proceso de la retención del 25 por ciento a la exportación agropecuaria; la medida es útil e inteligente, si persiste. Y no si es temporaria. Primero, porque el dolor provocado será el de "no ganar más", pero nunca el de perder. Pero en cambio el levantar los recargos a las importaciones de artículos que se producen en el país, y al mismo tiempo mantener prácticamente los mismos gravámenes para materias primas que nos permiten elaborar productos, creamos dificultades serias a empresas industriales argentinas, que no tienen ya el desconsuelo de "no ganar más", sino que no podrán sobrevivir. Que pueden ser ineficientes: lo reconocemos. Pero ¿por qué van a pagar miles y miles los errores de pocos? ¿No hay otra forma de curar que la de desgarrar? De una mala exportación se vuelve; de una quiebra industrial, no se vuelve más. Es decir, vamos a conseguir 550 millones de dólares del exterior; pero logramos al mismo tiempo que capitales argentinos vayan a Brasil y allí levanten una planta de acería junto con capitales brasileños. Y nosotros aquí nos limitaremos a laminar ese acero. A tal extremo de dependencia podemos llegar... Y uno piensa, que escopeta al hombro estuvimos mucho tiempo temiendo la invasión militar. Mientras en esta época, la invasión tiene color de mercado comercial y la guerra se libra sin escopetas y con herramientas. Los pueblos que mejor exportan su mano de obra, son líderes. Los que exportan materias primas, son obedientes. ¿Cumplimos este rol? Al menos, es bueno saberlo.

 

¿Está prohibido reflexionar?

Mientras todo esto ocurre -y ocurre- algunos voceros de la democracia de los demócratas, viven obstinadamente golpeando sobre el ministro del Interior, azorados porque dentro de unos días tendrá que asumir la acefalía presidencial que provoca la ida del teniente general Onganía a Punta del Este para la Reunión de Presidentes. Hacen fuego, sobre Mario Díaz Colodrero, porque no les fija ya mismo un calendario electoral, y piden la cabeza y la sonrisa del secretario de Trabajo, Rubens San Sebastián, porque tiene la "malhadada idea" de reanudar el diálogo con la CGT, una CGT que esperamos vuelva del destierro no habiendo olvidado nada y habiéndolo aprendido todo.

Y ocurre también que se hace una inteligentísima designación: la de Julio Alvarez como ministro de Bienestar Social.

Sabemos que Krieger busca rescatar capitales argentinos que emigraron. En eso coincide con la encíclica: "Desde luego -dice el Papa- que no se puede admitir que ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de la actividad nacional, les transfirieran en parte considerable al extranjero, por puro provecho personal, sin preocuparse del daño evidente que con ello infligirían a la propia patria". Justo para nosotros. A imagen y semejanza.

Que Krieger, y con razón, quiere terminar con la industria ficticia, incompetente, que surgió con el régimen peronista. Y no se modernizó después; que vive de la inflación y para la inflación. Y anhela además terminar con las superprotecciones que han alimentado tanta ineficiencia. Quiere cerrar también el proceso de tanto reglamento de trabajo minuciosamente destinado a fomentar el vagaje, la industria del despido, el despilfarro de hombre-hora, y que es anti-nacional en cuanto no permite que nos modernicemos, acortemos costos, nos pongamos a tono con el mercado mundial y realmente se nos pague por lo que hacemos y no por lo que no hacemos. Hay un mal salario en la Argentina: poco o mucho, pero es malo; ES EL QUE PAGA LA INEFICACIA. Y muchos requisitos gremiales también están en contra del País.

Krieger enfrenta todo esto. La duda única sobre su Plan de Transformación es así: ¿EL CAMINO ESTA BIEN ELEGIDO? ¿Irá hasta el final sin piedad? Creará al lado los sistemas para el trabajo pleno y en consecuencia la chance de un alto consumo? Porque aquí se trata de crear Trabajo. No de clausurar Argentina.

Reflexionamos. No atacamos. ¿Podemos reflexionar en alta voz? Lo hacemos.

Detrás de cada anuncio económico, amanece la ilusión. Pero ¿los hechos económicos además de dimensionar créditos, financiaciones, estabilidad, también piensan en la criatura humana? Sería importante averiguarlo. Porque si no, puede ocurrir lo que le aconteció días atrás al doctor Arturo Frondizi. Un empleado policial lo sometía a la tarea datiloscópica de impregnarse los dedos de tinta para marcar un pasaporte. El ex presidente de la Nación le preguntó al funcionario policial:

-Claro, usted tiene que tener estudios... y en fin cierta preparación...

Policía. -Así es doctor...

Frondizi. -¿Y cuánto gana?

Policía. -Y... libres me deben quedar 15.000 pesos.

Frondizi. -¿Y a qué hora sale a robar para poder vivir?...

Acotación final: vuelva al comienzo de este editorial y lea las seis escuetas palabras del general Pistarini, pronunciadas hace un año. Gracias.

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