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Entrevista a Arturo Frondizi (1964)
INCOMUNICADOS - CANAL 9 - 1964
 

Bernardo Neustadt: Estoy agradecido de que me acompañe en esta casa que desde ahora es la suya. Además le quiero hacer una aclaración. Habitualmente esta casa se puebla de gente de distintos estratos y los incomunicados tratan de comunicarse. En este caso, cuando usted aceptó mi invitación, hace ya bastante tiempo, se me ocurrió que no se da con frecuencia en la vida argentina y en la vida de un periodista que un presidente constitucionalmente elegido la transite. Es decir, en los últimos veinte o veinticinco años solamente hubo dos presidentes elegidos constitucionalmente. Uno es Perón, que está en Madrid, y otro es Arturo Frondizi, que está en la Argentina. Quiero aclarar algo que me parece muy importante. Hablando con amigos míos, hombres del gobierno, como el doctor Beco o el ministro Cornero, les hice llegar de alguna manera mi preocupación sobre la realización de este programa. Ellos fueron los más fervorosos partidarios de que usted estuviera en mi casa. Inclusive el presidente de la Nación, en persona, se preocupó por esto. Tienen una exquisita sensibilidad por la libertad y eso es lo que yo quería hacer notar.


Arturo Frondizi: Bueno, yo celebro mucho que sea así y seguramente estos hombres de gobierno que usted está mencionando, incluido el doctor Illia, saben que Frondizi no injuria ni predica el odio.


Neustadt: Perfecto. Yo empezaría por el comienzo, cosa poco habitual entre los argentinos. Uno de los juicios que han tratado de lapidarlo indican que durante su actuación como candidato trazó una programática para un país y que, llegado al gobierno, cumplió otra. En las recientes investigaciones sobre los contratos de petróleo se muestra palpablemente su falta de coherencia en el tránsito de la campaña al gobierno. ¿Usted no cree que esto es cierto y que crea cierta inseguridad y que enfervoriza a la gente que empieza a dudar de todo?

Frondizi: Yo supongo que usted, que es un hombre muy inteligente, no se cree esto que me ha transmitido. Pero de todos modos le voy a contestar como si usted lo creyera. En primer lugar, lo que a nosotros nos interesa y nos ha interesado siempre, es la construcción de un país. Entonces, trazamos desde la calle, en la campaña electoral, los grandes fines de la política nacional. Y sostenemos en algunos problemas, no en todos, determinados medios que después comprobamos no eran los más adecuados para la realización de esos fines. Usted se ha referido alguna vez al tema del petróleo. Pues bien, nosotros veníamos planteando en la Argentina la necesidad de que el país alcanzara el autoabastecimiento para que pudiera liberarse de los monopolios importadores. Es decir, la finalidad y el gran objetivo nacional eran el autoabastecimiento petrolero y la liberación de los grandes monopolios importadores que son, además de fuentes de corrupción, el medio para perder grandes riquezas para la Argentina. Dijimos que queríamos alcanzar el autoabastecimiento a través del monopolio estatal de YPF. Cuando llegamos al gobierno nos encontramos con esta situación: el país no tenía recursos financieros para darle a YPF, y a su vez YPF no estaba en condiciones, por su organización empresaria, de alcanzar el autoabastecimiento. Entonces nosotros sacrificamos ese medio que era el monopolio estatal para alcanzar la gran finalidad que era el autoabastecimiento. En otras palabras, nosotros somos nacionalistas de fines y no nacionalistas que hacemos una cuestión vital de los medios.


Neustadt: Doctor, como si me lo creyera también; aunque con una advertencia, esto me lo creo. Usted fue acusado de no sentir al país. Es decir, que durante su gestión usted intentó durar el mayor plazo posible no importándole si tenía que estar entregando determinadas alternativas. Es decir, se dijo que usted era un sensual del poder. Lo que le interesaba era durar, evidentemente para seguir un plan, y no tener un gesto sino negociar. Esta fue una de las causas que llevaron un poco al deterioro y que en definitiva terminaron con usted.

Frondizi: Vea, si yo hubiera sido un sensual del poder, habría ejecutado los planes de la reacción en la Argentina y me habría quedado en el gobierno los seis años. Enfrenté a la reacción interna, enfrenté a la reacción externa y por eso fui preso a Martín García. Usted me dice que yo podía no sentir el país. Si yo no hubiera sentido al país, no me habría quedado en la acción política durante 28 años, en la calle, defendiendo mis ideas, predicando el ideario que yo sentí. Y si no hubiera tenido una identificación a fondo, en profundidad, con el país, no me habría quedado aquí, en la República, después del 29 de marzo. Usted sabe que a mí se me ofreció todo a cambio de mi renuncia como presidente. Y cuando algunos pocos militares reaccionarios pusieron su espada en la mesa, les dije claramente: “La espada puede servir para matar a una persona o para encarcelarla, pero no sirve para hacerme cambiar una decisión fundamental como la que yo he tomado, que es quedarme en el país y ser leal al mandato que recibí del pueblo argentino.”


Neustadt: Entonces, ¿cómo explica que no haya habido un solo grito en Plaza de Mayo el día que el presidente de los argentinos, elegido por 4 millones de votos, era destituido?

Frondizi: Vea, podría darle varias explicaciones pero voy a darle una. El 28 y 29 de marzo me acompañó alguna gente a la que le pedí que se volviera a su casa porque yo no quería derramamiento de sangre. Pero no se olvide de esto. El 6 de septiembre de 1930 no solamente no hubo gente en la calle, sino que miles de personas gritaron: “Muera el tirano. Muera Yrigoyen”. Le asaltaron la casa, le destruyeron sus muebles, le arrojaron los papeles a la calle y tres años después, cuando Yrigoyen murió, un millón de personas estuvieron en la calle acompañándolo en un acto de arrepentimiento. De manera que el juzgamiento de un hecho histórico no lo puede usted apreciar a través de la actitud del pueblo el día de la caída. Hoy hay ya muchos argentinos que entienden lo que significó el 29 de marzo. Si no, pregúntele usted a algunos empresarios que se han suicidado por la situación económica posterior al 29 de marzo. Pregúntele usted a los centenares de empresarios que fueron a la quiebra. Pregúntele usted a los obreros de todos los colores políticos, que después del 29 de marzo no tienen ocupación y están sufriendo un deterioro de sus salarios a través del alza del costo de vida. El 29 de marzo triunfó en la Argentina la reacción interna y externa. Las consecuencias están a la vista. Me he quedado en el país para asumir las responsabilidades. Y por sentir el país me quedo. Porque usted sabe bien que he sido invitado por universidades de América Latina, de los Estados Unidos, de Europa y de Asia para ir a dar clases. Pero antes que eso, mi deber está en la Argentina y me voy a quedar para asumir todas las responsabilidades.

Neustadt: El país se puede construir desde el poder y usted dio las batallas definitivas, que es lo que usted quiere acentuar. Pero me pongo en la otra posición. Por ejemplo, del señor Framini, dirigente gremial, postulado a candidato a gobernador, que acepta las reglas que la democracia le implanta, que le dicen: “Señor, venga, vamos a jugar en esta mesa. Las reglas son éstas". El señor juega de acuerdo con las reglas que le habían propuesto y después la democracia, por una vía o por la otra, por un decreto de intervención o por una posición de presión del doctor Frondizi, se encuentra con que la democracia le dice: “Señor, lo siento mucho”. Después de que había ganado. Es decir, ¿cómo podemos hacer para que el señor Framini o los peronistas comprendan que la democracia es mejor que los tiempos que ellos han vivido?


Frondizi: La única forma es que todos los sectores se convenzan de que hay que darles legalidad a todos los argentinos sin distinción de posiciones políticas o ideológicas. Para los que pudieron creer que la firma de los decretos fue una debilidad de Frondizi, les recuerdo los hechos. Uno fue la acción militar contra las tropas que mandaba entonces el comandante en Jefe del Ejército. Piense usted que si contra camaradas de armas tiraron como tiraron, mataron soldados, oficiales y suboficiales, ¿qué hubiera sido el 29 de marzo si esa represión en vez de ser contra camaradas de armas hubiera sido contra dirigentes obreros? En segundo lugar, piense lo que ocurrió el 7 de julio. Antes del 7 de julio se dijo que habría legalidad completa para todos los argentinos. Y el 7 de julio, usted tendrá que coincidir conmigo, el pueblo no pudo votar por quien quiso. Es decir, el pueblo votó pero no pudo elegir. Mientras esto no se corrija, los fermentos de perturbación van a continuar. Además, quiero agregar algo. Es indispensable que todos los sectores populares abandonen la política de insurrección. Todos tenemos que encontrar los puntos de coincidencia y no los puntos de discordancia. Abandonar la subversión y la ilegalidad para todos. No hay otra solución.


Neustadt: Es decir, usted sigue amante de la legalidad, como cuando era gobierno.


Frondizi:
Exactamente. Desgraciadamente, como resultado de muchas contingencias, esa legalidad no pudo mantenerse totalmente. Y cuando le dimos la legalidad completa el 18 de marzo, se desencadenaron estos acontecimientos.


Neustadt:
Hace poco, su ex vicepresidente el doctor Alejandro Gómez, en su larga declaración frente a la comisión investigadora, sostuvo que un día llegó usted y le dijo: “Doctor, nos van a arrastrar como a dos miserables perros por la calle”. Y usted le contestó: “No se preocupe, doctor Gómez. Les voy a meter bala porque tengo el estado de sitio”. Esa es una versión que da el doctor Gómez sobre el doctor Frondizi. La otra versión es rosa y lo favorece. Dice que el general Toranzo Montero cierta vez llevó a su firma un decreto por el cual podían producirse en el país fusilamientos sin juicio previo y que usted se negó reiteradamente a firmarlo. ¿Cuál de los dos es Frondizi?


Frondizi: Mire, de este primer señor no pienso ocuparme nunca. Usted me va a excusar que tampoco me ocupe a pesar de su pedido. Entre las cosas que yo me había propuesto cuando llegué al gobierno, además de los grandes temas de desarrollo económico, una era la de no renunciar en ninguna emergencia y la segunda, la de no derramar ni una gota de sangre de hermanos argentinos. El episodio que usted refiere es exacto. En medio de algunas de las grandes perturbaciones sociales que había, el comandante en Jefe del Ejército, en ese momento, me hizo llegar una hojita a máquina que arriba decía bando y que autorizaba los fusilamientos sin juicio previo. Yo les dije de manera terminante que no estaba dispuesto a firmar ese bando, porque ni con una firma, ni con mi silencio ni con mi consentimiento acá en el país se iba a derramar sangre argentina. Pero el problema que se presentó es que podía darse un golpe de estado y denunciar los fusilamientos que estaban preparados con listas. Y en consecuencia...


Neustadt: ¿Entre los cuales estaba usted?


Frondizi: Eso no tiene importancia. Podía estar yo o usted, en la medida en que no hubiéramos servido a los planes reaccionarios que inspiraban ese fusilamiento. Porque no se equivoque. Usted va a ser mala persona si se enfrenta a la reacción. Si se pone del lado de la reacción, entonces usted se va a convertir en un personaje muy importante, muy querido y se va a escribir una biografía rosada sobre usted.


Neustadt:
Es decir, que vale la pena ser odiado y silenciado.


Frondizi: Exactamente. Esa es la situación. En consecuencia, como yo tenía que silenciar el proceso de los fusilamientos, discutí largamente y obtuve al final que se abandonara el propósito de la firma del bando y que se abandonara el propósito de los fusilamientos. Y le puedo decir hoy que habré cometido cualquier clase de errores pero que no hay ninguna madre argentina que pueda decir: “En las manos de Frondizi está la sangre de mis hijos”.


Neustadt: Porque mucha gente dice que Frondizi no es radical. ¿Usted es radical?


Frondizi: Bueno, yo soy argentino. Y dentro del país soy un radical. Pero no un radical que quiere conservar los métodos de gobierno que el radicalismo pudo sostener hace cincuenta años. Acá hay radicales anacrónicos con ideas anacrónicas y radicales que queremos un país moderno. Esta es la diferencia.


Neustadt: Sigue siendo radical, entonces. Eso es lo que quiere acentuar.


Frondizi: No, lo que quiero acentuar es que soy argentino y quiero la unión de todos los argentinos y quiero construir una nueva Argentina sobre la base de las viejas tradiciones.


Neustadt:
Voy a tomarlo en cuenta. Pero le quería decir esto. Yo lo conocí cuando era más chico en un restaurante, cuando usted era diputado en el 46. Yo empezaba en el diario El Mundo. Admiraba su talento, su inteligencia. Y con lo único que discrepé era con algunos pormenores. Seguramente sin autoridad, con la autoridad de quien no está haciendo la cosa. Yo le preguntaría si usted volvería a repetir esta experiencia de hacer un plan de desarrollo con hombres que responden a líneas diametralmente distintas a las suyas, que no tienen nada que ver ni con usted ni con el país soñado.


Frondizi: Naturalmente, yo siempre volvería a ejecutar un plan de desarrollo. Y lógicamente ese plan lo quisiera ejecutar con hombres totalmente identificados con mi posición. Pero en las condiciones en las que yo tuve que gobernar, jaqueado por el sabotaje de muchos de estos que están en el gobierno, de esta nueva unión democrática que existe en el gobierno, jaqueado no sólo por el frente interno sino por los factores internacionales, recurrí a muchos hombres que quisieron colaborar conmigo aun no coincidiendo con ellos. Y realicé en el gobierno algunas cosas absolutamente básicas, que en definitiva le rompieron la columna vertebral a ese viejo esquema agroimportador de una Argentina que está muerta. En todo caso, lo importante sería que usted les preguntara a algunos de los hombres que me ayudaron a hacer estas cosas no estando de acuerdo conmigo si están arrepentidos.


Neustadt:
La Argentina tiene una tendencia a la crítica fácil. Contra usted, además de decir que era comunista, se dijo que entre el gesto y la negociación, preferiría la negociación. Yo le voy a dar un ejemplo que no tiene que ver... Si a mí me dijeran un día que no puedo llevar a Frondizi a la televisión, yo romántico diría: “Si no puedo llevar al doctor Frondizi, no hago más el programa. Se levanta”. Lo mismo haría con Illia, con Aramburu. No haría diferencia. Porque tengo una función que es la de periodista, que requiere un gran grado de objetividad. Pero yo no sé si al doctor Frondizi le dijeran lo mismo, si condujera un programa de televisión, si no diría: “Lo importante es el instrumento”.


Frondizi:
No, es que usted compara dos cosas muy distintas. Una cosa es un periodista en la televisión, que es muy importante, o ser un político en la calle, y otra cosa es tener la responsabilidad de la presidencia de una Nación como la Argentina. En consecuencia, la flexibilidad que yo tuve en la acción de gobierno no alteró nunca los objetivos de fondo. Cuando se me plantearon objetivos de fondo, como era la supresión del plan de desarrollo, abandono de una política internacional independiente, dije no. Cuando se me dijo represión violenta, dije ¡no! Y entonces me llevaron a Martín García. ¿O usted cree que a mí me llevaron preso a Martín García por decir sí, por tener el gesto que usted pide?


Neustadt:
Una de las cosas que usted se querrá llevar para conducir la historia en el futuro, yo le rogaría que fuera gentil y generoso conmigo y me la transmitiera: ¿Cómo fue esa última noche? ¿Qué pasó con esos granaderos a los que usted de pronto ordenó retirar de su guardia? Cómo es que un hombre de armas, como Klemann, vestido con su uniforme de marino, le dijo: Señor Frondizi, queda usted destituido. Y al rato viene como civil y lo acompaña al avión que lo lleva a Martín García. ¿Se puede saber algo de ese misterio?


Frondizi: De ese misterio se pueden saber muchas cosas, pero le podría contar lo que podríamos llamar la parte agradable en la medida en que revela la dimensión humana y la jerarquía de algunos militares argentinos. El 28 de marzo a medianoche, primeras horas de la madrugada, me visitaron oficiales de Granaderos y me dijeron: “Señor, usted ha ordenado el retiro de la guardia de granaderos de la casa de gobierno. ¿Por qué lo ha hecho? Nosotros estamos dispuestos a quedarnos al lado suyo”. Y yo les dije: “Sí, señor. Lo he ordenado porque prácticamente todas las Fuerzas Armadas están con la decisión de derrocar al gobierno. No deseo que si entran a la Casa de Gobierno, y ustedes se quedan, tengan que rendirse, porque un granadero jamás debe rendirse ni siquiera enfrentando a tropas de su propio país. En segundo lugar, no quiero que haya derramamiento de sangre. No quiero que ustedes, que no están dispuestos a rendirse, sean el blanco. Y en tercer lugar, ustedes son los granaderos de San Martín. Alguna vez intervinieron en las luchas internas de la patria, pero si algo le debe el país en ese aspecto a San Martín, además de sus campañas libertadoras, es haber dicho que no verían actuar a sus granaderos en los problemas de política interna”. Esa noche también tuve la satisfacción de la solidaridad emocionada, con lágrimas en los ojos, de los oficiales de la Infantería de Marina que estaban ahí en la casa. Y finalmente, a la mañana del 29 de marzo cuando me fui, estaba rodeado por algunos centenares de jóvenes argentinos, algunos radicales intransigentes y otros no. Y en el momento en que yo iba a salir, cantaron el himno con lágrimas en los ojos. Usted comprende entonces, yo me fui a Martín García tranquilo por mi patria. Comprendí que si en ese momento había muchachos jóvenes dispuestos a cantar el himno junto a un hombre que iba preso por la reacción, por haber querido paz, que todos los argentinos estuvieran unidos, era un país con futuro. Me quedé en Martín García once meses, después fui confinado al sur y aquí me tiene otra vez en la calle, dispuesto a soportar todo.


Neustadt: Hay que tener, supongo, una gran pasión para seguir en la vida política. ¿Usted cree que alguna vez volverá a ser presidente? Además, ¿le gustaría serlo?


Frondizi: No. Eso sí que no.


Neustadt: Aquí arranca también una gran duda. ¿Usted no fue nunca golpista?


Frondizi: No.


Neustadt: ¿Cree en la legalidad como un estilo de vida?


Frondizi:
Creo en la legalidad como un medio. Conocí a muchos golpistas. Intervine allá en el 30, como muchacho joven, en conspiraciones, asistí a muchas reuniones de conspiradores, pero lo que siempre me preocupó saber fue, cada vez que se habla de conspiraciones, no cuál será la actitud de los militares sino quiénes son los doctores, quiénes son los logistas, los casacas negras, como se decía en los primeros años de la vida argentina, que quieren instar a los militares para que den golpes. Quiero aclararle una cosa. He insistido en un concepto. La legalidad es un medio y mi preocupación fundamental en este momento de la vida argentina es qué país queremos construir. ¿Queremos hacer una patria grande, la queremos hacer a través de las formas institucionales? Si las formas institucionales no resisten esa posibilidad, la patria grande va a ser dura de conseguir.


Neustadt: Le quiero dar una primicia, si es que es una primicia, y es decirle que entre las páginas inéditas que guardo en casa tengo una que lo da a usted como destruido físicamente apenas terminada la Revolución del 55. Es decir, que usted también figuraba en una lista de los que posiblemente iban a pasar a lo que se llama una mejor vida. No sé si lo sabe.

Frondizi: Sí, sé eso y mucho más. Por ejemplo, en el 51 acá hubo una conspiración en la que cada uno que intervenía juraba de acuerdo con los métodos de las logias masónicas. Y esa conspiración se iniciaba con el asesinato de Perón. Además, mientras un grupo lo estuviera matando a Perón, otro grupo lo tendría que estar matando a Frondizi. Es decir, la vieja mentalidad de la Unión Democrática, que no sólo lo quería matar a Perón sino a Frondizi. Lo querían matar físicamente. Ahora me quieren matar moralmente con una cantidad de acusaciones. Pero ni me mataron físicamente ni menos me podrán matar moralmente.


Neustadt: Doctor, cuando usted asume el poder, después de la Revolución Libertadora, ¿no recibe denuncias de cohecho, de dolo?


Frondizi:
Sí señor. Yo recibí muchas clases de denuncias, sobre todo de los actos del gobierno y di una orden terminante que la volvería a dar ahora: “Nosotros no venimos a revolver el barro; venimos a construir el país”. Entonces dispuse que no se investigara nada y mandé al Congreso una ley de amnistía.


Neustadt:
¿Y eso es útil para el país?


Frondizi: Eso es absolutamente útil. Lo inútil, lo destructivo, es lo que se está haciendo ahora, que produce factores de disolución moral. Yo llevo treinta y cinco años en la acción política... tengo la vida de cada uno, su vida privada, su vida pública, todas las acusaciones que se les hacen a muchos de los hombres que están en el gobierno... ¿Qué ocurre si yo vuelco eso sobre la mesa de la vida argentina? ¿No es más útil que nos pongamos de acuerdo, querido Neustadt, en ver qué cosas tenemos que hacer por el país? Y que nos pongamos a hacerlo.

Neustadt: Me espera un minuto. Voy a ver si encuentro ahí una sola investigación que usted dispuso.

Frondizi: Me tiene usted intrigado.


Neustadt: Sí, una investigación. Usted trató, después de revisar un largo fichero, de investigar dónde estaba el cadáver de Eva Perón. ¿Es falso eso?


Frondizi: No, no es falso. Es cierto. La verdad es que es un tema que traté incluso con la Junta Militar. No pude saber nada en definitiva. Pero estando ya en el gobierno, me fue a ver a Olivos la madre de Evita. Y me dijo: “Mire, señor, yo lo vengo a ver no por la Evita política sino por la Evita hija. Yo quiero saber dónde está el cadáver de mi hija”. Y yo inicié entonces una muy larga investigación y no pude resolverlo. Creo que ahora sé dónde está el cadáver, pero desgraciadamente no pude cumplir mi propósito de entregárselo. Creo que por encima de cualquier aspecto de carácter político, Evita era una mujer que tenía una madre y su madre tenía derecho a tener el cadáver. Esta es la verdad de lo que ha ocurrido.


Neustadt: Esta tendencia argentina a los calificativos, a la calumnia o a la verdad, porque a lo mejor creemos que usted está calumniado y lo que pasa es que sus agresores están diciendo la verdad y usted se defiende con un gran nivel, con su acostumbrada dialéctica, pero ¿es una costumbre que arranca del fondo de nuestra historia o es un episodio que nos viene o nos sobreviene a raíz de la época de Perón?


Frondizi: Un escritor argentino dijo una vez que en nuestra historia una de las leyes que predominaba era la ley del odio. Yo le podría agregar que esa ley del odio se expresó muchas veces a través de la calumnia y de la injuria. Yo estoy bien acompañado en esta materia de un gobernante injuriado. La primera comisión investigadora la nombró la Asamblea del Año XIII. Y ¿sabe quiénes fueron algunos de los investigados? Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta, Mariano Moreno, que había muerto, Bernardino Rivadavia, que lo acusaron de una cantidad de cosas sin haber llamado a un solo testigo. Un testigo dijo ante una comisión investigadora que alguien le había dicho que en un café habían oído que Rivadavia había enviado un obispo a Córdoba porque le habían pagado y le habían hecho un regalo. Y esto se mantuvo a lo largo de toda la historia de nuestro país.


Neustadt: Y el que se salvó fue San Martín.


Frondizi: No. Se equivoca. San Martín también fue acusado de una cantidad de cosas.


Neustadt: Veo que está remontando la historia y yo voy hacia allá.


Frondizi:
Bueno, hablemos un poco del presente y del futuro. En primer lugar, le quiero decir esto: en el último siglo, es decir, desde la organización nacional en 1862 hubo tres presidentes investigados a fondo, que se llaman así: Hipólito Yrigoyen, Juan Perón y Arturo Frondizi. ¿Qué le parece?


Neustadt: Usted se busca las compañías, ¿eh? Para terminar, doctor, ¿qué pasa con esos chicos de 22 o 23 años a los que el derrocamiento del peronismo los sorprendió en su infancia? ¿La juventud puede creer en sus dirigentes? ¿Puede creer en Arturo Frondizi? ¿Calumniado, agredido? ¿Puede creer en Aramburu, que un día hace todo lo posible para que Frondizi asuma el poder y al otro día no hace nada para evitar que lo derroquen, al contrario, se suma? ¿Puede creer en algo?


Frondizi: Yo creo, siento, que no importa que la juventud no crea en este líder. En lo que nuestra juventud debe creer es en el país. Lo que nuestra juventud debe hacer es darles la espalda a los profetas del odio, a los hombres que quieren dividir a los argentinos. Lo que tiene que hacer la juventud es comprender que no se puede construir una gran Nación en la Argentina si no es sobre la base de la unidad de todos los argentinos, sobre la base de la legalidad para todos los argentinos, sobre la base de un desarrollo económico que transforme las viejas estructuras. Porque, con razón, la juventud quiere vivir en un mundo transformado, en un país transformado, en una Argentina moderna. Un país en que ese desarrollo económico se corresponda a condiciones de justicia social. Pero para eso no importa que crean o no crean en Fulano o Mengano. Crean en el país, crean en las grandes reservas espirituales, morales y materiales de la Argentina y que continúen estudiando y trabajando. Eso es lo que le he dicho muchas veces a mi hija, no como hija, sino como una muchacha joven. Y es lo que le digo a usted para que lo escuche la juventud. Hay que tener fe y optimismo en el futuro y dejar en el camino a estos que quieren destruir moralmente a la República.

 

Bernardo Neustadt

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