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Entrevista a Domingo Cavallo (1984)

REVISTA EXTRA - AÑO XX - Nº 231 - SEPTIEMBRE 1984

CRECER O NO CRECER, LA OPCION ARGENTINA

 


Hay un hombre que por su actual influencia en la dirigencia sindical y empresaria vale la pena seguir de cerca. Domingo Cavallo, porque de él se trata, insiste en que nada será posible en la Argentina sin crecimiento económico y sin estabilidad. Pero crecer, a su juicio, no es lo mismo que reactivar generalizada e indiscriminadamente. Muy por lo contrario -precisa-, los sectores actualmente sobredimensionados y que dependen de la demanda del Estado tendrán que mantenerse en recesión hasta que se fortalezcan las áreas productivas. Y estabilizar -agrega- tampoco quiere decir reducir el déficit fiscal de cualquier modo: hay que elaborar una política tributaria correcta y recortar aquellos gastos que no afecten la asignación de recursos ni el futuro crecimiento de la economía. Cavallo no teme hablar de que es imprescindible revalorar el papel de la competencia externa, aun cuando sabe que después de los resultados de la apertura económica instrumentada por Martínez de Hoz sus palabras pueden ser mal entendidas. En este largo reportaje propone soluciones concretas para casi todos los temas y niega que él o la gente que financia la Fundación Mediterránea se hayan propuesto una acción política deliberada para transformarse en un grupo de presión. "Sólo pretendemos que nuestros trabajos contribuyan a la difusión y clarificación de las cuestiones económicas -asegura-, en la seguridad de que ello facilitará el acercamiento de posiciones y permitirá llegar a decisiones colectivas racionales."

Extra: En los últimos tiempos se ha vuelto a hablar mucho de usted, doctor, en virtud de que sus líneas de pensamiento habrían recibido buena acogida entre empresarios, economistas de distintos partidos y sindicalistas. Sabemos que usted participó activamente en el documento de ocho puntos que la CGT presentó al Gobierno y se dice que está preparando otros proyectos para sectores industriales. Todo ello hace suponer que está jugando un papel decisivo...

Domingo Cavallo: Lo concreto es que dirijo un instituto de investigaciones económicas que tiene por objetivo ayudar a la dirigencia argentina a razonar y discutir políticas económicas. Nuestros trabajos están a disposición de todos los cuadros dirigentes de partidos políticos o sectores que los quieran utilizar. Es un aporte que los empresarios que financian la Fundación Mediterránea han querido hacer a la comunidad, permitiendo que un grupo de economistas profesionales, de manera sistemática y trabajando en equipo, contribuyan a la difusión y clarificación de las cuestiones económicas. Lo que puede estar pasando, en consecuencia, es que cada vez más gente preste atención a los que hacemos y utilice nuestros trabajos. Eso no significa que hay una acción política deliberada por parte mía o de la institución para transformarse en un grupo de presión. Al contrario, sólo pretendemos que el diálogo sobre temas económicos se haga con mayores elementos de juicio, en la seguridad de que eso facilitará el acercamiento de posiciones colectivas nacionales.

Extra: Por lo visto usted parte del diagnóstico de que la política económica argentina siempre ha tenido un alto grado de irracionalidad. ¿A qué lo atribuye?

Cavallo:
Los argentinos somos racionales en nuestras decisiones individuales, pero hemos fracasado en la construcción de instituciones que permitan llegar a las decisiones colectivas correctas. Por un lado está la inestabilidad del sistema político y el hecho de que no hayamos sabido hacer funcionar bien nuestras instituciones democráticas. Y en materia económica, por el otro lado, las reglas de juego no son claras, ni estables, ni hay consenso alrededor de ellas. Algo que ya no ocurre en la mayor parte del mundo, donde hay una cantidad de cuestiones sobre las cuales todos coinciden.

Extra: ¿Por qué no nos da un ejemplo?

Cavallo: La práctica de equilibrio presupuestario a nivel de las municipalidades y de los gobiernos provinciales es una idea que está incorporada a toda buena organización económica. Y si eventualmente hay déficit fiscal, se produce a lo largo del ciclo económico del gobierno federal, pero nunca en los gobiernos provinciales y municipales. Esa idea no está clara en nosotros y por eso es factible hacer cualquier cosa en materia de gastos, lo cual redunda en una gran desorganización e induce a conductas individuales que producen efectos negativos para la economía en su conjunto.

Extra: Usted acaba de mencionar el problema del déficit fiscal, al cual se le atribuye ser una de las causas principales de la inflación. ¿Pero qué pasa en los Estados Unidos, donde a pesar del gran déficit hay perspectivas de deflación?

Cavallo: Lo que pasa es que la inflación se da en una segunda etapa. En la primera, los gobiernos recurren al uso del endeudamiento interno o externo como forma de financiar sus déficit fiscales. Pero cuando la posibilidad del endeudamiento se agota se combinan dos fenómenos: la emisión de dinero para hacer frente al déficit y la carga del endeudamiento acumulado que, a su vez, aumenta más el déficit fiscal. A nosotros nos pasó eso y explotó la inflación. En los Estados Unidos, en cambio, tal situación tardará más en darse porque la economía es muy poderosa. Y porque a pesar de que las cifras que se manejan de déficit y endeudamiento adicional llegan a 200.000 millones de dólares, todavía representan un 7% del producto bruto. Mientras que nosotros, con una economía mucho más débil, hemos llegado al 14%. Con el agregado de que Estados Unidos tiene una economía que inspira confianza y, quizá por varios años, no hay posibilidad de que se fuguen los capitales que absorbe. Sin embargo, todo el mundo sabe que algún día habrá una gran inflación del dólar, debido a que la acumulación de déficit fiscales no es sostenible eternamente.

Extra: El gobierno argentino insiste en que reducir drásticamente el gasto fiscal, en un momento como el que atravesamos, producirá más recesión. ¿Usted que opina?

Cavallo: Coincido con ello, pero creo que lo importante es tener crecimiento económico. Y crecimiento económico no significa expansiones espasmódicas de la demanda para que después vengan contracciones espasmódicas. Muy por lo contrario, yo estoy hablando de aumento de la capacidad productiva, que se da a través del aumento de la fuerza laboral, de la acumulación de capital, y sobre todo a través del incremento de la productividad.

Extra: ¿Usted quiere decir que no todas las reactivaciones conducen al crecimiento económico?

Cavallo: Exacto. Y a veces, para que haya crecimiento en la economía global, es necesario que en ciertos sectores no haya reactivación.

Extra: ¿Hay que encarar entonces una política de privilegiar a algunos sectores y postergar a otros? ¿Cuáles?

Cavallo: Los sectores que han dependido mucho de un alto nivel de gasto público para progresar, desgraciadamente tendrán que estar en recesión por un cierto tiempo. En cambio, deberán reactivarse aquellos otros que han dependido de la demanda externa o de la inversión privada. En este último caso se encuentran todos los de exportación, los sustitutivos de importación que están en condiciones de operar en buenos niveles de eficiencia y los ligados a la provisión de servicios y al abastecimiento de bienes a la gente que trabaja en las áreas dinámicas de la economía. Si queremos crecer, en definitiva, tendrá que haber menos gente trabajando en el Estado y en las empresas cuya demanda depende del gasto del Gobierno; menos gente trabajando en el sector financiero y más en la industria manufacturera, en el campo, en la minería, en la generación de energía y en los servicios conectados con estas actividades productivas.

Extra: ¿Cómo se produce ese cambio de estructura económica?

Cavallo: En la medida que haya diferenciales de remuneración y de rentabilidad. Mientras haya perspectivas de buenos negocios en unos y ausencia en otros. Por eso no es posible hablar de una reactivación generalizada, sino sólo de aquellos sectores capaces de contribuir sostenidamente al crecimiento y que induzcan los reajustes estructurales de la economía. De lo contrario únicamente habrá una reactivación espasmódica a la que le sucederá una contracción que destruirá todo. Y es muy sencillo explicarlo: al final de la reactivación se producirá una crisis de la balanza de pagos o un gran déficit fiscal que provocará emisión monetaria y la tasa de inflación subirá a niveles imposibles de soportar.

Extra: En la medida en que día a día crece el proteccionismo mundial, ¿usted cree que hacer un gran esfuerzo exportador dará frutos?

Cavallo: El fenómeno de las altas tasas de interés que se da en los Estados Unidos tiene un lado positivo: la demanda de bienes que plantea la economía norteamericana al mundo. Porque Estados Unidos tiene un déficit comercial externo muy importante que es la forma en que la economía digiere las divisas financieras que ingresan. Nosotros tenemos que aprovechar esa situación y reactivar la economía a partir de las exportaciones.

Extra: Este tema se enlaza con una cuestión que planteó días atrás en un programa de televisión: la de la competencia externa. Nos gustaría que la explicara más detenidamente.

Cavallo: Sistemáticamente, en la Argentina, los gobiernos han abusado de la restricción de la competencia. Lo han hecho trabando el comercio exterior, poniendo límites cuantitativos a las importaciones, estableciendo altos aranceles y reembolsos.

Extra: Pero después de la experiencia de Martínez de Hoz todo el país piensa que competencia externa es sinónimo de mala palabra...

Cavallo: Pero en ningún otro lugar del mundo es mala palabra; es una forma de organizar la economía. Mire, hemos tenido políticas de dólar barato que terminan desalentando la exportación. Y le explico por qué: las trabas a las importaciones con altos aranceles mantienen artificialmente bajo el dólar, pero a su vez hacen que los precios internos de los bienes competitivos con los de importación se coloquen fuera de línea de los internacionales. Entonces, las industrias que producen para exportar quedan descolocadas en la competencia local por el alto costo de los insumos internos. Otro grave error es que hemos mantenido bajo el dólar endeudando al Gobierno y trayendo dólares financieros del exterior. Eso ha creado el problema del endeudamiento externo, que agrava el déficit fiscal futuro y crea problemas al sector exportador. Otras políticas que se han utilizado -sobre todo cuando hay altos aranceles el Gobierno tiene un dólar controlado y se crea un mercado negro- son fuerte restricción monetaria y altas tasas reales de interés para que el dólar paralelo baje y se ubique al nivel del oficial.

Extra: ¿Con qué consecuencias?

Cavallo: Un tremendo costo recesivo interno, donde sólo se benefician los turistas o los que quieren transferir dólares al exterior. Son distorsiones que se han acumulado por malas políticas comerciales externas, por medidas que han trabado demasiado las importaciones y han afectado negativamente a las exportaciones.

Extra:
¿Cómo eliminaría usted esas distorsiones?

Cavallo: Con una paridad cambiaria más alta.

Extra:
¿Y cómo se compensan los efectos negativos de una devaluación importante?

Cavallo: Si a los productos de importación se les reducen aranceles y se eliminan las prohibiciones, sus precios no aumentarán tanto como la devaluación.

Extra: ¿Pero qué pasará con los productos de exportación, sobre todo por la incidencia que tienen en la canasta familiar y concretamente en el rubro de alimentación?

Cavallo: En ese caso, simultáneamente, hay que elaborar una reforma fiscal. Implantar un impuesto a la tierra libre de mejoras, por ejemplo. Y digo expresamente tierra libre de mejoras porque no se trata de gravar lo que la gente invierte sobre la tierra. Lo recaudado a través de ese impuesto compensaría, vía salario familiar, el encarecimiento de los alimentos. En última instancia, hay que evitar matar a la gallina de los huevos de oro. No podemos seguir desalentando la producción.

Extra: En función de todo lo que usted acaba de decir se advierte que no comparte muchas de las acciones que ha encarado el equipo económico. ¿Dónde ubicaría usted la principal dificultad de la política gubernamental?

Cavallo: El equipo económico, desde mi punto de vista, está sufriendo las consecuencias de haber encarado un plan de reactivación, y supuestamente de estabilización, sin tener una clara estrategia de crecimiento a mediano y largo plazo. Falta un marco de referencia que convenza a la gente de que la Argentina, en el futuro, crecerá. Porque sólo de ese modo los sectores que actualmente están sobredimensionados sabrán que, con el tiempo, la reactivación y las soluciones vendrán también para ellos. Es la única manera de que aguanten sin exigir prebendas al Gobierno. Como le decía antes, hay que elegir las áreas de reactivación que hacen crecer a la economía y mantener en recesión, hasta que la economía crezca, a los sectores que están sobredimensionados.

Extra: ¿Para conseguir la estabilización también hay que elegir sectores?

Cavallo: Por supuesto. Para bajar la tasa de inflación hay que reducir el déficit fiscal, pero no de cualquier modo. Hay que determinar con precisión qué gastos se cortarán y cuáles no; hay que decidir cómo debe ser la política tributaria y cómo deben recaudarse los impuestos. Todo esto tiene implicaciones en la asignación de recursos y en el crecimiento de la economía.

Extra: El equilibrio externo se puede conseguir a través de varios métodos. ¿Por cuál se decidiría usted?

Cavallo: Veamos primero cuáles son. Obviamente, un aumento del tipo de cambio ayuda al equilibrio externo. También ayuda una reducción del gasto público y, aunque más no sea momentáneamente, contribuyen al equilibrio externo una fuerte restricción monetaria y una gran elevación de las tasas reales de interés.

Extra: Pero no todos esos instrumentos producen el mismo efecto...

Cavallo: Hay sectores que tienen exceso de infraestructura en función de las continuas inversiones públicas y por el momento no habría que insistir sobre ellos. Pero en otras áreas hay que superar cuellos de botella; por ejemplo en materia de distribución de gas, de electrificación rural, de mejoramiento de los sistemas de comunicaciones y transportes. Todas éstas son inversiones que tienen absoluta prioridad, muy por encima de las destinadas a generar energía, por ejemplo. Y si se quiere enfocar la cuestión desde otro punto de vista, lo concreto es que no podemos hacer tantas obras al mismo tiempo y todas a un ritmo muy lento.

Extra: En el marco de una situación muy conflictiva para la economía del país, se inscribe ahora la concertación. ¿Qué importancia le asigna usted? Y también: ¿le parece que llegará a concretarse eficazmente?

Cavallo: El diálogo y la participación de las dirigencias sectoriales en la definición de un marco de referencia para el funcionamiento de la economía son, a mi juicio, muy útiles. Pero le confieso que no me atrevo a opinar sobre si la concertación va a dar o no resultados inmediatos. De cualquier modo, y en la medida que los participante analicen bien los problemas que tenemos entre manos los argentinos, desembocará en la necesidad de determinar una estrategia de crecimiento a mediano y largo plazo, que ayude a razonar respecto de cuáles son los costos que vale la pena pagar como reajustes económicos. Pero hasta que eso no ocurra será difícil lograr acuerdos de corto plazo.

Extra:
¿No cree usted que ya existe un cierto grado de convergencia entre la dirigencia sindical y la empresaria? El documento de los ocho puntos de la CGT, por ejemplo, obtuvo la aprobación de varios sectores empresariales...

Cavallo: Hay líneas de coincidencia, es cierto, pero me parece que todavía queda un largo camino por recorrer. El tema de recrear la competencia, sin ir más lejos, no figura claramente en los documentos de la CGT ni en los del sector empresario. Y a mi juicio es imprescindible para el buen funcionamiento de la economía argentina, y para que buscando el de interés individual cada sector ayude a realmente a conseguir el interés general. Como usted bien decía al comienzo, lamentablemente en este punto juegan en contra los malos resultados de la política de apertura económica de Martínez de Hoz. Pero no hay que olvidar que se debieron a la forma en que se realizó la apertura y sobre todo a la política cambiaria con que se la acompañó. El desafío, entonces, está en convencernos de la conveniencia de la competencia. Sobre todo porque si no hay mercados competitivos aumentará la tendencia del Gobierno a fijar todos los precios a y decidir las cosas a nivel casuístico, lo cual lleva necesariamente a la anarquía económica o a la estatización total de la economía, con pérdida de participación de los sectores económicos, que terminan transformándose en agentes políticos.

Extra: Nada es blanco o negro en el mundo actual, doctor, y hasta en las economías más liberales los gobiernos intervienen cada vez más. Acaso se trate de conseguir un correcto pragmatismo, ¿no le parece?

Cavallo:
No me cabe duda. Pero la intervención del Gobierno debe ser entendible por el ciudadano y no una suma de intervenciones casuísticas que se convierten en una maraña imposible de comprender hasta por los mismos funcionarios que las aplican. Nosotros estamos en el extremo de una intervención del Estado, sustitutiva de la actividad empresaria y sindical. Y tenemos que ir a una intervención que encuadre, que enmarque, que dé pautas generales, pero que le deje al empresario y al trabajador jugar el rol económico que les corresponde, y que ellos mismos diriman sus cuestiones con métodos que requieran menos arbitraje del Estado. Porque cuando el Estado se ocupa de esas minucias deja de lado las cuestiones esenciales que le competen.

 

 

Bernardo Neustadt

 

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